¿Y si las respuestas existenciales se encuentran en el fin del mundo? Una divertida novela sobre las tensiones entre grupos de poder y sus fragilidades humanas.
Amaro está en un punto muerto cuando Maya, una joven diputada y amiga del pasado, aparece para cambiar el rumbo de su historia y ofrecerle el que puede ser el trabajo de su un levantamiento de datos sociales en Puerto Williams, la ciudad más austral del mundo.
Viviendo su crisis de mediana edad, Amaro se enreda en una investigación
donde termina involucrado con empresas salmoneras, grupos ambientalistas
y fuerzas municipales que lo empujan, de manera fortuita, a conocer los problemas de soberanía nacional y de la sobrepoblación de castores en la situación que contrasta con la soledad y confusión que suelen enfrentar los personajes de esta entrañable novela.
Daniel Campusano, reconocido autor y editor, nos entrega en El último castor una fascinante colección de paisajes humanos y naturales que se reúnen para explorar la mezquindad, la injusticia, el absurdo, pero también el amor y la fraternidad bajo el frío telón de fondo de la Patagonia.
Esta novela trata sobre un sociólogo que, alentado por su amiga Maya, una diputada de cierto sector de izquierda muy parecido al "Frente Amplio", se ve acorrolado para llevar a cabo un estudio sobre las necesidades de los habitantes de Puerto Williams, la ciudad más austral del mundo. La estructura de la novela es bastante simple: cuatro capítulos largos que contienen varios segmentos narrativos en voz protagonista. El héroe, Amaro, está pasando por un momento bastante amargo, por lo que su amiga, la diputada lesbiana de "Igualdad Comunitaria", mueve los hilos para que Amaro pase tres meses al sur del país realizando un estudio que, a la vez, le servirá como una estancia terapéutica. Durante su tiempo en la Isla Navarino, en Puerto Williams, Amaro descubrirá los problemas que aquejan a la zona y reflexionará en torno a ellos. Estudiará también, con la curiosidad propia de quien desea olvidar, todos los problemas ambientales que ha producido la introducción de los castores a la fauna patagónica. Lo que Amaro no esperaba, es que su presencia en la isla resultaría un tanto sospechosa por parte de los miembros de la comunidad. Un gran conjunto de personajes variopintos se nos presenta a lo largo de la novela con la finalidad de mostrarnos el gran espectro polítco que es posible encontrar cuando la comunidad se enfrenta a problemas ambientales, económicos y políticos. Dentro de este gran espectro de personajes, nos encontramos con Olivia, simpatizante del activismo ecologista, pero a la vez hija del dueño de una salmonera, con quien Amaro llevará a cabo una relación lenta, erótica y difícil. Recomiendo mucho esta lectura. La novela es entretenida, rápida, irónica, con mucho humor político y bastante actual. No es para nada una novela de izquierda, menos aún una de derecha: es la puesta en escena de los ánimos actuales, donde nadie sabe para quién trabaja, donde los problemas ambientales están condicionados por los problemas económicos, los que a su vez se gestionan a través de convenciencias políticas, las cuales tienen mucho que ver con la opinión pública, la cual siempre está en movimiento de acuerdo a motores eróticos e individuales. Emparento esta obra con otras novelas como "El Castillo" de Franz Kafka, en la que un trabajador llega a un pueblo desconocido tratando de realizar un trabajo, pero sin poder llevarlo a cabo debido a las innumerables trabas que les ponen sus jefes y los mismos habitantes del pueblo en el que iba a trabajar. Existe una constante sensación de extravío en el pérsonaje principal, lo que se acrecienta durante las últimas páginas, donde las rivalidades políticas se manifiestan en una gran protesta final contra los dueños de las salmoneras, puesto que un gran número de habitantes de la isla se sentían incómodos con que un santiaguino les dijera lo que debían hacer, es decir, una persona proveniente desde el "centro del poder". Este tema en particular es uno de los que más rescato de la novela: el resentimiento regional, o el "regionazismo". Bastante justificado para algunos, debido al daño y la gentrificación que llevan los santiaguinos que escapan de su ciudad destruída para ir a destruír los paraísos láricos, aunque se plantea que, dicho resentimiento, también pueda ser utilizado por poderes fácticos como las propias empresas extractivistas que no miden su impacto medioambiental en conjunto con los coordinadores políticos oportunistas como el personaje de la alcaldesa y, en parte, como ciertos miembros de la agrupación ecológica. En fin, léanla, muy buena.