La exploración de América no fue solo un proceso de sumisión militar y política de un enorme territorio, sino también una asombrosa aventura humana que a menudo queda en el olvido.
Desplazados desde Europa con multitud de anhelos y codicias varias, antes de emprender el duro camino de la invasión y la posterior conquista de esos territorios, los expedicionarios hispanos llevaron a cabo una tarea no menos hercú conocer y recorrer los enclaves donde se iban a asentar por generaciones. Casi nunca fue fácil. Pocas veces obtuvieron la anhelada recompensa.
A partir de la lectura exhaustiva de las múltiples Crónicas de Indias, el historiador Antonio Espino recopila en estas páginas los acontecimientos clave de las principales exploraciones. Una visión renovada e inusual de la Historia de la exploración del Nuevo Mundo, en la que podremos seguir a Cristóbal Colón y sus tripulaciones en el descubrimiento del paraíso antillano; a Vasco Núñez de Balboa en el momento de encontrar un nuevo océano; a Francisco Pizarro y Diego de Almagro en busca de la puerta de entrada al majestuoso imperio Inca; navegaremos por los enigmáticos ríos Amazonas y Misisipi; escoltaremos a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Hernando de Soto o Francisco Vázquez Coronado en sus andanzas por territorios de los actuales Estados Unidos...
Un libro trepidante, ameno y sobrecogedor a partes iguales, que desmenuza los éxitos y los fracasos que vivieron aquellos aventureros en una epopeya humana irrepetible, y los innumerables peligros que las tormentas y los huracanes, las hambrunas y la miseria, la angustia frente a una naturaleza inhóspita y salvaje, la codicia y el heroísmo.
El autor pretende ofrecer una historia realista de la exploración de América y el Océano Pacífico. Lo hace desde una óptica desapasionada, tratando de ahondar en las motivaciones que animan a unos y a otros a emprender largos viajes llenos de peripecias, aventuras y desventuras, y muchas veces a caer en la desgracia y la fatalidad.
En buena medida, consigue su objetivo: ofrece relatos de algunos de los viajes que más impacto tuvieron en la exploración de nuevas tierras durante la Edad Moderna, sin entrar, eso sí, en capítulos más centrados en la conquista, como las famosas historias de Hernán Cortés o Francisco Pizarro.
Sin embargo, tras su lectura, identifico en el libro una serie de, para mí errores, que disminuyen en gran medida el interés y calidad de la obra, pese a lo atrayente del tema en cuestión que plantea.
En primer lugar, y salvo los primeros capítulos, el libro carece de capacidad de síntesis que facilite una comprensión integradora de los hechos. Si bien los primeros capítulos sí tratan ciertos temas de una forma global y sintética, como son las motivaciones de los caudillos y sus seguidores, las penurias de cierto tipo que sufrieron, o la organización de las empresas, el resto de episodios son descripciones llanas y prolijas de las diferentes expediciones. La narración es densa debido a la gran cantidad de detalles que incluye. Además, al repetirse ciertos patrones en las empresas, estas muchas veces se convierten en una pormenorización de nombres de territorios, caudillos y exploradores, con la consiguiente enumeración de hombres y bestias heridas, muertas o enfermas. Estas exposiciones se repiten a lo largo de los capítulos subsiguientes, y en algunos casos se hacen demasiado repetitivas, faltando hilos conductores o enlaces a través de la narración.
En segundo lugar, al carecer la narración de tensión, interés literario, tono didáctico o ligereza en la lectura, podríamos pensar que nos hallamos ante una buena obra de consulta. Sin embargo, el libro carece de un índice de nombres, pese a que, debido a su estructura, muchos de estos se repiten y reaparecen a lo largo de capítulos. Por ejemplo, varias historias que se nombran en la parte de síntesis, son desarrolladas más tarde. Otro ejemplo: la historia de Núñez Cabeza de Vaca se desarrolla en esa parte de síntesis, mientras que el resto de viajes en zonas norteamericanas tienen lugar en un capítulo aparte. La falta de un índice hace muy frustrante seguir las referencias a nombres que ya han aparecido previamente.
En tercer lugar, la obra carece de fluidez y estilo literario. El autor utiliza constantemente oraciones largas, que a menudo se extienden durante párrafos enteros. Abusa de las comas y subordinadas, lo que genera una lectura densa y poco ágil. Algunas frases se hacen difíciles de entender de una vez y deben ser leídas de nuevo. Ese estilo es seguramente el que abunda en las fuentes originales, y de algún modo puede que el autor quisiera rendirles honor tanto en estilo como en vocabulario, pero ello tiene un precio literario. Como no, la obra carece de un glosario.
Finalmente, los mapas brillan por su ausencia en este libro (se cuentan con los dedos de una mano) lo que es un pecado capital en un libro divulgativo sobre exploraciones, en el que abundan topónimos en desuso o de tierras poco conocidas.
Para finalizar, pese a que el tema es interesante, y se aprecia el intento del autor de crear una obra cruda y objetiva, la misma está lastrada por los puntos enumerados anteriormente. Todo ello le resta atractivo, y en mi caso concreto, me costó terminarla. Diría incluso que, como se dice ahora, se me hizo bola.