En 1966, Cecilia Vicuña, de dieciocho años, se obligó a escribir a máquina al menos una hoja al día, como un ejercicio “estúpido” para que salieran libremente, de manera casi inconsciente, sus intuiciones sobre la creación, la espiritualidad, el sexo o la política. “De pronto una fuerza invisible, como un aire caliente me despertó, agarrándome de la nuca, como las leonas agarran a sus cachorros. Me puso al borde de la cama y empezó a dictar. Había una Underwood al lado mío, y empecé a tipear”, recuerda. Durante cinco años se impuso esta tarea, hasta 1971, momento en que llevaba más de 1700 páginas, de las cuales este libro presenta una selección. Además de mostrar el espíritu de una época, dan cuenta de su formación como artista y las intuiciones de las que arranca su larga obra. De la pintura a las performances, del cine a la poesía, su trabajo ha calado en la sensibilidad contemporánea más allá de las fronteras nacionales, aplaudido por su celebración de lo precario y por construir una iconografía propia que une lo popular con lo ancestral, para hundir sus raíces en estos escritos tempranos, llenos de vitalidad y apertura hacia el mundo.
Nació en Santiago en 1948, en medio de una familia de artistas, "un mundo en donde escribir, pintar, leer y esculpir eran cosas propias de la vida" ("Una obra para los 'ojos que no ven'", La Segunda, 24 de marzo de 1979, p. 23). Su bisabuelo Carlos Lagarrigue fue escultor, al igual que su abuela, Teresa Lagarrigue, mientras que su abuelo paterno, Carlos Vicuña, fue escritor. Estudió en el Liceo Manuel de Salas y, posteriormente, Arte en la Universidad de Chile. A los 16 años, en Concón, ideó el concepto de las "esculturas precarias", construidas a partir de desechos del mar.
Como poeta, participó en el grupo "Tribu No" (1966), integrado además por Claudio Bertoni, Marcelo Charlín, Francisco Rivera y Coca Roccatagliata. Junto con los dos primeros publicó a fines de los años sesenta una serie de poemas en la revista mexicana El corno emplumado. La "Tribu No" apareció en escena en agosto de 1969, fecha en la que -con motivo del encuentro de escritores efectuado en Santiago- divulgaron un manifiesto crítico, donde declaraban que era este un encuentro en contra de la poesía: "Nada menos revolucionario, ni menos humano, ni menos vivo que esta burocracia de la literatura, que esta supuesta cara del escritor. Ustedes son a la poesía lo que a la Iglesia sus tergiversadores" (El Mercurio, 15 de enero de 1970). Como colectivo, autoeditaron la antología Deliciosas criaturas perfumadas, que en Chile no tuvo mayor repercusión; sin embargo, algunos de estos poemas fueron traducidos al italiano y al inglés. Los recitales de la agrupación pasaron directamente a la mitología: el primero, por invitación de Nemesio Antúnez, se celebró en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1970, con acompañamiento de música rock, trutrucas araucanas, clavecín barroco, danza moderna y abstractoscopio cromático. El éxito fue rotundo.
En 1971 Vicuña montó "Otoño" en el Museo Nacional de Bellas Artes, una intervención que consistió en cubrir de hojas secas una de las salas del Museo, para la cual Nemesio Antúnez propuso el irónico título de "Salón de Otoño". En 1972 se hizo conocida como pintora naif en la exposición "Pintura Instintiva Chilena". Ese mismo año partió a Londres becada por el British Council para estudiar pintura en la Slade School of Fine Arts del University College de Londres. Allí publicaría su primer libro individual de poemas, titulado Sabor a mí (1973).
Se radicó en Bogotá en 1975, donde permaneció durante tres años, en un viaje exploratorio que le permitió aprender sobre chamanismo andino, mitología y tradiciones orales. En estos años internacionalizó su carrera, exponiendo su obra en muestras individuales y colectivas, tanto en países americanos (Colombia, Venezuela), como europeos. En 1978 fundó el grupo "Taller de nueva plástica", trabajó con compañías de teatro y filmó ¿Qué es la poesía para ti? y Santo pero no tanto. En 1979 publicó en la capital colombiana Siete poemas (1979).
Tras conocer a quien sería su marido, el pintor argentino César Paternosto, se instaló en Nueva York en 1980, donde editó el libro Precario/Precarious en el año 1983. Ese mismo año participó de la muestra "Video at el Museo", donde dio a conocer su trabajo "Three video poems", consistente en fotografías de sus esculturas unidas a paisajes y a escenas urbanas de Chile y Colombia, todo combinado con música y poesía, en una ingeniosa síntesis de oralidad y visualidad. En México publicó Luxumei o el Traspié de la doctrina (1983) y un año más tarde, en Buenos Aires, PALABRARmas (1984). Más tarde aparecieron Samara (1986) en Colombia y La Wik'uña (1990) en Chile. En Estados Unidos editó la antología bilingüe Unravelling Words & the Weaving of Water (1992), en Bélgica dio a conocer La realidad es una línea (1994) y en Escocia, Word & Thread (1996). El 2004 publicó en Buenos Aires I Tú (2005).
Además de su actividad como poeta y artista visual, se ha desempeñado también como editora de poetas latinoamericanos e hispánicos. En 1990 editó The Cardboard House,
Increíble manera de capturar su vida, sumergirse en la forma de ver su arte bajo la propia mirada de ella es algo refrescante y que nunca antes había visto tan detalladamente de forma en la cual he entrado en su mente para comprender a fondo su obra