Aroma de guerra y café de Emilio Calderón es una de esas novelas que te atrapan desde el primer momento. La historia, ambientada en la Segunda Guerra Mundial, mezcla lo personal con lo político de una manera sorprendente. A través de los ojos de María Casares, la protagonista, el autor nos lleva a vivir los desafíos de esa época, pero lo hace de una manera cercana, con personajes que sientes muy reales.
Una de las cosas que más me ha fascinado ha sido el uso del café como un símbolo recurrente. Lo que comienza como un simple negocio familiar se convierte en algo mucho más profundo, un vehículo que entrelaza la trama de una manera que no esperaba. Esos pequeños detalles son los que, sin duda, demuestran el increíble trabajo de documentación que el autor ha realizado, especialmente cuando describe el contexto histórico de la España franquista y su relación con Japón. Es una historia que se siente auténtica y bien investigada, pero que en ningún momento se me ha hecho pesada.
Japón, por cierto, juega un papel fundamental en la trama, algo que me ha sorprendido gratamente. María y su familia terminan involucrados en una misión casi de espionaje, con un trasfondo diplomático que te mantiene en vilo. Conocer al coronel Hokusai Juro, un personaje con una gran presencia, fue uno de los puntos más interesantes. Su relación con María, una mezcla de atracción y secretos, aporta una tensión perfecta a la trama. Y hasta aquí puedo leer en referencia a nuestra pareja protagonista. Tendréis que leer la novela para saber más.
Cómo no destacar la forma en que la novela equilibra el drama personal de María con los grandes eventos históricos. No solo te hace pensar en los conflictos políticos de la época, sino también en cuestiones más íntimas como la familia, la identidad y la lucha por sobrevivir en un mundo que cambia a cada paso. María no es solo una víctima de las circunstancias, sino una mujer que poco a poco se empodera y desafía su entorno. A lo largo de la historia, he sido testigo de su crecimiento, pasando de una joven que sigue las decisiones de su padre, hasta una mujer dispuesta a tomar las riendas de su destino.
La novela también se enriquece con toques de ironía y momentos de tensión bien logrados, especialmente cuando la familia Casares se adapta a la vida en Japón. Las descripciones de la cultura japonesa, con sus costumbres y su estilo de vida, añaden una capa extra de profundidad a la historia, lo que la hace aún más interesante y única.
En resumen, Aroma de guerra y café es una novela que recomiendo sin reservas. No solo por su trama envolvente y sus personajes bien construidos, sino por la manera en que se entrelaza historia y emociones. El autor ha conseguido crear una obra que no solo entretiene, sino que también te hace reflexionar sobre la guerra, la diplomacia y la resiliencia humana. Una lectura imprescindible si te gustan las novelas históricas con un toque personal, emocional y esa parte trágica que es inevitable en novelas ambientadas en esta parte tan triste de nuestra historia.
Nota para los que habéis leído también "El Judío de Shanghái". Seguro que os suena el personaje de Leon Blumenthal 😉.