Leído con interés pero no hay profundidad en sus aseveraciones, hay mucha evidencia meramente anecdotica sin sustentos de fuentes externas ni contrastables. Para hacerle algo a mi cuerpo, me gustaría tener estudios y auditorias independientes que avalen los tratamientos. Lamentablemente, aun no hay para las terapias que el Dr. Mazzuca practica.
En todo el libro se habla de que todas las verduras han perdido sus propiedades vitamínicas y minerales, pero no menciona ningún estudio, y de hecho he intentado buscar algunas afirmaciones categóricas que realiza sobre ello y no las encuentro en ningún sitio (Además, yo por mi cuenta sé, que las frutas que produce una misma planta, en el mismo período, pueden variar salvajemente en cuanto al nivel de nutrientes, osea que...). Además, cuando menciona estudios, los menciona un poco sin detalles, y luego no los encuentro tampoco, con lo que en eso estoy un poco decepcionado con él. Un poco igual que con Frank Suarez, creo recordar que me pasó lo mismo.
Pero con el resto de cosas tiene bastante coherencia con la base de estudios científicos que poseo, parece que los casos son reales (pero no dejan de ser anecdóticos, como todos los casos que leo en libros, por eso son mejores las estadísticas grupales, porque el caso de una o dos personas no te dicen nada por mucha emoción que le ponga), lo que explica por ejemplo de la leche tiene coherencia, o lo del trigo. El proceso de la quelación tb es interesante y no lo conocía, El gen MTHFR me ha parecido bastante interesante que no conocía y he buscado y seguiré buscando. Tb lo del intestino y de la falta de ácido o el exceso... pues muy bien. O cuando habla de cualquier tipo de olor de origen industrial como los ambientadores de casa tb concuerdan... Pues eso me gusta.
En resumidas cuentas, no está mal. De hecho me animé a hacer los test de metales pesados y gen MTHFR pero salí bastante descontento, ya que no encontré mi problema. Lo veo muy osado diciendo que toda la salud depende de esto, dando porcentajes muy altos de remisión, pero bueno. Creo que no es así.
Empecé Vivir crónicamente sanos con apertura y curiosidad, esperando encontrar una reflexión seria y responsable sobre la salud crónica. Sin embargo, tras avanzar varias secciones del libro, llegué a la conclusión de que su contenido es profundamente engañoso y, en algunos pasajes, potencialmente peligroso.
El autor recurre de manera reiterada a casos aislados y anécdotas personales, presentándolos como si fueran evidencia médica generalizable. Enfermedades complejas como el cáncer, la psoriasis, las patologías autoinmunes o los trastornos endocrinos son explicadas casi exclusivamente a partir de “toxinas”, metales, crisis emocionales o exposiciones cotidianas, sin el respaldo de evidencia clínica sólida ni consenso científico.
A lo largo del libro se confunden conceptos fundamentales: correlación con causalidad, alergias de contacto con enfermedades autoinmunes, y reacciones locales con efectos sistémicos. Se hacen afirmaciones alarmantes sobre tatuajes, piercings, implantes de titanio, envases de aluminio o metales traza, utilizando un lenguaje de certeza (“hoy en día se reconoce…”) que no refleja la realidad de la medicina basada en evidencia.
Lo más preocupante no es solo la falta de rigor, sino el enfoque: el libro promueve una visión basada en el miedo, que puede generar ansiedad innecesaria, culpa personal y decisiones de salud mal informadas, especialmente en personas que ya viven con enfermedades crónicas o vulnerabilidad emocional.
La salud humana es compleja y multifactorial. Reducirla a explicaciones simplistas y especulativas no es empoderador, es irresponsable.
No recomiendo este libro. Existen recursos mucho más serios, críticos y respetuosos con el lector y con la ciencia.