-Y en esta noche sombría
¿Quién nos servirá de guía?
Brian, ¿no ves allá una estrella
que entre dos nubes centella
cual benigno astro de amor?
Pues ésa es por Dios enviada,
como la nube encarnada
que vio Israel prodigiosa;
sigamos la senda hermosa
que nos muestra su fulgor.
Ella del triste desierto
nos llevará a feliz puerto.-
Ellos van. Solas, perdidas,
como dos almas queridas,
que amor en la tierra unió,
y en la misma forma de antes,
andan por la noche errantes,
con la memoria hechicera
del bien que en su primavera
la desdichada les robó.
Ya no sé hace cuanto estoy dando vueltas con la conclusión de este librito así que van a ser las 3,5 estrellas que goodreads no tiene.
Amor, pasión, tristeza, desesperación, melancolía y el paisaje siendo un personaje más, presentes las singularidades del romanticismo. Siento enteramente que tendría que haberlo leído antes de admirar por primera vez La vuelta del malón en el MNBA, obra que te deja sin palabras de lo gigante y enérgica que es, pero siempre se puede revisitar.
Podían ser cuatro estrellas tranquilamente por sus versos románticos, pero las densas descripciones del árido desierto patagónico me sofocaron y absorbieron al mismo tiempo, me recordaron mucho a Campos de Castilla de Antonio Machado por la riqueza en las descripciones de los paisajes y de la naturaleza, pero en su caso de la península ibérica.
Desde que lo leía sentía que fue más un poema al desierto y a lo dura que habrá sido la vida allí para los “pobres” cristianos, y que, Brian y María – dos seres ideales, dos almas unidas por el doble vínculo del amor y el infortunio – fueron un agregado para poder hablar de él y contar una historia.
Me hubiese gustado que cuente más sobre ellos, más su antes, que su después ya tiene esta anteúltima estrofa lindísima con la que cierra.
También el vulgo asombrado
cuenta que en la noche obscura
suelen en aquella altura
dos luces aparecer;
que salen y habiendo errado
por el desierto tranquilo,
juntas a su triste asilo
vuelven al amanecer.