No es un mal libro. El estilo de Poniatowska no deja nada qué desear. Es compacto, directo y bastante afable.
Pareciera que el problema en el libro es lo real. Elena, en mi opinión, crea una nueva especie de surrealismo en la división de las clases sociales, sin necesidad de entrar en un realismo mágico como tal. ¿Qué es la vida real? Siento que es la pregunta. ¿Es la vida real la del rico que vive en una esfera de cristal y nunca sale de ella? ¿Es la vida real la de los enfermos del hospital Obrero? ¿Es la vida real la de la frenética y misteriosa mujer activista social? ¿La de los intelectuales que se juntan los sábados a hablar de libros y preguntarse por a identidad del mexicano?
México somos todos. desde el rico, político, intelectual, corrupto, santo, pecador, al pobre, el obrero, el ateo, el inseguro, el violento, el que es perseguido.
Al menos para el protagonista parece ser que es la de los obreros. La vida que no te da todo, pero donde aparentemente no es necesario vivir con máscaras, con una identidad que refrena al sujeto a convencionalismos y modales.
Consideraría yo tres etapas en su camino hacia este tipo de libertad. El primero, el darse cuenta de que la vida de un rico no es la vida de mexicano y puede parecer artificial. La segunda, la vida frenética fuera de sí mismo, que traiciona todo lo que creía al inicio de forma radical, pero lo hace sentirse vivo. Tercero, tras el resultado trágico de la segunda parte, la opción por la vida con los pobres.
El personaje de Amaya es fascinante. Muy bien hecho. Misteriosa, desastrosa y, sobre todo, con una realidad que pocos se atreven a mostrar en una heroína: una debilidad e inseguridad tan fuerte como su carácter arrasador. Ella es la respuesta a lo que busca Ashby, el personaje principal, pero acaba mostrando una realidad que conmueve. Ser o hacer. Amaya, en una búsqueda de identidad, acaba por perderla. ¿Quién es ella? Ruido, gritos, una heroína, cien apodos. ¿Quién es ella? Sus acciones, que se acaban con la lucidez de los borrachos a quienes ayudó. ¿Quién es ella? La madre por dos días de un niño adoptado que acabó devolviendo. Una heroína trágica. Solo con Ashby descubre que ella es algo, alguien más que todo eso. Sin embargo, ese “”soy yo“” que descubre lo encuentra sólo en Ashby, a quien, redundantemente, pierde por temor de perderlo.
Frases memorables del libro:
“En este mundo matraca, de cagar nadie se escapa, caga el cura, caga el Papa, y hasta la mujer más guapa deja su montón de caca.”
“Nora, ¿cómo puedes comparar un mantel con un poema?”
“Al no hablar de sí misma, Amaya disponía de tiempo de sobra para escuchar a los demás y lo hacía con una atención total. Era toda ojos, toda oídos, se eliminaba fácilmente, las hacía sentir únicas, irrepetibles.”
“Dentro de él había un bárbaro, pero también un santo, un genio, un príncipe idiota, y algo menos, y algo más.”
“Sus obsesiones consistían en verse rubia entre morenos, lúcida entre imbéciles, leal entre traidores, única entre vulgares”
“yo soy la única persona que lo ha ayudado a hacer algo y, por lo tanto, a “ser” algo”