En el amor y en la guerra, todo vale... por poco tiempo. Y las vidas lo que menos. O así parecen sentirse los protagonistas de este drama romántico de mercenarios y asesinos a sueldo en una ciudad en blanco y negro, conviviendo con la muerte a diario. El evocador título,
Perros en la ciudad de la nieve color ceniza
, y la llamativa portada nos predisponen al lirismo de las relaciones románticas complejas de estos supervivientes que ven a su entorno reducirse tan rápido como las canas brotan en sus cabellos.
Este acercamiento de Boushi al BL, donde el drama pesa más que el romance, habla de pérdida, de duelo y de la búsqueda del modo de rellenar los vacíos que dejan en el alma. No en vano, la elección de protagonistas más curtidos por la vida, envejecidos por la experiencia más que por el paso del tiempo, ya garantiza una mayor profundidad en los temas y tramas. El problema que esto suscita, sin embargo, es la sensación de que la historia no fue planificada para ser tan breve, precipitando acontecimientos y revelaciones, y hasta incluyendo un breve epílogo en prosa para explicar el destino de sus protagonistas. Un sabor agridulce que va más allá del buscado, tan bien acentuado entre muertes accidentales y pequeños momentos de cotidianeidad que hacen olvidar la cruda realidad.
Este desequilibrio entre alegrías y desencantos se traslada, por desgracia, también al dibujo. La atmósfera es tan gélida como promete, el ambiente transmitido es ciertamente el de una ciudad desolada, y los rostros de los personajes tienen gran personalidad (o nariz). Pero la frecuencia de primeros planos dificulta en ocasiones adivinar qué personaje está hablando, ya que a menudo comparten facciones y expresiones (y cierta tendencia al estrabismo). Si a esto le sumamos al personaje del (adorable) perro y el giro que provoca, la intención de la mangaka queda diluida, poco clara, mitigando el buen sabor de boca que quiere dejar al final.
En resumen,
Perros en la ciudad de la nieve color ceniza
queda como un ensayo-error muy atractivo e interesante que merecía mejor suerte, acaso con una mayor extensión, pero que no está a la altura de sus pretensiones. Aun así, sí que cumple con la voluntad expresa de la autora de que siente "como una taza de té bien calentita".