Juana intenta recordar cómo comenzó todo, pero le resulta imposible fijar el momento en que todas dejaron de ser niñas para convertirse en rivales sometidas a dos bandos: el de Patricia y el de las invisibles. Las relaciones se fueron transformando en un mercado de valores sometido a una peculiar Bolsa de cotización donde algunos ni siquiera cotizaban y otros, sobre todo otras, se habían adueñado de los mejores puestos.
Patricia reina en ese mercado sin discusión. Y todos los chicos desean conquistar a Patricia.
Blanca Álvarez nació en Cartavio-Coaña, un pueblecito de Asturias. Estudió Filología Española y Trabajo Social. Entró por casualidad en el periodismo, donde lo probó casi todo, incluidos dos años en la última página del diario AS, su experiencia más fuerte. Ahora colabora en El Correo Vasco, imparte cursos a profesores de Lengua y Literatura y a alumnos de bachiller, y escribe novelas para jóvenes.
Ha ganado diferentes premios, como el Premio de la Crítica de Asturias en 2004 con El puente de los cerezos; el Apel·les Mestres con Witika, hija de los leones; o el Ala Delta con Pendientes, caracoles y mariposas.
Personajes poco definidos y anodinos, capítulos del todo inconexos con la trama principal y carentes de sentido, la historia poco consistente y trivial y un final decepcionante.
Una novela que no es brillante, pero entretiene y trata temas de la sociedad actual. Me gusta que se hable en los libros juveniles de tramas adultas; le dan otro aire. Pero en general, es una novela que está bien para pasar el rato.