Mateo es un hombre estable, maduro, formal. De casa al trabajo y del trabajo a casa. El resto, son distracciones. Pero no siempre fue así. Sus amigos aún lo recuerdan lleno de vida, esperanzas y sueños, con ganas de salir, viajar, relacionarse. Su comportamiento está empezando a acarrearle problemas que pueden distanciarlo aún más de los demás; quizá definitivamente. Y, lo que es peor, puede poner en riesgo la continuidad de su trabajo.
Descartada la depresión de la mediana edad, solo queda buscar explicaciones más creativas a su comportamiento.
Acabé este libro y lo primero que pensé fue: Joer, como lo he disfrutado. Pero luego pensé en la reseña. ¿Cómo iba a redactar una reseña que abarcase tanto, en tan poco espacio? Sobre todo, de un libro que cambia de trama, a mi parecer, al menos tres veces.
Bien, os pongo en situación. Mateo trabaja en una panadería y poco a poco, ha ido dejando de ser él mismo. Se ha vuelto apático, cruel e insensible. Vacío, como si fuese un mero cascarón. Sus vecinos y amigos se preocupan y quieren hacerle entender que ha cambiado y averiguar el motivo de ese cambio tan brusco. Aquí comienza la parte costumbrista del libro.
¿Que qué es eso? El primer tercio del libro parece que no va a pasar nada. Es decir, estamos leyendo una trama de pueblo, donde vemos las rutinas de los pueblerinos, de como llevan sus mañanas, del pan que vende Mateo, conocemos a todos los personajes secundarios y como van sobreviviendo al día a día. Y me ha flipado, Loli consigue que te sientas un pueblerino más, parte de esa gran familia en la que todo el mundo se conoce y los rumores corren como la pólvora.
La segunda parte, en mi opinión, es la más inquietante. En la que la trama costumbrista pasa a ser sobrenatural. O al menos, en su mayor parte. ¿Qué como es eso? Sin haceros spoilers, parece que la trama se vuelve más oscura, con toques de terror urbano y ordinario, con escenas que ponen los pelos de punta. Pero Loli no deja el libro ahí, no, ella decide cambiar otra vez las tornas y rompernos los esquemas, una vez que ya los teníamos más o menos formados.
El libro acaba, con una tercera parte, de lo más sorprendente. Es una de las cosas que más destacaría del libro. Una vez que comienzas a leerlo, jamás de los jamases te esperas que acabe de esa forma. Ni por como empieza, ni por los derroteros por los que ha ido avanzando la historia. Un libro corto que no llega a las doscientas páginas, pero que te hace sentir de todo y tiene el don de sorprender sin que suceda nada extraordinario.
La frase del final, esas últimas palabras que pronuncia Mateo hacia un personaje, hacia el horizonte y hacia los lectores, me puso la piel de gallina. Una forma super contundente de terminar y de dejar a quien está leyendo la vida de Mateo con la boca abierta.
Voy a procurar morderme la lengua en el sentido de evitar spoilers, porque (y esto lo adelanta ya la sinopsis) a Mateo le pasa algo y la lectura te empuja a preguntarte qué y por qué. No es solo lo que ves en Mateo, sino lo que sus amistades y el vecindario nota en él. Está raro. Durante varios capítulos, aunque el libro se clasifique dentro del género fantástico, no veremos nada fuera de lo normal (para bien y, me temo, para mal. Pues hay momentos que no nos extrañarán, por desagradables que sean). Y es que, aunque lo sobrenatural llegará, esta es una historia muy humana. Mira a Mateo, pero no te olvides de su entorno, ni de las personas y las relaciones humanas en general; mira el árbol, pero no olvides el bosque.
Creo que ser capaz de ver todas las cosas extraordinarias que se esconden en lo mundano es una virtud, y Loli hace gala de esa virtud a lo largo de todo el libro y a través de unos personajes a los que resulta difícil no querer (vale, Mateo nos lo pone un poco complicado). Me ha gustado mucho Mira, Mateo. El uso de los mitos y las creencias. El pan, que aunque congelado, espera calentito. Doña Manolita. La rutina.
Este libro es muy redondo, todo está super bien hilado y me ha costado mucho saber exactamente lo que estaba ocurriendo (mi cabeza se iba hacia teorías de otros géneros).
Mateo no es la persona que era hace unos años pero nadie entiende por qué ni cuál fue ese detonante.
Los secundarios han sido una parte muy importante en la historia, a través de ellos podemos ver cómo ha cambiado Mateo y su sincera preocupación por lo que ese cambio puede significar.
A Mateo le pasa algo. Lleva tiempo muy extraño: está obsesionado con el trabajo, es frío con sus amigos, ha abandonado sus aficiones y solo le importa ganar un dinero que luego no gasta. Él lo llama madurar, pero su ex pareja y sus amigos están cada vez más convencidos de que no es eso. Podría ser algo más oscuro. Sin embargo, ¿quién iba a tomarse la molestia de maldecir a un panadero de Vallecas que nunca le ha hecho daño a nadie?
Novelita corta de terror (diga lo que diga el editor) sobre las implicaciones de la madurez. Creo que es una novela que va hacia arriba: al principio le cuesta un poco coger el ritmo, cosa que tiene sentido porque el personaje principal es un pan sin sal completamente pasivo. Pero en el último tercio, cuando se van atando los cabos y empiezas a intuir qué leches le pasa a Mateo, mejora muchísimo. El final es excelente.
Aunque empezando un poco lento (lo cuál es de esperar teniendo en cuenta que el protagonista tiene la misma personalidad que una pasa) y con alguna que otra cuestión que me ha parecido algo predecible (y que aún así me ha gustado porque estaban luego bien resueltas y muy guays expuestas), este libro te mantiene enganchado por la simple curiosidad de saber qué c*ño le pasa a Mateo. Y esas últimas páginas... maravillosas. Soy una pesada con el costumbrismo, pero mi parte favorita del libro sin duda ha sido la relación entre esos vecinos y amigos y la forma de hacer barrio que tenían entre ellos.
Me ha encantado todo: la forma de escribir, la naturalidad de los personajes, el misterio... No podía parar de leer. ¡El inicio con Manolita es tan auténtico! Y hay cierto momento que he pensado... ¡Uy! A ver si este libro va a dar la clave de ciertas cosas que pasan... Aunque después ha ido por otro camino. Me ha encantado Estrella y la naturalidad con la que se ha mostrado su vida y que siga queriendo a Mateo aunque ya no sean pareja...
“Mira, Mateo”, es una novela corta cuyo final reconozco que me ha sorprendido. A primera vista parece que no cuenta nada, más allá de la vida cotidiana de un protagonista apático que hace todos los días lo mismo, y que nos deprime con su indiferencia. Luego, poco a poco, nos va conduciendo, como quien no quiere la cosa, hasta un sendero de claroscuros que tienen que ver con asuntos ancestrales y magias poderosas. Una historia que inquieta hasta el final.
No me ha gustado nada. Tiene menos de doscientas páginas, y aún así tarda mucho en entrar en acción. No me ha interesado ninguno de los personajes. Pero lo peor es el final: no sé si es que yo no doy para mucho, o es un final muy confuso, el caso es que no acabo de entender lo que pasa. Total, que no puedo recomendarlo.
El libro se lee solo. La historia sobre Mateo va creando, a cada página, esa necesidad de querer saber más sobre qué le ocurre y por qué le ocurre, pero durante la lectura, como con su final, también se anima a la reflexión y al análisis.