A través de la mirada de una genial narradora, madame Pratolungo, republicana ar-diente que una vez vivió sólo para «el sagrado deber de derrocar tiranos» y ahora se ve en la necesidad de contratarse como profesora de piano y dama de compañía, La pobre señorita Finch (1871-1872) cuenta la historia de una joven ciega, «tan franca como intrépida», que, en el trance de recuperar la vista, se encuentra en el centro de una red de mentiras piadosas y engaños malignos tejida por los dos hermanos gemelos que es-tán enamorados de ella. Intrigas, conspiraciones y un tremendo «laberinto de mentiras» ponen a prueba la fidelidad y la entereza de una mujer que, acostumbrada a tener la vista «en las yemas de sus dedos», y abocada ahora a un tortuoso desequilibrio entre la visión y el sentimiento, acaba renegando del don que gracias a la medicina ha recobra-do. En esta novela, Wilkie Collins explora anticipadamente algunos de los hallazgos de la moderna psicología de la percepción, a la vez que construye una historia de amor y rivalidad sumamente anómala y compleja, que mezcla inusitadamente su talento para el realismo doméstico con la irreal atmósfera de los cuentos de hadas. La novela es además una cumplida y muy collinsiana lección narrativa sobre la culpabilidad y la incoherencia de un punto de vista que busca, pese a todo, la exactitud.
Wilkie Collins was an English novelist and playwright, best known for The Woman in White (1860), an early sensation novel, and The Moonstone (1868), a pioneering work of detective fiction. Born to landscape painter William Collins and Harriet Geddes, he spent part of his childhood in Italy and France, learning both languages. Initially working as a tea merchant, he later studied law, though he never practiced. His literary career began with Antonina (1850), and a meeting with Charles Dickens in 1851 proved pivotal. The two became close friends and collaborators, with Collins contributing to Dickens' journals and co-writing dramatic works. Collins' success peaked in the 1860s with novels that combined suspense with social critique, including No Name (1862), Armadale (1864), and The Moonstone, which established key elements of the modern detective story. His personal life was unconventional—he openly opposed marriage and lived with Caroline Graves and her daughter for much of his life, while also maintaining a separate relationship with Martha Rudd, with whom he had three children. Plagued by gout, Collins became addicted to laudanum, which affected both his health and later works. Despite declining quality in his writing, he remained a respected figure, mentoring younger authors and advocating for writers' rights. He died in 1889 and was buried in Kensal Green Cemetery. His legacy endures through his influential novels, which laid the groundwork for both sensation fiction and detective literature.