En medio de amenazas policiales y cámaras de televisión, una poeta se quema a lo bonzo para resistir un desalojo. Luego se preguntará por qué no incendió a los canas en lugar de prenderse fuego a sí misma, pero para entonces, ya se habrá convertido en una santa al frente de una vanguardia y con el suficiente poder como para conseguir prácticamente cualquier cosa para su comunidad. Desde “el día del estallido” o “el sacrificio fundante”, como empezaron a llamarlo, los desalojados llamaron instalación a su campamento y performance a la vida que llevaron ahí. Hasta que el poder de la santidad y el oportunismo político los convirtió en propietarios, con papeles y todo, del mismo edificio del que habían sido echados. Una novela al mejor estilo Cabezón Cámara, llena de desenfreno y desmesura, sobre el arte que se transforma en vida y la vida en arte, sobre la construcción del mito y el relato que sostiene a una comunidad en relación con el poder político y los medios.
Gabriela Cabezón Cámara (San Isidro, 4 de noviembre de 1968) es una escritora y periodista argentina. Es considerada una de las figuras más prominentes de la literatura latinoamericana contemporánea, además de ser una destacada intelectual y activista feminista y socioambientalista.
Prosa poética vigorosa que elabora el problema de la inviabilidad argentina. No se trata sólo de ruido, hay razones que quizás se puedan entender. Gabriela Cabezón Cámara escribe con la fuerza narrativa de Arlt, la carne viva de Osvaldo Lamborghini y la lucidez histórico-social de muchos artistas marginales. Se trata de una novela corta que funciona como un rapto poético in crescendo. Hay párrafos que parecen escritos con técnicas de orquestación. Una poeta marginal que se prende fuego como resistencia a un desalojo en un asentamiento urbano. La violencia cotidiana. Y la epifanía, su transformación integral en eso contra lo que luchó. Un Frankenstein social, político, sexual, psicológico y anatómico. No hay discontinuidad entre partes heterogéneas. Una lectura de la Argentina inviable.
Hermosa esta novela. Te lleva de la mano con una prosa poética humana, callejera, cálida y sensible. Por un momento estás tarareando una canción política de cancha, y después estás en una línea de choque constante que te hace pensar en el otro, te hace ponerse en el lugar de los que no tienen voz. Esta novela es una bomba de sensaciones y sentimientos encontrados en una montaña rusa que no para.
Me la terminé en un día y valió y no valió la pena. Es brevísimo, imposible de resumir y completamente increíble. Una broma de tono menor, un divertimento, una novelita superficial y tremendista que oculta una reflexión excesiva, desbordada, inaprensible, sobre la política del arte (entendida como oportunismo mundano y simulación kistch) y su vínculo, su conexión invertida, diríase divina y atemporal, de mártir y sacrificio, con problemáticas colectivas y sociales.
Si, como escribe aquí Gabriela Cabezón Cámara, la muerte es el sacrificio que dan los mortales para recibir el favor de los dioses, y el mártir es el testigo antes de irse, antes de morir, el arte en esta novela es un favor que los dioses le dan a la protagonista luego del sacrificio real y simbólico de su amante, y en cierto modo, mártir, Elena.
Pero lo que pretende ser una ingeniosa ironía sobre el arte y la vida, sobre cómo un acto político ejecutado a través del cuerpo se convierte en una pieza de museo y en un símbolo abstracto sin órganos ni matices, y a la vez, sobre cómo ese símbolo expuesto, ese cuerpo chamuscado que aún respira en una performance en Venecia, recupera su humanidad a través del sexo desenfrenado (del eros, dirían los capiosos), con el paso de las páginas termina siendo un intento fallido, una fiesta sin música, una pantomima sin chispa, una prolongación incómoda de un chiste mal contado, un relato tan rocambolesco y tan variable, tan ocurrente, que termina siendo retórico, fantasioso (en el sentido menos agradable del término) y plano, que anida y circula en el mismo nivel en que comenzó.
Sin embargo, lo que no logra la historia, lo logra la prosa. Es tan rítmica y tan ansiosa, de frases largas que nunca terminar, que salen atropelladas pero nunca tediosas, nunca verborreicas, que uno en cada punto seguido o punto y coma, respira satisfecho, con más energía para emprender enseguida la andanada de digresiones y ocurrencias que vienen juntas en un sola oración. Es como escuchar uno de los videos de la instagrammer Julicoriaa: la misma velocidad, el mismo ritmo ansioso por decirlo todo de una sola vez, la misma divergente y creativa rapidez para unir cosas tan distintas y alejadas como las penitencias del Medioevo y la pesca de Moby Dick en un solo párrafo.
El detalle que arruina el paisaje, creo, está en el tono seudoirónico y en el collage kistch que Cabezón Cámara ensaya casi al final. Ambos son...
// / Aquí iré agregando mi comentario del libro / / //
La historia de la heroína de esta novela, Gabi, comienza una mañana en la que los edificios de la Comuna donde vive son desalojados. Cien policías esperan afuera con la orden de arremeter, periodistas seguidos por cámaras buscan las imágenes que todos quieren ver. La batalla comienza y cascotes, botellas, sillas y platos se enfrentan ante balas de plomo y de goma. “Adentro había querosén, les habían cortado el gas días antes del desalojo, y yo me agarré el bidón, me tiré el líquido encima y empuñé el zippo cual si fuera una magnun poderosa.” Y Gabi se prende fuego a sí misma. Se quema a lo bonzo y se convierte, luego de meses en coma farmacológico en el Hospital del Quemado y meses y meses de dolor, en la heroína de la Comuna, la defensora de los más necesitados. Gracias a su cuerpo destrozado para siempre, Gabi logra que el mismo juez que había ordenado el desalojo de todos sea quien decida otorgarle títulos de propiedad a los mismos a quienes había desalojado a los tiros. Gabi luchará por los suyos, ascenderá políticamente y conocerá a una rubia inolvidable. El desalojo masivo y la batalla funcionan como punto de partida de una historia de lucha, amor, dolor y transformación en un mundo de injusticia, desigualdad social, drogas y alcohol.
“Para construir poder hay que tener capital: puede ser solo ambición, alcanza para empezar, pero yo tenía mucho más. Tenía las cicatrices, tenía la furia loca que me había llevado al fuego y el rencor del sacrificio”.
Cabezón Cámara ya me tiene acostumbrada a la pura potencia, y ningún resumen puede hacerle justicia a esta obra. El estilo de la autora, que tanto me llamó la atención al leerla por primera vez, me parece uno de los mejores trabajados y sin duda más inconfundibles de entre toda esta generación de nuevas autoras argentinas.
Le seguiré la pista, pues me temo haber leído ya todo lo que se puede leer de su obra. Y deja con sed de más.
Romance de la negra rubia: Leí este libro sin muchas expectativas porque era anterior a la China Iron. Supuse que por ser anterior no sería tan bueno, porque, ¡vamos!, la China Iron es un librazo y se merece cada una de las cinco estrellas que le puse. Cuando iba por la mitad de la negra rubia pensé que lo dejaría en tres o cuatro estrellas. Cabezón Cámara tiene una destreza con el lenguaje difícil de ver o comparar. El lenguaje es plastilina en sus manos. Plastilina tibia en manos de un niño con manos de anciano. Hacia el final del libro me encontré con el epílogo que por sí solo podría ganar cinco estrellas. Qué gran manera de terminar una historia en apariencia baladí. Qué gran cereza para el pastel. Qué sutil forma de embadurnar de humor negro una obra que en principio no es panfletaria, pero lleva una clara bandera en su asta. El sacrificio visto como lo que es: una contradicción necesaria y fundacional.
Puede ser que le tenia muchas ganas, ilusión y expectativas o porque me pegó de frente, como una cachetada metálica, la forma de escribir característica, preferente, indescriptible de Gabriela. Y escribo esto intentando llegar, aunque sea al borde, en la esquina de la cuadra de enfrente al tipo de escritura que narra esta historia. También puede ser que la historia no me gustó desde la primera página, la idea de una chica quemada viva, chamuscada, derretida como se describe el personaje porque la estaban desalojando de un departamento usurpado, quemada a propósito, para que no los saquen, para que la policía no los violente, me pasó muy lejos, no había forma de empatizar o siquiera querer saber más. Y termina siendo arte, generando una performance para recordar el suceso, el estallido, plasmado para el entretenimiento y como insurgente en los medio argentinos o del mundo. Probablemente me quedo corta con la reseña, intentar escribir sobre la idea de un mártir, de una figura santa, que está presente, flotando, que persigue sueños, marcha, lidera masas es buena, pero no así. Generar un cuento, historia, mito o leyenda urbana de un fallecido como imagen que le precede un movimiento político tiene sentido, pero se queda la historia en eso, en un posible sentido, potencial.
Me enganchó solo cuando conoce a Elena. Me encanta como retrata las relaciones amorosas, sexuales, platónicas. Pero eso es todo. Puede ser que no lo entendí, y debería tener más estudio de sus renglones...
Leeré más de ella porque la aprecio con el corazón, y un mal libro no me impide leer más
lo recomiendo mucho, especialmente a lxs que buscan formas de hacer un periodismo poético o hablar de la lucha sin dejar de lado lo personal, o crear historias de revolución en las que haya lugar para fantasear cosas extraordinarias
tiene un hilo de pensamiento que va a mil x hora que amo, tiene okupas y romance lésbico lujoso, fácil habría sido un 5 estrellas PERO me hizo mucho ruido que cayera en el imaginario del protagonismo en la lucha, que se dejara de explorar las desiciones colectivas (que creo va muy bien en toda la primera parte) para pasar a la noción de que un sólo personaje podría “mandar” la comuna, eso está zero cul
pero no me mal entiendan, el libro es mucho más que eso y en pocas paginas abarca un chingo de reflexiones y crea un mundo muy rico y original, una trama inusual y bizarra que no me esperaba, es muy fresca
|4'5☆| Cuando empecé está lectura no espere que tratara todo con tanta crudeza y naturalidad, pero así fue y lo ame por completo. Me hizo sentir que no había máscaras, que no había pretención y que, en cambio, todo venía desde adentro, desde el pecho.
No tengo mucho que decir, porque realmente me ha dejado sin palabras, pero para bien.
Me siento bien al saber que me tope con esta lectura en algún momento y que tome el tiempo de leerlo; me hace sentir bien saber que fue inesperado, pero a su vez muy gratificante.
Por cosas de la vida, a pesar de que no llega ni a las 80 páginas, tardé más de una semana en terminar de leerla, y recomiendo adentrarse así en la historia. Es cruda y bella en partes iguales, no me canso de leer a Gabriela
Este año participé del Club de Lectura de la Biblioteca Pública Digital de Chile. Y este fue el primer libro leído en dicho club. Una autora que no conocía ni de nombre y por supuesto mucho menos conocía el libro, por tanto, dificilmente lo habría leído de no ser por ese club. Y fue una grata sorpresa.
A partir de un hecho casi fortuito, que la narradora y protagonista de esta historia llama de "el sacrificio fundante" ocurrido en "el día del estallido", Gabi se convierte en una santa, una personalidad que alcanzará una fama insospechada. En un edificio ocupado por artistas, se produce un violento desalojo y Gabi, la narradora poeta, influenciada por el alcohol y la merca, se prende a lo bonzo. Una decisión precipitada y sin mucho fundamento, pero que, finalmente, lanza a la fama a Gabi ya que todo esto fue televisado. De ahi para adelante, la santa utiliza y es usada por la fama adquirida. Los medios, la politica, el arte, intentan tomar su tajada y pareciera que Gabi no tiene muchas opciones más que aceptar su destino.
La narración de Cabezón Cámara parece ser en espiral, andando y desandando, a ratos poetica, a ratos con humor negro, a ratos un poco inverosímil, pero ninguna de estas características se impone. Es una novela corta, pero poderosa. Muchas reflexiones pueden derivar de este relato en relación a la forma en que los medios abordan los hechos sociales (ni hablar como este mismo relato podría haber sido potenciado por las redes sociales), la forma en que la política usa a estos "santos" y la cierta crítica que la autora hace sobre el arte y sus formas.
Tengo tanta suerte que el año que prometo escribir reseña de cada libro empiezo por uno que me deja sin palabras. No tengo mucho para comentar. Me costó un poco familiarizarme con el estilo de escritura, que no es de mis favoritos. Las frases que se entrelazan unas con otras sin ayuda de signos, y esta especie de monólogo interior que va concantenando los hechos me pierden un poco. Tengo la impresión de que esto me impidió apreciar la trama en sí, que tiene un poco de todo. Tiene política, crítica social, romance, sexo. Lamentablemente, no pude conectar del todo con la historia. Pero sí reconozco que es una obra literaria única.
Esta novela, que hace las veces de libro de memorias ficcional es un relato sobre el nacimiento de un ídolo , la construcción de poder y los secretos que este esconde. Una historia retorcida de amor entre dos mujeres de dos mundos distintos unidas casualmente por el arte: una siendo obra, la otra mecenas. Una rica, la otra pobre. Una rubia, la otra negra. Una hermosa, la otra desfigurada. Crudo y poético, con la marca personal de pluma barroca de Cabezón Cámara, una obra para abre las puertas al análisis y al debate.
CRÓNICAS DE LA SANTA BONZA: Pletórica foucaultiana de un sacrificio fundante
“Para construir poder hay que tener capital: puede ser solo ambición, alcanza para empezar, pero yo tenía mucho más. Tenía las cicatrices, tenía la furia loca que me había llevado al fuego y el rencor del sacrificio” — Gabi en Romance de la Negra Rubia
Esta historia comienza en el caos: estamos en un pequeño hall de un edificio usurpado, afuera se escucha la sirena de varios coches de policías, las cámaras de televisión con sus reporteros alarmistas, el aletear de un helicóptero, tiros y bombas y gente gritando. Puertas adentro, un grupo de okupas se debate entre la resistencia, la cárcel y la muerte. En el libro no hay una referencia geográfica real del lugar, pero podría ubicarse en cualquier barrio popular de la Ciudad de Buenos Aires.
En medio de ese violento intercambio de disparos, agua caliente y bombas entre policías y vecinos, la narradora cambiará la historia del lugar, y también cambiará su propia vida. A partir de un pernicioso acto contra su integridad física, ella dejará de ser una simple vecina para ascender a los cielos y bajar en forma de santa, de Madre Creadora, de Virgen Bonzo.
Esta historia, quizás, viene a confirmar lo que antaño escribió Foucault: “el cuerpo es la superficie grabada de los acontecimientos […] un volumen en constante desintegración” (Microfísica del poder, p. 148). El cuerpo de Gabi, la protagonista, lleva inscrito en su carne el ardor de la desidia del Estado, arrinconado por la privatización infinita que las grandes inmobiliarias llevan a cabo sobre las viviendas de una ciudad con una población creciente y marginalizada; un cuerpo despojado de su pellejo por la violencia ejercida por la policía y los guardianes del capital. En ese instante, ahí donde la mente se resiente y el cuerpo avanza, justo en el vértice entre asesinar o ser asesinado, Gabi dota a su cuerpo de una profunda carga simbólica mediante lo que ella denomina «el sacrificio fundante». Según ella, “Para construir poder hay que tener capital”: ella construyó su poder con el único capital que tuvo a mano: el propio cuerpo.
“En cuanto a los movimientos populares, se les ha presentado como producidos por el hambre, los impuestos, el paro; nunca como una lucha por el poder, como si las masas pudiesen soñar con comer bien pero no con ejercer el poder
(Michel Foucault, Microfísica del poder; p. 32)
Mediante un acto de pura performance, y justo cuando la policía estaba ingresando al cuarto donde se encontraba, Gabi se quema a lo bonzo, convirtiéndose en una mártir. Este ascenso hacia la santidad (una santidad viviente) implicó una enorme construcción de poder por parte de los habitantes de esta comunidad. La prensa los visitaba, el gobierno escuchaba sus reclamos, y cuando la tensión crecía más de lo previsto, algún vecino o vecina amenazaba con sacrificarse.
Luego de la recuperación de Gabi, su historia personal da un vuelco y pasa a ser un símbolo encarnado en un cuerpo herido y marchitado. Aquí es donde comienza la cronología de su santidad, donde le sucede de todo: desde ser comprada por una suiza llamada Elena, de la que se enamoró perdidamente “por alta, por rubia, por musculosa”. pasando por una candidatura política hasta una operación quirúrgica crucial que llegaría a darle título al libro.
A nivel estructural, el libro se compone de tres grandes partes con dos anexos (Epílogo y Coda). Esta división responde a las partes internas de la narración y ayudan a quien lee a ordenar eso que al principio parecía puro caos.
En este sentido, y más allá de la pletórica foucaultiana (a quien nunca se lo nombra pero parece estar siempre presente de fondo), Romance de la Negra Rubia es una nouville de lectura ágil. Lo más difícil de asimilar en esta historia puede ser el contraste creciente entre el dialecto urbano/marginal de Gabi y los lugares y personas que la van rodeando a medida que avanza la trama. Hacia el interior de las descripciones podemos encontrar una inherente icónica pop que atraviesa símbolos culturales ya digeridos por la sociedad argentina: desde Eva Perón y el malévolo Darth Vader, pasando por La Valquiria hasta el Che Guevara, Jesucristo y Peter Capusotto. Este mix de iconografías le otorgan frescura y le restan solemnidad a una historia que, de fondo, expone varias de las actuales deudas que tiene el Estado argentino para con su individuos.
Este libro de Gabriela Cabezón Cámara atraviesa la memoria como una ráfaga. Es rápido, dinámico, intenso como una hoja ardiendo y contiene varias escenas memorables. Puede que le falte un poco de enganche o suspenso, pero esto es compensado por el ritmo del monólogo interno ejecutado por Gabi. También creo que, más allá de lo estético, la historia invita a reflexionar en torno a la necropolítica, el biopoder y el rol del Estado en la construcción de un futuro posible para la vida de los sectores si históricamente marginados.
3.5 ¡Que universo el de Cabezón Cámara y las palabras! Su prosa poética genera estallidos de los que parece imposible salir inmune -sea por la admiración, la incomprensión o un gracioso tejido entre ambas-. Romance de la negra rubia es un tren de pensamiento bizarro, espeso y sumamente florido que comparte el después de un sacrificio femenino que frena el avance policial sobre un terreno tomado. La tematización de la mercantilización, artificio, disputa y logros de este sacrificio resulta compleja, jugosa y cruda; lo que da cuenta, para mí, de la agudeza con la que la autora plasma sus atravesamientos como argentina, federal, lesbiana y feminista. La mínima trama es lírica, delirante y sáfica en partes iguales -muy, como me dijo mi amiga, a lo El fuego entre nosotras de Dalia Rosetti-. Es verdad que a veces resulta un montón, es verdad que a veces sentí que no entendí nada. Pero también es verdad que unx puede apreciar obras por lo que le producen en el cuerpo y no por la conexión sináptica que promueven (o no). Recomiendo para quienes hayan leído y disfrutado a Cabezón Cámara y/o María Felicitas Jaime y no les moleste el delirio así como para quienes amen la idea de sumergirse en viajes de ácido con el lenguaje.
Con un uso excesivo de la adjetivación y la descripción minuciosa, Cabezon Cámara nos relata la vida de 'Gabi', una joven que estando en una toma de viviendas, decide prenderse fuego ante las amenazas policiales y judiciales. A partir de allí, su 'resurrección' le traerá un sin fin de ventajas 0ara toda su comunidad: tierras, propiedades, ser sueños de un techo... pero nada es gratis: la televisión, los medios, la política la usaran como estandarte, como mártir de justicia. Así conocerá a Elena, su amor. Antes de su fallecimiento, Elena le promete que le regalará su rostro y es así como Gabi recibe el trasplante luego de la muerte de aquella Elena alemana, blanca, de piel de porcelana. Así, luego de este gran romance, nace la negra rubia. Con una prosa callejera, humana, sencilla, de barrio... Cámara nos sumerge en el mundo de una problemática que aqueja a la sociedad argentina desde hace cientos de años: el sueño de la casa propia.
Tal vez la historia no me gustó del todo, pero la forma de narrar 'bien' la historia es lo que más me ha gustado. Amén por el poco uso de gerundios.
«Digo quién lo hubiera dicho: lo hubiera dicho cualquiera es la respuesta coral, pero están equivocados el coro y el corifeo; no lo hubiera dicho nadie y menos que nadie yo».
- Romance de la negra rubia
«No pude dejar de mirarla. Ella también me miraba pero no podía estar segura de ninguna reciprocidad: téngase en cuenta que no solo estaba desfigurada en toda la extensión de la palabra; también era parte de una obra de arte y si queda algo que las distinga del resto de las cosas, además de estar metidas en un museo o una galería o ser producidas por alguien que pueda poner la chapa de artista abajo del nombre, es que casi todas están hechas para ser miradas».
Leí esta novela en una especie de trance en una sala de espera, nada pudo hacer que levante la cabeza de sus hojas.
La protagonista, tras prenderse fuego en un acto desesperado y caótico para evitar un desalojo, sobrevive, se convierte en una artista performática y su vida da un giro aún más sorprendente cuando se enamora de una mujer que le entrega todo de sí, literalmente.
Cabezón Cámara escribe con una prosa increíble, combinando humor, ironía y una gran humanidad en sus personajes. Tiene capítulos breves y es sumamente corta pero a la vez profunda, aborda temas como la problemática habitacional en Argentina, la lucha contra el desalojo, el manejo del poder, la belleza y el mundo del arte performático.
Lo gótico, lo social, lo bello y lo vulgar se funden en esta obra como en su protagonista/narradora, ambas incomodan y seducen.
📚 Una poeta resiste un desalojo incendiándose a lo bonzo. De ahí a santa y heroína poderosa. Artista y líder capaz de conseguir todo lo que se propone.
📖 Combinando la experiencia individual y la necesidad colectiva, lo político y el martirio, lo mediático y lo personal, lo artístico y el romance, la protagonista y narradora cuenta en retrospectiva su transformación que va desde el consumo al sacrificio, del amor a la herencia física y económica, de la realidad al peso de la historia.
📖 Compleja, explícita, fuerte, una prosa que conjuga el estilo poético con el lenguaje de barrio, la musicalidad y abundancia de comparaciones en ritmo creciente que agiliza la lectura y no te deja soltarla hasta el final. ¡Me gustó!
«Seguía nuestra obra veneciana, la que habíamos pergeñado en la Comuna y en Ginebra ocupaba el lado de occidente, con las fotos de los desaparecidos. Eran muchas, eran chicos blanco y negro, era el ícono de Walsh con los anteojos, el pañuelo de las madres, la silueta, los pibes robados como cosas, la negrura de los campos de tortura. A ellos les pusimos de reflejo a mucho político en mandato, los que hicieron del filo de su ausencia marionetas, los que se colgaron sus fotos de buscados en el pecho cual medallas del campo de batalla, los que hicieron de los pobres torturados, de los fuertes militantes y los violentos sacados un siniestro capital de propaganda».
"Lo vemos como accidente pero las cosas explotan con ritmo y con poca pausa"
Desenfrenada en una palabra.
Muy humana, quizás demasiado, y con una historia interesante que con el tema del fuego y las quemaduras me remite a M. Enriquez. La situación de los desalojos me remite mucho a una situación particular que se está viviendo aquí en mi país también. Mi única queja es que lo encontré muy breve, aun así siento que es algo que le agrega a lo errático de la historia, soy yo la mañosa que quería más JAJAJA quedé pensando en leer más de su obra.
“Yo estaba muerta: la concha marchita y cenicienta desde mi incendio, no sentía nada, no quería nada, ni siquiera masturbarme: el fuego me había deparado esa paz, me había liberado de la calentura, me había dispensado de todo ardor que no fuera el del poder. Ni un latido, ni un sueño, ni un solo deseo de tocar o ser tocada le había sobrevivido a esa bonza que yo era. La resurrección no fue una cascada mojándome la bombacha, ni la tumefacción de labios y clítoris, ni siquiera un tímido latido vaginal.”
Interesante relato que pone en conjugación el arte y la vida. Un bienvenido protagonista de sectores desfavorecidos y víctimas de injusticias sociales y económicas. Al no ser lector de poesía me significó un desafío por momentos, y si bien se lee muy rápido por su brevedad y agilidad, por momentos me costó inmiscuirme en la historia. Estoy seguro de que la lectura de otra obra de Cabezón Cámara complementará esta para darme un panorama más justo de una de las autoras del momento
”Fue como una caída libre y en el impacto del suelo, el fondo del precipicio, reventé como una bomba arrojada desde avión. Si bien reventé solita, alguna de esas esquirlas le pegaron a los otros y todo ese movimiento, caída libre, explosión y reacciones en cadena, armó un brutal empujón y hasta acá vine a parar.”
me costó un poquito agarrarle la onda, pero luego fluyó muy bien y me gustó mucho, en especial la forma de escribir de la autora.
Al principio no entendí donde estaba parada pero una vez entrada en el ritmo de la lectura, me lo devoré. Me gustó muchísimo. Me gustó y me dió asco a la vez, por todo el teje y maneje político y mediático, que en la novela está ficcionalizado, pero sabemos muy bien que es así como operan. Me saco el sombrero.