Les confieso que soy el autor de este libro, pero me puse a leerlo nuevamente y de verdad que le agradezco a Dios por ponerme cada palabra. He sido confrontado y enseñado nuevamente. No me canso de ver los milagros que Dios hace con personas imperfectas.
Espero que aquellos que lo adquieran sean bendecidos, como lo he sido yo. Escribí este libro pensando en lo que necesitaba para ser cada día más efectivo en el ministerio que Dios me delegó, educar a las nuevas generaciones.