Tal vez a ti también te hayan dicho que como ciudadano o ciudadana tienes un gran poder. No puedes levantar el martillo de Thor ni volar como Wonder Woman, es cierto, pero, ojo, puedes votar. Ese es tu poder. Guaaaaau. ¿En serio? ¿Y cómo se explica entonces ese sentimiento, entre la desilusión y la desolación, que a tantos nos acomete en relación con el voto? Menuda papeleta… François Bégaudeau se ha propuesto diseccionar de manera radical esta pregunta. Podría haberlo hecho con un ensayo sobre la famosa «crisis de la representación», pero este libro está en las antípodas del academicismo (es un ensayo muy narrativo, en parte autobiográfico, con mucho sentido del humor y un pelín de mala hostia).
Lo primero que debemos recordar es que la democracia no está en las elecciones, sino entre las elecciones. Sin embargo, nuestras sociedades proponen lo contrario: elecciones y nada más entre ellas. Y allí donde la democracia se restringe a un sistema electoral, queda anulada de facto, al igual que el poder de sus ciudadanos. Ni Thor ni Wonder Woman, somos más bien Dráculas… pero invertidos: una vez cada cuatro años salimos de nuestros ataúdes y acudimos bien guapos y sonrientes a los colegios electorales (y luego rápido cada cual a su féretro, que mañana trabajamos). Ya no será necesario que hagamos nada más. Hay otros que se ocupan de todo. De esta manera, el votante actúa abstrayéndose (enterrándose políticamente en vida), mientras que el auténtico sujeto político debería hacerlo materializándose (convirtiendo la política en una experiencia vital cotidiana). Por lo tanto, al validar las elecciones, el votante dice «compro»: como en cualquier otro aspecto de nuestra sociedad consumista, compramos el sistema electoral y sus reglas (sobre el que no hemos decidido y que a muchos nos parece injusto); compramos las escisiones constitutivas del proceso, entre ciudadanos activos y pasivos, entre elegidos y electores…; y compramos el propio orden social no igualitario que los actuales sistemas electorales simbolizan y corroboran.
«El votante es un músico que se ha visto reducido a escuchar música. Un operario que ha de adaptarse al ritmo de la herramienta mecánica regulada por un lejano ingeniero».
He was born in Luçon, Vendée and was first a member of the 1990s punk rock group Zabriskie Pont. After receiving his degree in Literature, he taught high school in Dreux and in an inner city middle school in Paris. He published his first novel, Jouer juste in 2003. In 2005, he published Dans la diagonale and Un démocrate, Mick Jagger 1960-1969, a fictionalized account of the life of Mick Jagger.
In 2006, his third novel entitled Entre les murs earned him the Prix France Culture/Télérama.
François Bégaudeau is a movie critic for the French version of Playboy, having previously worked for the Cahiers du cinéma. He also was a regular contributor for several French magazines, including Inculte, Transfuge and So Foot. Since September 2006, he is a columnist for La Matinale and Le Cercle on Canal+ television.
He worked on the screenplay of Entre les murs, a film based on his 2006 novel, in collaboration with Laurent Cantet. He also starred in the film, which received the Palme d'Or at the 2008 Cannes Film Festival, and an Academy Award nomination for Best Foreign Language Film in 2009 (though it lost to Japan's Departures). The English language version of Entre les murs was published in April 2009 by Seven Stories Press under the title The Class.
Comienza con una declaración de intenciones: yo no voto, no es ni bueno ni malo; tengo amigos que votan y otros que no, lo cual no es ni bueno ni malo. Bien, me digo: vamos a discrepar, pero nos vamos a entender. Porque cuando empecé la lectura sabía que era un libro de reflexiones anarquistas en contra del voto con el que necesariamente no iba a estar de acuerdo. Ese principio, no obstante, me abría la puerta a encontrar puntos de acuerdo y esperar tolerancia por parte del autor hacia los que sostienen otra postura. Sin embargo, conforme avanza el libro, la fachada de tolerancia va cayendo. Se queja -con bastante razón- de que gran parte de los "votantes" miren por encima del hombro a los que optan por no votar. Sin embargo, acaba sin querer aplicando esa misma actitud desde su lado hacia los que votan, a los que tacha de cómplices del sistema. También argumenta que votar no es un acto político (discrepo profundamente), sino que la política está en lo que ocurre entre las elecciones (en esto sí estoy de acuerdo: la política es todo, tanto votar como lo que ocurre entre elecciones). Plantea además un falso dilema: como la gente vota se convierte en sujeto pasivo y deja de ser agente político. Pues lo siento, pero no: participar activamente en la sociedad civil, manifestarse, organizarse, tratar de influir en decisiones no está reñido con votar. Son complementarios. Sinceramente, con la que está cayendo, creo que está quedando más que claro los efectos de no votar solo por el hecho de que no te satisface plenamente ningún candidato y te parece que el sistema es defectuoso. El libro es entretenido y tiene puntos de humor. Antes de la Trumpisonadora es posible que le hubiera dado una estrella más, pero ahora mismo no tengo el ánimo para nihilismos. El voto es la primera y frágil línea de defensa y no me apetece frivolizar con él.
Un llibre que et reafirma la convicció abstencionista davant la matraca dels "si no votes després no et queixis, si no votes vindrà la dreta" quan en realitat han estat ells, el seu vot i el seu immobilisme el que els han deixat entrar fins a la cuina.
Bégaudeau a raison de se méfier de l'isoloir : on n'a jamais vu un bulletin de vote soulever une usine. À l'urne, le citoyen dépose son pouvoir comme un manteau au vestiaire, puis revient le chercher cinq ans plus tard, parfois dans un état qui ne lui permet plus de le reconnaître. À l'assemblée générale, au contraire, on discute, on s'engueule, on décide d'une action concrète. La politique retrouve des bras, des voix, une prise sur le monde. Mais que faire lorsque l'assemblée déborde de ses murs ? Une usine n'est pas un pays, et la société ne se laisse pas gouverner comme une réunion de grévistes. Il faut encore organiser la rencontre de décisions contradictoires, coordonner les actions, faire durer les conquêtes. Bégaudeau ouvre la porte de l'isoloir, mais laisse en suspens la question de ce qui se passe une fois dehors. L'assemblée générale est une forme de démocratie ; reste à en faire une forme de gouvernement. Dénoncer la dépossession ne suffit pas à organiser le pouvoir qu'on entend rendre.
Pour Bégaudeau, la dite démocratie représentative et les élections, le vote ne sont en fait aucunement un geste politique. Le vote atomise la politique, la politique du réel et du quotidien des mouvements sociaux et des classes laborieuses, de la constitution des rapports de force matériels, du conflit et de la résistance au système dominant basé sur l’exploitation capitaliste, l’argent et la propriété. Empreint d’un lyrisme magistral , le livre ce veut un peu du réchauffé des arguments contre le vote des anarchistes et des marxistes autonomistes des siècles passés. Au final le vote sera toujours un vote pour l’ordre et le statut quo, car le système électoral et l’état a été créé par la bourgeoise pour la reproduction de leurs privilèges et intérêt. Abstentionniste pour sur. J’ai bien aimé.
Un livre rapide qui me rappelle les raisons de mon abstentionnisme tout en respectant le vote des autres! Pas trop accroché à l’écriture qui me semble assez fouilli et je n’ai pas appris beaucoup de nouvelles choses mais un petit pic de rappel qui ne fait pas de mal.
NB à moi même : a relire quelques semaines avant les prochaines élections présidentielles pour ne pas me décevoir moi-même en votant au second tour lolilol
Un livre à lire. François Bégaudeau pose des bases quant au fonctionnement du système politique et électoral en France aujourd'hui. Tout en gardant un respect nécessaire face à celles et ceux qui ne partagent pas son comportement et ses choix politiques.
Globalement intéressant mais ça n'a pas été une révolution pour moi. Certaines idées sont pertinentes et très bien expliquées, d'autres m'ont parues plus éparpillées.
Hay cosas con las que se pueden estar de acuerdo y cosas con las que no; o quizá se lee y no se está de acuerdo con nada, mas con que la reflexión es pertinente. Porque lo es.