Los asuntos de Bienaventuranzas para agnósticos no son nuevos, al contrario, ya tienen veintiún siglos de recorrido. Tampoco tiene novedad alguna el formato epistolar y controversial entre un creyente y un agnóstico. Un antecedente, no hace tanto, es ¿En qué creen los que no creen?, un debate similar al que nos ocupa, en esa ocasión entre Umberto Eco y Carlo Mª Martini: réplicas y contrarréplicas sobre estos mismos temas en las entregas de un semanario dominical, luego recogidas en libro.
· Dos amigos se reencuentran y plantean un juego de acercamiento intelectual desde puntos de vista, no necesariamente contrarios, sino desde una honestidad asumida y pactada. De ahí sale una colección de cartas de ida y vuelta que evidencian pareceres, desencuentros y acercamientos, dudas y certezas. Como digo, nada nuevo, pero siempre temas muy atractivos para todos lo que alguna vez han pensado que no podemos ser simplemente una casualidad química en un universo azaroso e injustificable.
· Me atrajo el "bienaventuranzas" del título. Pensé que el debate se centraría en el Sermón de la Montaña, para muchos un mensaje proto-comunista: desposeídos y poseedores. Pero ese enfoque solo llega hacia la mitad justa del libro. Antes hay temas previos que van desde la existencia de un dios, las relaciones posibles con él, la figura de Jesús y otras cuestiones de ese corte, una "introducción" excesiva o, en cualquier caso, el título debería ser otro porque, cuando uno llega al meollo de su interés, ya le han colado unos asuntos amplios, conocidos y bastante ambiguos.
· No me ha gustado el "formato epistolar": entre carta y carta se pierde la inmediatez de la discusión y da pie a que haya cuestiones (demasiadas) que no tienen respuesta y otras se disuelven en retóricas de urbanidad y sin profundizar. Aun así, el contenido resulta ameno, interesante y enriquecedor en general: es patente la solvencia de un autor comprometido y con un bagaje teórico excepcional.