3'5⭐
La primera parte, Hermandad, me sorprendió y me encantó. En esta segunda parte, Rituales, no me he sorprendido ni me ha gustado tantísimo, sin embargo, sigue siendo una lectura que recomiendo mucho si se tienen en cuenta un par de cositas, que voy a explicar ahora:
En primer lugar, considero que este libro se centra más en los personajes y en su desarrollo que en cualquier tipo de acción. El ritmo es un poco lento en ese sentido, puesto que después de leer
páginas me di cuenta de que todavía no había pasado nada relevante. Y sin embargo, en esta ocasión no es algo que considere muy malo, porque esas páginas me las bebí. Raquel tiene un estilo maravilloso, muy bonito, que además se hace muy ligero y concede a la lectura un ritmo ágil. Por eso, aunque las cosas tarden en empezar a pasar, no me ha molestado mucho.
En segundo lugar, el libro está dividido en dos tramas. Por un lado tenemos una trama nueva, la que tiene lugar en Escocia con algunos de los personajes, y por otro tenemos la continuación de la trama del primer libro, que se desarrolla en Madrid con los personajes que se han quedado en la ciudad. Pues bien, a mi modo de ver, la trama de Madrid ha sido la menos interesante porque ha sido la que menos ha aportado, la que menos ha avanzado, con lo cual parece que la conexión con el primer libro es un poco remota. Aparte, y esto ya a título personal, los personajes que narran esta trama son los que menos me atraen (algunos capítulos de Cal se me han hecho eternos), por lo que eso también ha contribuido a que esta línea argumental haya sido la que menos me ha entretenido.
Por otro lado, la historia de Escocia me ha gustado mucho, porque sigue a los personajes que más me interesan y porque por fin avanza la relación de Luc y Sabele. Y Luc, por cierto, a pesar de que empezó cayéndome fatal en el primer libro, se ha convertido en mi favorito absoluto. Lo adoro, y me ha encantado conocerlo más a fondo y descubrir su vulnerabilidad en este libro. Sí que es cierto que creo que se ha montado un lío bastante grande para una cosa que al final se resuelve con bastante facilidad, pero bueno.
También me ha gustado mucho la introducción de Matt, porque subsana una de las carencias que le vi a la primera parte: es un hechicero. No un nigromante como eran todos los hombres en la primera parte, sino que tiene el mismo tipo de magia sana, de la vida o como se la quiera llamar que Sabele, Rosita y Ame.
Y qué decir de Ame. Como en este libro es una narradora, podemos conocerla más a fondo, conocer sus problemas y sus sufrimientos. Creo que es muy interesante ver cómo sus problemas forman parte de una manera de pensar diferente, de otra cultura donde se valoran cosas diferentes a la nuestra. Ame se enfrenta a decisiones difíciles a lo largo del libro, y aunque yo no habría tomado las mismas decisiones, comprendo muy bien por qué lo hace y respeto mucho la fortaleza que le requiere hacer esas elecciones.
Otras cositas que me han gustado: Sabele va al psicólogo después del trauma del final del primer libro (viva la normalización de buscar ayuda psicológica) y que Luc y su banda no se venden por dinero a pesar de que tienen todas las ganas del mundo de triunfar.
El libro deja un par de cosas abiertas que se tendrán que retomar en el último libro, y la verdad es que tengo muchísimas ganas de tenerlo en mis manos, porque hay personajes a los que les he cogido un cariño enorme y quiero continuar su historia hasta el final.