"Me desperté tarde. No sé si tenía un mensaje o solo las llamadas perdidas. Estaba sola en casa. Devolví la llamada. Tu socio cogió el teléfono y me dijo que habías muerto. No podía creerlo y respondí: ¿Me lo juras? Hasta eso era herencia tuya. Era el 9 de julio de 2008. Habías tenido un infarto mientras dormías. Aún no habías cumplido los cuarenta.Todas las muertes son prematuras. La del cantante y escritor Sergio Algora fue además inesperada. Aloma Rodríguez trabajaba en su bar. Había leído sus libros y escuchado sus canciones y sus fascinantes relatos orales. En Los idiotas prefieren la montaña reúne lo que sabe de él. El resultado es la crónica de una amistad y el retrato íntimo y fragmentario del que fuera cantante de El Niño Gusano.No es un homenaje, aunque a veces lo parece. A pesar de que el protagonista muere, tampoco es un drama. Es un libro sobrio y emocionante que se cuestiona a sí mismo y su propia naturaleza, porque la vida a veces no encaja en etiquetas.
Tiene un asunto con la muerte, con la muerte más o menos joven de dos tipos a los que no conocí pero que de una u otra manera les sigo y les seguiré el rastro, aunque sean en apariencia vidas lejanas. Aloma, la escribidora, se lo toma en plan autoficción. Como no podía ser de otra manera. Como enseña el maestro Carrere. Es un libro especial, de esos que se vuelven imprescindibles, de los que hay que escribir porque intentan burlar a la muerte, porque evidencian un asunto de necesidad física. Como este mismo texto, que escribo casi sin pensar y con la certeza de que esa lectura que acabo de terminar es apenas un episodio más de búsquedas que exceden lo literario y se entremezclan con rutas personales, con signos que dejan más desasosiego que certezas. Escucho ahora mismo una canción: "Hazte camarera", de La Costa Brava. Aloma, la escribidora, fue camarera del Bar Bacharach, un pub que queda frente por frente a La Casa Magnética, en el casco antiguo de Zaragoza y desde el que se puede ver una parte de la silueta de la Basílica del Pilar. Uno de los dueños del Bacharach, también escribidor -de hecho, el padre de Aloma le publicó uno de sus primeros poemarios en una editorial independiente-, se llamaba Sergio Algora y puso su voz en tres bandas claves del indie español: El Niño Gusano, Muy Poca Gente y La Costa Brava. Sergio tenía problemas del corazón. Lo sabían sus exnovias, su enamorada Maribel, su familia, sus amigos y las camareras Aloma y Almudena. Lo saben también los que escuchan las canciones de La Costa Brava o de sus grupos anteriores. Una noche, el corazón de Sergio dejó de funcionar. Tenía 39 años. Fue en el año 2008. Ahí, en ese preciso momento, comienza el relato de Aloma.
Tan interesante en la faceta más obvia de brindis con champán para todos a la memoria de Sergio Algora, como en su vertiente de crónica de la fascinación en primera persona. Lo más cerca que estaremos ya de ser su mejor amigo.
La verdad es que este libro, me ha llegado dentro. No imagino lo que es tener una pérdida como la de Sergio Algora, un amigo querido, que a través de los ojos de Aloma y todos los textos, fragmentos y recuerdos del libro te lo descubren como un ser especial.
Mientras lo leía me he puesto en bucle sus canciones... A veces he tenido un nudo en el estómago y otras una sonrisa, pero así va la cosa, ríes, lloras, gritas, duermes y sales de fiesta, te emborrachas y conoces a "chavalas" y sobre todo "bebes champán"
Me ha puesto muy triste leer este libro que relata la experiencia vital de la autora con Sergio Algora, escritor, poeta y cantante de varios grupos de los 2000s. Que voy a decir, La Costa Brava es mi grupo favorito.
La vida es terriblemente injusta y, muchas veces, tonta y efímera. La autora mantiene el respeto y la nostalgia por el artista con momentos personales que nos permiten conocer más de él y ella.
Aloma escribe este precioso “homenaje” a su amigo Sergio Algora. Experimentar y sentir la muerte cerca te hace reflexionar sobre la vida, lo que tienes y quieres, lo importante familia y amigos y ver la vida desde el disfrute. Este libro es una Oda al amor más puro el de la amistad, por que a estos se les elige. Al echar de menos por que no hay nada más doloroso, y de esto también se aprende. Gracias Aloma lo he disfrutado mucho y aprendido. Y “champán para todos” 😉
Este libro es bonito. Bonito porque habla desde la sencillez de una relación de amistad extraordinaria. Escribe de una manera tan cariñosa y sincera de algo tan trágico que lo hace ajeno. Con ajeno me refiero a que, pese a lo trágico del argumento, no es un libro que te “hunda en la miseria” porque narra la historia desde el agradecimiento y la conciencia absoluta de la situación.
La historia entremezcla una recopilación de recuerdos con fragmentos desgarradores- y preciosos- sobre el sentimiento de pérdida de la autora que aumentan la sensación de cercanía al leerlo.
A ratos he tenido la sensación de estar mas ante un ejercicio de terapia que ante un libro pero no me ha aburrido. El libro es intimo pero eso no lo convierte en tedioso. Todo lo contrario, la historia te atrapa y hace que te den muchas ganas de abrazar a la escritora y decirla que todo irá bien.
Yo no conocía la existencia de Sergio Algora hasta hace muy poco y, en ningún momento, he sido una fan del niño gusano. Por otro lado, desconocía quienes eran los integrantes de la Costa Brava. Con esto quiero decir que no me parece necesario ser una fan del protagonista para conectar con la historia puesto que, en mi opinión, el libro va más allá y habla sobre como echar de menos a alguien cuya ausencia ha dejado un hueco vacío permanente.
En conclusión, a mi esta autora me ha ganado y Sergio Algora también.