Me gusta haber conocido a los personajes por ellos mismos y no por lo que la narración dice de ellos. Cuando Isabel se quita el vestido sudado y se lo coloca al retrato de Franco ya comprendes quién es ella, cuál es su posición dentro del contexto que le toca vivir. Lo mismo ocurre cuando Julito pone la voz grave para impresionar a los hombres, cómo caracteriza el faldón negro a doña Consuelo, el hecho de que Isabel se santigüe al revés, etc. También sucede con muchos de los espacios ("el pueblo es plano como un mantel tendido").
Yo recomendaría poner notas al final de la novela o a pie de página con las traducciones del valenciano al español. Creo que al lector que no entienda el idioma le pueden surgir dudas de si está interpretando correctamente o no lo que los personajes dicen o piensan, a pesar del contexto. Incluir este idioma es una opción que me gusta, que muestra y demuestra la variedad y riqueza cultural en España. No obstante, si todos los lectores tuvieran a su disposición unas notas que les permitieran comprenderlo todo, lo enriquecería mucho más. Lo haría accesible para todos y al mismo nivel.
Me gusta el estilo poético (las naranjas, la luna, la fábrica). No me gusta tanto (esto pasa sobre todo al inicio de la novela) cuando las frases son demasiado largas, con muchas aposiciones explicativas y muchos “que” subordinantes. Lo encuentro demasiado espeso. Creo que la narración y el ritmo gana mucho más cuando los personajes regalan impresiones , ideas y sensaciones fugaces en vez de oraciones encadenadas una tras otra.
Me ha parecido que la historia tiene una gran coherencia histórico-costumbrista. Se nota que hay una labor de documentación política, social y cultural importante que liga personajes, pensamientos, actitudes, hábitos, actividades, lugares, expresiones, etc.
Me gusta que desde el inicio toda sea difícil, con subidas y bajadas, que no sea un cuento de hadas (esto iría en contra del punto anterior). De hecho, como resultado de lo difícil que es España para vivir un amor libre como el suyo, las protagonistas tienen comportamientos y diálogos que a veces me provocan compasión y ternura, pero muchas otras veces me resultan muy tóxicos y rechazables. Supongo que es difícil gestionar una relación sana habiendo vivido internamientos, dudas, miedos, tratamientos psiquiátricos, familias tradicionales espantosas y mucha caspa por todos lados. Aun así, he echado de menos un mayor desarrollo de su relación antes de que lleven a Carmen al hospital. Pasa tan rápido el "estar juntas" que me parece desequilibrado el tiempo de su relación en comparación a las páginas dedicadas a su acercamiento y, después, a las dificultades que tienen que afrontar (psicosis, insomnio, pesadillas, discusiones, etc.).
Como nota final, me gustaría decir que Antoñete es el mejor personaje de todos.