Un señor de Barcelona se muda a Madrid. Allí mira el mundo con renovado y madrileño estupor. No solo eso: acude con frecuencia a Las Ventas, acude al váter y a la tienda. Visita el rodaje de La sociedad de la nieve y es invitado a una boda. Camina incesantemente las calles y en sus cavilaciones se enfada con los amigos que se han domesticado, despotrica acerca de películas y de cine, rememora con cierta amargura a las antiguas amantes. Un día, se reconoce como burgués sin dolor y recuerda lecturas felices y veraniegas; recuerda, de paso, otras tonterías. Lo vemos volver temporalmente al terruño y hacerse una escapada a París, y en esencia nada cambia, el mundo hierve y todo cambia, todo muere menos el caminar. El mejor escritor de España no sabemos dónde está, pero estas páginas inefables parecen convocarlo sin rubor y se convierten en una especie de hito de una literatura libre y arbitraria y con estigma.
4 estrellas con despuntes de 5 pero también de 3, porque se me hace bola la reiteración en el propio hecho de escribir, lo cual entiendo como inseparable de una idea de escritura rítmica y sin propósito, de un libro que no tiene argumento más allá del yo y sus intereses o preocupaciones. Aún así, me lo he leído en un soplo y lo he acabado subido en una bici estática, dando pedaladas sin propósito de avance. No sé qué significa eso pero ahí lo llevas.
Rubén Lardín siempre ha sido un escritor increíble. Capaz de lo mejor y lo peor. En este caso Las ocasiones es un La mano contra el sol impreso. Grandes fragmentos que se releen y otros tantos que se saltan sin pudor, estática que llena páginas. Eso. De tres, a veces de cinco y otras de uno. Hice un promedio.
Está lleno de momentos brillantes. A veces me pierdo dentro de la forma que tiene de desentrañar sus ideas, pero vuelvo a conectar y lo hago con fuerza.
Este libro no trata sobre nada y va sobre todo.
Me ha gustado compartir estos ratitos con Rubén Lardín.