4,5⭐
Joyce Carol Oates juega en otra liga. Siempre que califico una obra suya, pienso que las estrellas que le doy poco tienen que ver con las de otros autores que leo. La sigo desde hace años y no ha perdido la capacidad de sorprenderme. La suya es literatura con mayúsculas. No en vano su nombre resuena para el premio Nobel.
Dice la sinopsis:
Corre el año 1977 y Hannah y Wes Jarrett, un respetable hombre de negocios y miembro de una de las familias más poderosas de Detroit, viven felices junto a sus hijos de cuatro y siete años en su casa de las afueras. Ismelda, su criada, hace que en el hogar todo sea más llevadero. Pero su vida y la de sus vecinos se ve sacudida por la presencia en la ciudad de un asesino al que los medios han apodado Babysitter: ya ha raptado y torturado a seis niños y ha dejado sus cuerpos en la carretera en posturas llamativas, como si durmieran. En una fiesta filantrópica de la familia Jarrett, Hannah conoce al señor R., un hombre extraño y oscuramente carismático con el que inicia una peligrosa aventura. Mientras tanto, el esquivo asesino en serie, que parece formar parte de la élite de Detroit, sigue acumulando víctimas y llevando a la desesperación a la ciudad.
Mis impresiones.
Desarrolla dos tramas. Hannah Jarret es la esposa cercana a la cuarentena de un hombre de familia poderosa. Madre de dos hijos, vive en una urbanización de clase alta a las afueras de Detroit. Responde al estereotipo de la mujer de su época. Esposa sumisa, siempre sonriente y bien arreglada. Tiene dos hijos de siete y cuatro años y una criada filipina, Ismelda, que es la que en realidad se ocupa de todo. Pese a la vida confortable y lujosa que lleva, Hannah está insatisfecha como mujer. Ello le lleva a comenzar una aventura tan peligrosa como degradante con un hombre al que apenas conoce. Paralelamente, un pederasta asesino de niños, apodado Babysitter, lleva varios meses secuestrando niños blancos. Para esta segunda trama, Oates se ha basado en el caso real no resuelto del asesino de niños del condado de Oakland (Míchigan), que entre 1976 y 1977 secuestró, violó y asesino, al menos a cuatro niños. Ambas tramas van a confluir de forma magistral.
Tanto el título como la sinopsis sin ser engañosos pueden llevar a error. El caso de Babysitter y su resolución no son ni la prioridad ni la trama principal. No estamos ante una novela negra convencional. No vamos a encontrarnos detectives ni una investigación policial ni nada que se le parezca. Quienes no hayan leído ningún libro de esta autora y se acerquen a ella esperando eso, se van a llevar una decepción. Con el hilo conductor del matrimonio de Wes y Hannah y el trasfondo de esos asesinatos, Oates nos presenta una visión demoledora de la sociedad del Detroit de finales de los setenta. Machismo, racismo, clasismo, abusos y violencia contra la mujer. Todo ello descrito de forma cruda y descarnada. A la autora no le tiembla la mano.
La ciudad arrastraba aún las secuelas de los enfrentamientos raciales de 1967. La segregación mal encubierta y la desconfianza seguían presentes. Far Hills, la zona residencial en la que vive el matrimonio, es una burbuja protegida en la que nada malo puede pasar. Sus habitantes (blancos), forman un círculo muy exclusivo de clase y dinero. Las personas no blancas no tienen cabida allí más que como miembros del servicio. Los negros son los botones de los hoteles, los aparcacoches de los restaurantes, gente que a la que no se mira a los ojos, moradores de los peores barrios de Detroit, un mundo aparte.
En este contexto las acciones de Babysitter son una anomalía que tiene explicación al margen de Far Hills. Para Hannah, los secuestros son algo que solo les puede ocurrir a los niños que viven en centros de acogida, los que no están en todas sus actividades bajo la supervisión de un adulto.
"Las noticias más terroríficas, las que más la perturban, son las que tienen que ver con un «secuestrador de niños en serie, asesino de niños, un pedófilo asesino» que hay en el condado de Oakland desde febrero de 1976. Enseguida aparta la mirada de esos titulares.
Está segura, protegida. Y sus hijos.
Ninguno de los secuestros ha sido en Far Hills. Ninguna de las criaturas secuestradas era de su entorno o del de sus amistades".
Para Wes, el marido de Hannah, Babysitter tiene que ser necesariamente "un negro de Detroit". Que todo apunte a que se trata de alguien cercano a su comunidad no es algo que él tenga en cuenta. Imposible que sea un blanco, ese es su argumento.
"La voz de Wes se estremece de rabia. Está seguro de que Babysitter no es de una de las zonas residenciales (como parece pensar la policía), sino de Detroit ciudad, que con sus actos muestra su desprecio por quienes viven en esas zonas pudientes, tirando cadáveres de niños (blancos) en comunidades (blancas) como Bloomfield Hills".
Me ha explotado la cabeza con la forma en la que Joyce Carol Oates construye este libro. No sé ni por dónde empezar. Quizá por las citas iniciales, una de Paul Bowles y otra de uno de los personajes de la novela, ambas tan representativas de lo que se desarrolla en el libro.
" Las cosas no suceden, depende de a quién se le cruzan en el camino" (PAUL BAWLES)
"Solo hay una pregunta: ¿de qué soy capaz?" (Y.K)
Está dividida en cuatro partes, que a su vez se dividen en capítulos de corta extensión. Algunos constan de un solo párrafo de pocas líneas. Cada uno de ellos con un título a su vez alusivo de forma directa al contenido. La autora ha puesto en juego toda una batería de recursos estilísticos. Destacan el uso magistral de la cursiva como énfasis, las comillas y los paréntesis, a menudo de una sola palabra, que resaltan el concepto que quiere transmitir.
"Reconoce a Hannah, aunque no por el nombre: esposa de un hombre rico de una de las zonas residenciales (blancas) o huésped del hotel".
La novela comienza y acaba con la misma escena en diciembre de 1977. Entre ambas un "flashback", desde abril de ese año, que nos va a desgranar los acontecimientos que conducen a la misma. Un narrador equisciente será el encargado de ello. Nos lo cuenta no desde el punto de vista de Hannah, protagonista absoluta, sino desde dentro de su mente. El ritmo es muy pausado. Se cuece a fuego lento como las dudas y las inseguridades de ella. Un ejercicio psicológico en toda regla. Entre esos capítulos, se intercalan otros de manera aparentemente aleatoria, a veces en primera persona, o de nuevo con el narrador equisciente focalizado en otro personaje. La atmósfera es oscura, opresiva. No es un libro cómodo de leer, genera inquietud, desasosiego. Hay que prestar atención a los detalles dispersos en una estructura narrativa compleja. El esfuerzo, sin embargo, merece la pena.
Los personajes, merecen capítulo aparte. A cuál mejor trazado. Destaca el de Hannah, construido paso a paso desde su propia psique. Hannah es un producto de la educación de su época. Esposa y madre sometida a los deseos del varón, ya sea este su padre, su marido o su amante. Incluso su rol de madre es otro aspecto de su sometimiento a los cánones heteropatriarcales.
"Mami significa: albergar la esperanza de que los niños no se aburran, no estén inquietos, infelices, que no se pongan a gritar que quieren volver a casa pronto. Mami significa: albergar la esperanza de complacer al padre de los niños. De alguna manera".
No es un personaje agradable. Es difícil empatizar con ella y menos aún con las decisiones que toma, con sus continuos puntos de inflexión. Goza de una vida lujosa de clase alta. Una vida en la que se siente cómoda (no quiere perderla), al tiempo que insatisfecha. Esta es la dualidad en la que se mueve.
"Vida de zona residencial: una colmena (zumbona, que emana calor).
La vida familiar: una pequeña y petulante colmena dentro de otra.
En esa, Hannah se sabe segura. Se ha definido: esposa, madre. Tiene seguridad y alimento. Ha dejado de pensar cómo, por qué es la persona que es. Su «identidad de colmena» es segura".
"Soy una mujer bella, tengo derecho a que me quieran. Soy una mujer deseable, tengo derecho a desear".
Hacia el final del libro, Oates ahonda aún más en la psicología del personaje por medio de un símil entre su collar de perlas y su vida.
"Ha descuidado estas perlas, querida. Hay que ponérselas a menudo. Debería saber que, para conservar su belleza, su ser, requieren calor humano, intimidad. Spinoza dijo: «Todas las cosas desean persistir en su ser». Las perlas no son diamantes, querida. Si las abandonas, pierden el corazón. Pierden la esperanza. Como nosotros, se vuelven frágiles y empiezan a morir".
"... ya ve que han empezado a perder lustre. Han empezado a perder la esperanza. Están al inicio de su declive, como un amor que ha salido mal".
Wes, el marido, es a su vez el estereotipo masculino blanco. Procede de buena familia, gana mucho dinero. Su actitud hacia su esposa es paternalista y condescendiente. Espera de ella un ser equilibrado y sonriente, que sea el complemento perfecto a una vida cómoda, alguien que le facilita la vida, y no le crea problemas. Cuando las cosas se complican, cumple obligado con lo que se espera de él, pero no está a la altura.
" Su mujer nunca ha ocupado tanto espacio emocional en todo su matrimonio como en ese breve periodo de tiempo, esa mañana. Está pasmado, anonadado"
Junto con Wes y Hannah, el resto de los personajes no desmerecen. Y. K, el señor R, el padre M y el coletas, otro de los mejores trazados del elenco.
El final no es un final al uso. Un final muy del estilo de esta autora. Se mueve entre la ambigüedad y los detalles que ha dejado dispersos a lo largo de la novela. No es exactamente un final abierto, pero sí permite la posibilidad que cada uno se dibuje lo que cree que pasó.
En conclusión. Una novela oscura y asfixiante, magistralmente construida, en la que Joyce Carol Oates toca aquellos temas que le son propios, como la misoginia, los abusos y el racismo. Recomendable para los que conocen la obra de la autora. Tengo dudas, en cambio, de que sea el más indicado para aquellos que se acercan por primera vez a ella.