«Acuérdate de lo que te voy a decir, que esto es palabra de hoy será la ducha del gimnasio. Mañana, tu vida entera. Y tú vas a ser tan imbécil como para servírsela en bandeja de plata.»
En un principio, no pensé que ignorar aquellas palabras me iba a costar tan caro. Me las dijo allá por dos mil dieciocho, cuando creía que estaba exagerando y solo me lo mencionó porque estaba un poco celosa. Era joven y estaba equivocada. Aun así, ¿cambiaría lo que pasó? Mirando atrás, conociendo todo en conjunto, diría que no porque, si no hubiese ocurrido exactamente así, no estaría donde me encuentro hoy, a pesar de que fue la época más inestable que jamás había experimentado. ¿A qué me refiero?, te preguntarás. A ciertos años de mi vida, la vida de Cristina Coll, en la que descubrí que no todo es blanco o negro, que no puedo salvar a todo el mundo y, sobre todo, que necesitaba que alguien me ayudase a mí.
Andrea ya me enganchó con su primer libro y lo ha vuelto a conseguir con este. El tono, los personajes, el tema, todo es distinto y, aun así, no pierde su estilo. En especial, me ha gustado el ritmo de la novela, que ha tenido sus momemtos para reír a carcajadas, para sufrir con la protagonista y para enamorarse de los personajes. También comentar la edición, que ha dado un salto cualitativo grande con respecto a su primera obra y se nota el cariño con el que se ha hecho cada página. Un título imprescindible.