Un texto inteligente y, sobre todo, necesario. Me gustó especialmente que no reduzca la cuestión del género a una batalla entre una Iglesia que posee todas las respuestas y unos jóvenes que simplemente necesitan que alguien los corrija. Sin renunciar a una antropología claramente cristiana, la autora insiste en algo bastante más exigente: comprender de qué estamos hablando, distinguir realidades que con demasiada facilidad metemos en el mismo saco y aprender a escuchar las preguntas y experiencias de los jóvenes antes de responderlas.
Eso no significa que esté de acuerdo con cada formulación o que todas las cuestiones me parezcan igualmente resueltas. Pero agradezco mucho el intento de sustituir la consigna por el diálogo y la reacción defensiva por una reflexión seria. En un tema tan polarizado, un libro que intenta construir puentes sin renunciar a sus convicciones ya tiene bastante mérito - AE