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Arte degenerado. La exposición de 1937

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272 pages, Paperback

Published March 11, 2024

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Juan Francisco Pastor Paris

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Profile Image for William W..
8 reviews2 followers
February 27, 2025
He aquí un libro sobre un tema bastante interesante aunque complicado de abordar, como es la exposición Entartete Kunst que llevaron a cabo los nazis en el 37 para denigrar a las vanguardias artísticas. Probablemente, en manos de cualquier otro autor, el libro se habría convertido en una tediosa investigación de datos, nombres, fechas, albaranes y demás morralla. Para Juan Francisco Pastor Paris, que ya nos ha acostumbrado a ensayos brillantes y arriesgados, el tema es un vehículo para llevar a cabo un tremendo ejercicio de crítica de arte, pero no sólo eso. También de pensamiento filosófico, político, antropológico y literario, todo ello llevado a cabo con una lucidez fuera de lo común. Lucidez encabalgada en ese nihilismo acerado e implacable, marca de la casa, que no deja títere con cabeza ni muestra temor alguno en despiezar a las vanguardias, a los nazis, al comunismo rampante, a la condición humana y a todo lo que se le pase por delante. Todo ello mientras plasma algunas teorías verdaderamente novedosas y transgresoras, poco vistas en la historia del arte.
En realidad, el nivel de transgresión del libro es como un puñetazo en la boca, un golpe al que el lector no estará muy acostumbrado, menos en estos tiempos de sectarismos y polarizaciones. Eso es algo que, tristemente, hace de este ensayo un texto no apto para todos los públicos. No todo el mundo podrá apreciar el grado de libre pensamiento del autor y su carencia de trabas intelectuales y morales. Se necesita una mente abierta que abandone dogales e ideologías maniqueas y se encuentre permeable a la reflexión y a poner boca abajo ideas y creencias preestablecidas. Si a eso le sumamos el necesario bagaje cultural -muy elevado, dado que esta vez el autor prescinde de concesiones-, tenemos un libro que hoy día no está al alcance de cualquiera y que seguro picará (e incluso enfurecerá) a más de uno. No obstante, los lectores amplios de miras con cierto nivel que no tengan miedo en abordarlo se encontrarán con que es, sin duda, uno de los mejores ensayos de arte de los últimos años.
Profile Image for Samira Marei.
1 review
March 29, 2025
No suelo escribir reseñas de los libros que leo. De hecho, es la primera que hago aquí. Suele darme pereza ponerme a escribir después de leer. No obstante, con éste me voy a animar porque creo que se merece unas líneas y todavía me está dando vueltas en la cabeza.

Hacía tiempo que no leía algo semejante. Cuando lo empecé pensaba que se trataría de un monográfico dedicado a la famosa exposición nazi sobre lo degenerado de la vanguardia, un tema que me interesaba. Acostumbrada a otros ensayos, esperaba una investigación de datos y fuentes bastante espesa, de la que con suerte se podría entresacar algo de petróleo. Y el libro tiene muchos datos, pero no va por ahí la cosa. Centrándose en la expo nazi, esto es un ensayo mayúsculo sobre la naturaleza de la vanguardia en su relación con los totalitarismos de principios del XX, tomando el arte como crisol de todo lo que se estaba liando en aquella época. Filosofía del pensamiento, historia, política y literatura se dan la mano con el arte en un texto agresivo, violento incluso. Esta violencia -quizá necesaria para derribar tópicos- se une a la valentía de un autor que no parece temer el meterse en camisas de once varas todo el rato. Y digo TODO el rato. Memorables son sus somantas de tortas a Picasso, a Mondrian o a Breton. También al comunismo en todas sus vertientes. Esto último, que se hace con cierta saña, me parece necesario no ya para contribuir a desblanquear esa ideología, sino para que probemos el caldo en el que se cocían vanguardias como el surrealismo o el dadaísmo, las cuales -al igual que el comunismo- no estaban tan lejos, en cuanto a ideas totalitarias, del nazismo.

También en relación a eso es interesante cómo el autor levanta el tapete para mostrar que, debajo de la mesa, los nazis y ese expresionismo alemán tan degenerado hacían manitas entre sí, en plena pesadilla de entreguerras. Es algo que ya había apuntado Siegfried Krakauer con el famoso libro "De Caligari a Hitler" que estudiábamos en cine. Juan Francisco Pastor Paris va más allá y pone toda la carne en el asador para tratar de derribar el común de las opiniones de crítica y público sobre el arte nazi (lo de que es simplemente un neoclasicismo propagandístico y académico) con la novedosa teoría de que en él se cobija lo grotesco, tanto o más que en el expresionismo de pintores como Otto Dix. Y lo que podría parecer un absurdo, por todo lo que tenemos asumido desde siempre como verdad universal, tras mascar su argumentación no lo es tanto. Hay veces que, como dice cuando cita a Thomas Mann poniendo como ejemplo algún que otro cuadro de Ingres, lo más grotesco es el efecto de verosimiltud espeluznante. Y todavía más en el caso nazi, cuando encierra oscuridades de auténtica pesadilla conceptual. Hay que vislumbrar lo que acecha tras lo obvio, tras lo que nos entra de primeras cuando nos encontramos ante la obra artística. Pero para ello, en lo que al nazismo se refiere, hay que dejar atrás moralinas. Eso no siempre resulta fácil.

Las únicas pegas que yo pondría es que habría sido necesaria una mayor distancia, o frialdad si se quiere, en el acercamiento a movimientos complejos como La Bauhaus, que el autor golpea sin piedad pero que no se detiene mucho, o que en su analizar unos a otros se deja en el tintero al constructivismo ruso... Olvido extraño porque habría sido un ejemplo para hablar del totalitarismo en las artes desde el lado de la izquierda. En fin, aún con eso, éste es uno de los ensayos más tremendos que he leído en mucho tiempo. Supongo que de haberlo escrito alguien más conocido habría copado textos en suplementos culturales importantes o programas de entrevistas (no lo ha hecho, que yo sepa). En cualquier caso, para bien o para mal, no creo que pueda dejar indiferente a nadie. Tiene todas las cartas para hacerse un libro de culto. Si no, al tiempo.
29 reviews1 follower
April 4, 2024
Utilizando la terminología psicoanalítica del autor, el texto tiene algo de sublimación. JF Pastor París sin duda toma una actitud agresiva ante su objeto de estudio, las primeras vanguardias artísticas, y se contagia del período belicoso que analiza para ajustar cuentas con ellas. No es sadismo, quizá tampoco una crítica bdsm, pero tiene algo de libidinoso su ofensiva y, también en ciertas ocasiones, el elogio, hacia los artistas de la época. Al autor le pone el artista individuo y le disgusta el artista que se entrega a las ideologías totalitarias, la filia y la fobia, pero siempre con látigo, y siempre con gusto.

Los resultados de la interpretación y análisis, nos dicen sin duda que la Historia del Arte contemporánea no hubiera sido la misma sin que los nazis metieran sus narices en el arte de vanguardia. Este texto brillante nos lo explica tomando una posición incómoda, a veces kamikaze, para explicar la compleja relación entre vanguardias y totalitarismos.

La historia detrás de la exposición "Arte Degenerado", montada en Munich por el gobierno del Reich, responde a la voluntad de perseguir y censurar las vanguardias y a sus artistas, sin embargo, el texto nos muestra que hay mucho más que la mofa y el escarnio nazi. Es decir, para el propósito del texto, las consecuencias y las causas de este evento, tienen un largo alcance en como entendemos la relación de las ideologías modernas, capitalismo, comunismo y fascismo, con el Arte Moderno.

Pastor París se atreve a subirse a un bombardero de la Luftwaffe, sí, no un B-52 precisamente, y recorrer las ciudades europeas lanzando bombas allá donde encuentra un artista que ha utilizado el comunismo o el fascismo para encubrir la falta de talento en su obra. Este avión hace paradas en el París anterior y posterior a las guerras mundiales, además de hacer escala en la Alemania nazi, en una acto de autodestrucción necesaria, y pasa de refilón por la España de la guerra civil. Su destino, Nueva York, no si antes visitar el Moscú revolucionario, donde aterriza para señalar a los grandes barones del capitalismo americano, que siguieron el puntero nazi para hacer diana con sus compras y, así engordar sus flamantes fundaciones y museos con el arte europeo que haría de la gran manzana la capital del mundo.

Sólo echamos en falta cierta distancia, de vez en cuando, entre este recorrido del texto y sus objetivos. El texto renuncia a tomar una perspectiva más académica cuando tiene la oportunidad y, se arriesga a agotar su munición fusilando a sus víctimas cuando ya yacen sin vida. Por ejemplo, sus bombas interpretativas tratan de borrar del mapa la arquitectura de líneas rectas de la Escuela Bauhaus, y aunque yo mismo me deleite imaginando la voladura de este tipo de edificios que han impuesto tanta pesadumbre a tantos europeos, hay sin duda un análisis técnico que aportaría beneficios a su interpretación.

Donde el recorrido de desolación crítica brilla más, es cuando las bombas se convierten en misiles de precisión y escogen sus víctimas de manera quirúrgica, sin duda algo que la Luftwaffe no tenía a mano, y más parecido a la acción de un drone estadounidense en el siglo xxi. Picasso y Kandinksi pudieran haber estado en el mismo lugar debajo de nuestro piloto-autor pero sólo el primero recibe su munición. Es más, Picasso ya ha pintado el Guernica cuando muere bajo la bomba crítica. Pastor París se convierte en francotirador de precisión cuando el pintor panfletista se esconde entre sus coetáneos, y en la mayoría de las casos, no encontramos víctimas colaterales.

3 reviews3 followers
November 20, 2024
Arte degenerado (La exposición de 1937), ensayo de Pastor París, supone, por una parte, una descripción precisa de lo que la élite nazi del III Reich denominó “Entartete Kunst”, encarnado en las vanguardias artísticas alemanas y europeas, imbricadas en tiempos de turbulencia y caos que llevaron a Europa y al mundo a la peor de las deflagraciones, a la par que, el propio ensayo, nos regala opiniones arriesgadas -y muy posiblemente acertadas- de un autor que no teme la controversia, nadando a contracorriente en una época, la de las últimas décadas, que sin duda podríamos catalogar de “lanar”, con el permiso y el respeto del ganado ovino, más libre y noble que el rebaño antrópico.
Este excelente libro recorre la exposición de Múnich en 1937, llevando a cabo un análisis minucioso de aquellos autores y sus obras, que Hitler y su demente e inseparable élite, pretendieron utilizar como contraste frente al arte “sano” que, según el partido nacionalsocialista, era propio y representaba la carne y el espíritu del pueblo alemán, con su esencia germánica como clímax de la evolución de nuestra especie.
Pastor París lleva a cabo una más que fundamentada crítica, plasmando su discrepancia con la opinión del gobierno del Reich y exponiendo la enorme valía artística de Otto Dix o Max Beckmann, sin olvidar la importancia también artística y/o comercial de otros como Wasily Kandinsky, Paul Klee, Picasso e incluso el decimonónico -entiéndase el término sin un ápice de connotación peyorativa- Vincent van Gogh, artistas que Hitler y su camarilla contrastaban con Arno Breker y demás colegas encargados de reflejar la supuesta grandeza de un pueblo, una nación y una forma de entender el mundo y su actitud ante el mismo.
Más que interesantes resultan los “ajustes de cuentas” del escritor con Picasso y otros artistas, e impactantes sus reflexiones acerca de la contradicción nazi, en tanto que la propia esencia del partido resulta inseparable de las mismas vanguardias que detestaban, y al menos parcialmente, no precisamente como contraposición.
Los nazis como Bohemios armados que se nutrieron de las miserias de la Gran Guerra, la locura fallida en su intento de denigrar conceptos artísticos de gran valor o las vanguardias como motor y tal vez génesis parcial o expresión de las ideologías totalitarias nazi y comunista que asolaron las sociedades que cayeron bajo su bota o que resultaron agredidas por su expansionismo, constituyen la amalgama de análisis y teorías que, en este libro, se complementan con una disección del arte en sí propia de un experto en la materia como es el autor y que hacen del libro un ensayo mucho más que recomendable para quienes gustan de analizar la historia y el mundo más allá de lo mil veces escrito.
Profile Image for Alejandra Elena.
4 reviews2 followers
April 11, 2024
Creyéndose adalides de la Armonía Universal tañida entre los hilos dorados de la lira de Orfeo, el dios griego que Píndaro bañó en fulgurantes desvelos líquidos mas acompasados sus arrullos (prólogo de torrenciales oleajes como el de Maelström, conducentes en demoníaca espiral descendente hacia la locura sublime de Poe) con el suspiro exhalado por las huestes de la raza de los elegidos en sereno reposo tras la contienda levantada en defensa del Paraíso frente a las garras putrefactas de la Muerte y la Culpa anunciados por Milton entre fanfarrias mefistofélicas, creyéndose los héroes de la mitología moderna… Nunca sustancia alguna se alejó tan sobremanera de la bucólica materia que pisaban o creían pisar los alemanes románticos de sueños sin destino tras el cataclismo moral y espiritual que voló por los aires el puerto de incognoscible ventura, del sentido del Selbst, el Yo, y el Geist, el Ser, tras la Primera Guerra Mundial.

Así como Orfeo no entona salmos a la mesura, sino que canta a la Belleza del Caos en mitad de un estado propio de furore bacanal que envuelto en vapores cenicientos desprendidos por las grietas del Hades eleva su quejido de inmortal desidia con el fin único de que su voz trémula alcance los huesos pútridos y descompuestos de su amada muerta…

El grotesco canto sublime a un cadáver, ése es el canto que los nazis elevan entre estallidos de obuses a los desechos y miseria pútrida y quebrada, en mesiánica reminiscencia a la quema de la ciudad de Roma de Nerón, el cual pretende trascender su propia materia humana a través de sí mismo, de su propio ser desfigurado, o lo que es lo mismo, des su propia desesperación; pues sólo la melancolía disfrazada de burla hacia uno mismo puede resultar en tamaña hipocresía tan excelsa y soberbia cuanto más absoluta en el pináculo de su expresión.

El autor del ensayo que tan reveladora reflexión nos suscita, Juan Francisco Pastor Paris, nos esclarece, una vez más entre su ingente obra crítica, la forma y el sentido de tan desolador paisaje a través de una compleja labor artesana de enhebrado del tejido universal de las artes teñido, eso sí, con gotas de sangre de su propia melancolía y rencor frente a la banalidad del mal, gracias al cual el lector podrá descubrir dicho tapiz en el que, con desazón a la par que elevada sublimidad, encontrará en la historia política, artística, filosófica, social y cultural de la Alemania nazi de la segunda mitad del siglo XX.

Descanse en paz Orfeo y el jinete napoleónico de raza aria porque la lira vuelve a tañerse en lírica prosa de verdad y belleza tras la imparable purificación destructora de las formas constructivistas llevada a cabo por el crítico como artista.

Alejandra Casuso ©
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