La belleza, la justicia, las intuiciones y la reacción de la razó la confirmación de un talento brillante.
Corren los tiempos mágicos del pasado y del presente y del los tiempos mágicos de Carmen Conde en los caminos y de los paisajes que pintaba Jan Josephszoon van Goyen, de las sonatas de Sophie Lebrun y de quienes se sirven del diccionario de las confiterías. Corren tiempos distintos entre si —unos años, otros siglos—, y sin embargo vivimos en la misma época, acaso la del lenguaje que se encuentra con el mundo, y choca contra él. Con este big bang estalla la poesía de Mario Obrero, y funda una era nueva.
Estos poemas trascienden fechas y eslóganes. Algo —mucho— empieza con ellos. Tiempos mágicos celebra la fiesta del idioma, de la realidad, del compromiso; del compromiso con lo que sucedió, y tiene que contarse para no olvidarlo, y del compromiso con las formas de decir, con las palabras que escogemos. Del compromiso también con la poesía —y la idea, y la imagen, y la música o el eso depende— y sus posibilidades para saber de dónde venimos. Venimos de la defensa de la belleza, de la defensa de la justicia, de las intuiciones y la reacción de la razón. Ahora, ¿hacia dónde? Estos poemas quieren descubrir nuestro rumbo.
Es un poeta getafense. Desde que empezara a escribir a los siete años, ha publicado los libros Carpintería de armónicos (XIV Premio de Poesía Joven Grande Aguirre; Universidad Popular José Hierro, 2018), Ese ruido ya pájaro (Ediciones Entricíclopes, 2019), Peachtree City (XXXIII Premio Loewe a la Creación Joven; Visor, 2021), Cerezas sobre la muerte (Premio Nacional de Juventud 2023 en la categoría de cultura; La Bella Varsovia, 2022) y Tiempos mágicos (La Bella Varsovia, 2024). Estudió bachillerato de Humanidades en el instituto público La Senda y actualmente cursa Filología Hispánica. Presentó las dos primeras temporadas del programa literario Un país para leerlo, emitido en La 2 de TVE, y colabora habitualmente en programas radiofónicos.
Me leí el libro el año pasado y ni me acordaba. OBVIAMENTE No me acuerdo de nada del poemario pero tengo el vago recuerdo de que era to raro y no entendí nada :))
Sempre que escoito e leo a Mario fóra da poesía, sinto que é un gran poeta, unha persoa que ten sempre a miña atención. Cando chego aos seus libros, sinto que esa idea que tanto me gusta racha un pouco. En tiempo mágico, o collage convírtese no modo de facer os poemas. A traves da unión de diferentes unidades que manteñen un tema común, Mario Obrero tece as súas composicións. En moitos momentos a obra vólvese oscura, difícilmente descifrable. Hai que adaptar o ollo para poder observar. Esa faceta de collage creo que se representa tamén , na unidade do libro, o punto no que menos me me gustou o poemario. Creo que falta unidade, a procedencia dos textos parece diversa e algúna con outros non terminan de casar.
lo siento muchísimo pero qué va. no he podido disfrutar del libro ni entenderlo ni destriparlo, era simplemente estar leyendo una sopa de letras en la que te encuentras frases algo más masticables.
el que no tuviera signos de puntuación entiendo que ca como ese modo de lenguaje rompedor (cosa que ya hacía huidobro, no es innovador) y que en lugar de ofrecerte el texto como un sinfín de sentidos, hacía que se te atragantara la lectura, no siento que me valga la excusa se la oralidad porque hasta ahí existe una entonación, unas pausas, unos conectores, algo que te indica y por lo menos, para mí, no lo ha conseguido.
eran textos que sentía que no tenían una conectividad entre ellos ni entre sí mismos. el texto era etéreo y sin sentido, rescatar los versos del principio no bastaba para sujetarlo. de verdad que no conseguí que me transmitiera nada, como si solo fueran significantes uno tras otro, no había un sustancia que transmitir, como quien habla por hablar, lo sentí escribir por escribir.
«y es lo que toca lo que alega y llora y palpita verbos para mí / ovillo o maraña en lo que encuentro lo que quiero decir y ahí nos toca / lo que sin puertas amamos»
He aquí un poeta, Mario, que año tras año perpetra con monótona disciplina un poemario tras otro, sin que en ninguno asome el más mínimo atisbo de evolución o madurez en su voz. Su obra, una sucesión de títulos que se acumulan con la regularidad de un almanaque, se reduce a un repertorio de fórmulas gastadas, imágenes recicladas y una retórica que huele a naftalina. Lo alarmante —más allá de la complacencia autoral— es el respaldo de pesos pesados como Juan Carlos Mestre y Elena Medel, quienes, legitiman esta farsa de perpetua inmovilidad. ¿Es acaso un pacto de mediocridad entre colegas? ¿Un acto de caridad ingenua hacia lo intrascendente? Que figuras consagradas apadrinen una poética tan estancada no solo desvela las contradicciones del mundillo literario, sino que plantea una incómoda pregunta: ¿hasta qué punto el canon se construye también con espejismos?
Capturar momentos como si fueran briznas de un joven hombre mezcla recuerdos mezcla campo mezcla imágenes como si fueran ríos sinestésicos como si fuera poesía en imágenes en tactos que suben por la boca para ser escritos poesía oral poesía mágica poesía que tiene alma de mariposa y no hay puntos solo magia y trenes y el abuelo y algunos calcetines rojos y reinvenciones de trincheras y amor de ése que se cuenta de boca en boca. Una maravilla.
Hay libros a los que habrá que regresar una y otra vez porque son la mejor poesía española de nuestro tiempo. Mario Obrero es el bardo visionario de unos Tiempos mágicos (La Bella Varsovia, 2024) que son la encrucijada del porvenir. Asistimos a la rapsodia del poeta ventrílocuo de un dios que declama el estribillo de la historia, una fábula ya concluida, una sonata política. El misterio es revelado en renglones torcidos, en cláusulas de luz. Venimos de ese abismo que se abrió en el 36. El poema es un rompecabezas inscrito con letras de oro. El relato es una algarabía. No se ha perdido el rastro de lo divino, no, somos testigos de la palabra. Las verdades son susurradas en los callejones de la historia, entre sus desperdicios. El poeta es el rapsoda de la fábula nacional, hace suyo el relato mágico que persiste a través del tiempo. Su tarea es manifestar lo indecible, abrir un reguero de luz que salve a España de su memoria, del martirio que oculta los senderos. Por eso el lenguaje se resquebraja. Este mandato vive en la memoria del presente. Estamos ya en un país que no se recuerda a sí mismo. La voz poética lucha por hacer inteligible un secreto impensable. Hemos presenciado la palabra del dios hastiado de olvido. Una confusión de lenguas nacionales. Un requerimiento de pureza. La ofrenda de una inteligencia nueva. El relato de esta vieja luz que ha nacido.