«No estoy aquí para contar la guerra de Troya. Esta es la historia de mi carne, allí donde coincidieron la muerte y el amor».
Con estas palabras de Patroclo, compañero de armas de Aquiles, comienza el monólogo de En mitad de tanto fuego , el canto de un personaje mitológico que fue, ante todo, carne enamorada y deseo.
Tomando como punto de partida el canto XVI de la Ilíada , el dramaturgo Alberto Conejero nos brinda una aproximación personal e íntima al poema de Homero, una nueva mirada vivida y contada desde un personaje secundario en el relato habitual, tan discutido como fascinante y Patroclo, el «más amado» por Aquiles.
En mitad de tanto fuego —que enlaza diversasépocas y donde aparecen referencias y citas de, entre otros, Safo, Pedro Lemebel, Anne Carson o Luis Cernuda— es un intento de contar la historia de otro modo, un alegato antibelicista y una muestra más de la impotencia del arte ante la guerra; un oratorio por las víctimas que habla de conceptos como el poder, la pasión, la violencia o la patria.
Alberto Conejero, ganador del Premio Nacional de Literatura Dramática en 2019 y uno de los autores de teatro españoles más reconocidos, comparte así la belleza, el misterio y la oscuridad de un poema épico y nos acerca a una obra fundamental de la literatura clásica griega.
Dijo Homero que la guerra es la «fuente de todas las lágrimas» y nos mostró que incluso los vencedores salen para siempre derrotados.
nota real:4'5⭐️
Esta fue una lectura que me estuvo acompañando durante dos de mis clases de griego y creo que Andrea nunca me había hecho una recomendación tan acertada.
Mi primer contacto con Alberto Conejero es uno de amor y dolor en ambas cantidades. La mitología griega me ha hecho compañía por tantos años y cada vez que me topo de casualidad con nombres familiares como Patroclo o Aquiles, mi corazón se enternece. La forma en que Conejero toma esta clásica tragedia y la convierte en algo mucho más apasionado y bello que solo muerte y destrucción, me conmovió. Me encanta leer re-imaginaciones movidas por el amor y esta no fue la excepción. Los amates de la Iliada tienen que darle una oportunidad a esta maravilla, porque es única y vale cada segundo que inviertan en su lectura.
un canto a Patroclo y a Aquiles, pero no solo eso. también es un homenaje a Pedro Lemebel, a Safo, a Cernuda. a todos los deseos libres y disidentes de la cultura occidental. a alberto conejero yo le rezo ♥️ “el recuerdo de un cuerpo es siempre la ausencia de ese cuerpo” “todas las historias de amor son historias de fantasmas” “dijo Homero que la guerra es ‘la fuente de todas las lágrimas’ y nos mostró que incluso los vencedores salen para siempre derrotados”
Increíble… es precioso, durante todo el libro se me ponían los pelos de punta. Sin faltar en ningún momento al libro más importante de la historia (la ilíada) y siendo sumamente homosexual… creación perfecta si me preguntan. Sin duda leeré otras obras de Conejero 🥸👏🏼👍🏼
hacía tiempo que no disfrutaba tanto de un libro!!
«quiero levantar una hoguera con los días felices, necesito hacerlos arder y alumbrarme con ellos».
«Yo sólo pienso en nosotros. Pienso en la primera vez que te vi, allí en el palacio de tu padre. Pienso en la primera vez que te besé junto a la ruidosa orilla del mar. Pienso en los días en el monte Pelión. Mi cuerpo se llena de recuerdos. Mis heridas se llenan de recuerdos. ¿Van a desaparecer todas las cosas conmigo? ¿Va a morir el mundo inmenso conmigo? No quiero morir. «Piedad». Piedad imploro. Conjuro tu risa. Conjuro la temperatura de tu cuerpo durmiendo junto al mío. «Una sola noche puede hacer de un hombre un dios». Conjuro al niño raro que fuiste y al niño raro que fui. Conjuro nuestras soledades buscándose en el mundo. Conjuro el prodigio de nuestro encuentro. Conjuro nuestros abrazos. Conjuro la locura del animal adentro, conjuro nuestra cópula. Conjuro la imagen de tus manos, tus ojos de estatua. Conjuro tu voz anidando en mi pecho. Conjuro tu ausencia derramándose sobre mis ojos. Conjuro el deseo, el fuego ciego. Conjuro al hombre que fui amándote».
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Para mí, es una extensión preciosa y pura de la relación entre Aquiles y Patroclo. Incluso siento que a pesar de lo corto que es, es magnífico. Se nota la importancia de La canción de Aquiles en el autor, te quedas con ganas de más y esa es la mejor sensación.
“La primera vez que te vi entraste en mi pecho como una lanza, mi sangre crepitaba y todo lo que había conocido se desvaneció.
“Todas las historias de amor son historias de fantasmas. Y todos estamos destinados a los fantasmas.”
“No tengo envidia de los inmortales. Porque sé que todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa. Por eso desde que te conocí, Aquiles, intento llenar de eternidad lo que es efímero.”
Brillante. Empecé a leerlo en mitad de un vuelo a Barcelona y lo acabé antes de desembarcar.
Alberto Conejero nos trae un mito griego al hoy respetando la esencia de la tragedia clásica pero dotándola de las dosis adecuadas de ritmo y referencias refrescantes. Lo que aquí nos propone es una mirada sobre el pecho de Patroclo. Un amor en vida y muerte que trasciende idiomas y épocas. Más allá de la trama, que ya la conocemos, hay que reconocer el mérito de su autor al asumir el riesgo estilístico de colarnos prosa lírica en un monólogo teatral.
Qué envidia Patroclo. Cuánto amaste, y qué bien te han recordado.
Partindo da história e da voz de Pátroclo (e de Aquiles) nesta obra dramática Alberto Conejero cria uma tensa mensagem contra o belicismo e a guerra. Num momento em que vivemos numa sociedade crescentemente militarista este texto é a oportunidade de pensarmos no caminho que fazemos.
Es imposible leer algo sobre Patroclo y no darle cinco estrellas. No estoy absolutamente de acuerdo con toda la interpretación que el dramaturgo hace de este personaje antiguo, complejo y maravilloso, pero el amor palpable que demuestra hacia él hace que respete su visión.
Madre del amor hermoso, ¡qué obra tan bella! La pasión, el talento y la reivindicación de Alberto Conejero se sirven del canto XVI de la «Ilíada» para volar muy alto.
«Esta es la historia de mi carne, allí donde coincidieron la muerte y el amor. Y si está noche os la cuento es porque con las palabras intento llenar el hueco de una ausencia, pero, claro, las palabras solo la hacen más grande».
«La primera vez que te vi entraste en mi pecho como una lanza, mi sangre crepitaba y todo lo que había conocido se desvaneció. Desde entonces tuve patria y no la tuve, creí en los dioses y dejé de creer, renuncié a las palabras y todas las pronuncié, quemé y ardí».
Alucinantemente hermoso. Conejero toma la voz de Patroclo para reivindicar el amor homosexual y clamar en contra de la guerra. Si bien Madeline Miller ya había reescrito la historia de Patroclo y Aquiles, sigue siendo importante decir que se trata sobre una relación gay. Parecería que los docentes y los críticos no saben leer la Ilíada. Gracias a Conejero por escribir un monólogo tan hermoso de Patroclo, y por recordarnos que la bellísima relación entre este personaje y Aquiles sigue viva mientras la continuemos leyendo y recordando.
Una historia de amor contada desde el aecundario, Patroclo. Una prosa llena de vida, una escena que te cautiva en cada palabra, cada acto, cada trocito de esta personal adaptación que llena el pecho de vida. Que maravilla ha sido leerla, releerla en voz alta, sintiendo sus pasajes. Una historia conmovedora.
"En mitad de tanto fuego" no es solo un texto de una belleza apabullante, sino que se convierte en un canto antibelicista al amor libre, a la pasión, un alegato magistral a la vida y también a la muerte.
"—Aquiles, no hay monstruo más horrible que un héroe de guerra"
Leer este libro fue como volver a mi yo del año pasado (o del antepasado, en realidad no recuerdo bien🤭) y sentir una tristeza qué me dominó cuando estuve al menos una hora llorando después de acabar la canción de Aquiles y la forma injusta en la que acabo este amor.
Gracias a una increíble recomendación me encontré con este libro y creo que se ha convertido en una de mis mejores lecturas del año. A mi generalmente me cuesta apreciar este tipo de obras (porque no las entiendo o no puedo conectar con ellas), pero habiendo leído esta y haber podido conectar de tal forma con ella, me da la posibilidad de volver a intentarlo y darle oportunidad a otras obras similares.
Y con respecto a Patroclo y Aquiles; ¿Qué más podría decir sin caer en sentimentalismos?, les tengo bastante cariño y agradezco que existan más versiones de su historia, porque la historia original (a mi parecer), no le hace justicia a los sentimientos que podrían haber tenido en el momento de los acontecimientos y porque desde mi perspectiva, ellos si se amaron.
Además de increíble, recomiendo este libro a ojos cerrados, pero antes de leerlo se necesita tener un contexto previo o al menos conocimiento general sobre la historia de Aquiles y Patroclo.
Y aquí dejo una de las frases que adore: "Todas las historias de amor son historias de fantasmas".
La representación que fue en zozobra de emoción, aquí con el deleite y la pausa de lo escrito. Merece un subrayado continuo. Si se habló antes de un texto bello, fue a falta de éste. Apología de tanto bueno: amor, paz, diversidad, que son palabras de todos los tiempos, siempre bajo la amenaza de masacre.
-Aquiles, solo te pido una cosa: no persigas la gloria. -Aquiles, no hay monstruo más horrible que un héroe de guerra
Por las patrias por venir, donde los héroes nacionales sean maricas.
Estoy demasiado segura que fue uno de los mejores libros que he leído en este año. La manera en como me conmovió en las primeras páginas, la forma en como el autor retrata la tragedia amorosa entre Aquiles y Patroclo es simplemente fascinante, no había llegado un libro que me haga sentir hasta el punto de humedecer mis ojos con el simple hecho de las palabras.
Sin duda alguna desearía ver esta obra en persona y presenciar cada momento en el que comparten estos dos personajes.
Alquiles y Patroclo siempre me acompañaran como el recuerdo más triste, romanticamente hablando.
"No tengo envidia de los inmortales. Porque sé que todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa. Por eso desde que te conocí, Aquiles, intento llenar de eternidad lo que es efímero."
“Porque yo no estoy aquí para hablar del «compañero devoto», ni «del más querido entre los soldados», yo estoy aquí para reventar los eufemismos, para hablar del amante insaciable.”
Menuda obra que hay metida en medio de tan pocas páginas.
Se notaba la influencia de Madeline Miller, de cuyos libros no soy fan, pero Alberto Conejero se ha lucido.
“No estoy aquí para contar la guerra de Troya / Ésta es la historia de mi carne, / allí donde coincidieron la muerte y el amor / Y si esta noche os la cuento / es porque con las palabras / intento llenar el hueco de una ausencia, / pero, claro, las palabras sólo la hacen más grande.”
“¿qué hay después del último canto? Cincuenta mil ataúdes de zinc. ¿Qué hay después del último canto? Alguien que busca entre los escombros a alguien, alguien llora ante una lápida y repite un nombre. ¿Qué hay después del último canto? Alguien que espera detrás de una alambrada con una maleta y las cuatro cosas que pudo salvar. Eso no lo cuentan, pero el corazón de las epopeyas está lleno de gusanos. Porque cuando cae el primer muerto, ¿quién se salva? cuando se destruye la primera biblioteca, ¿quién se salva?, cuando se arroja una bomba porque así terminará todo, ¿quién se salva?”
“Hay quien dice que fueron las moscas y los cuervos / quienes escribieron los versos de esta historia; / porque son los primeros en tocar los cuerpos / que acaban de convertirse en cadáveres: «Cantad, oh, cuervos, la cólera de» / (No dice el nombre. Su boca es un boquete.) «cantad, oh, moscas, la cólera de» / (No dice el nombre. Su boca es un boquete.) Y luego la cantaron muchos soldados heridos, desesperados, / antes de ser ahorcados o fusilados, y luego enterrados / y olvidados / Y asi, canto a canto, lengua a lengua, / sangre a sangre, la historia que guarda mi historia / se convirtió en algo que compartir al fuego / como se comparte el pan o se entrega el cuerpo.”
“no hay monstruo más horrible que un héroe de guerra.”
“Y aquí es Patroclo y es Homero, y es el primer actor que cantó esta historia, subido en un tablado improvisado, y el primero que se puso una máscara, y el primer soldado que la leyó bajo la luz de un quinqué aterrado en una trinchera.”
“Estamos tan dentro de un río de sangre que es mejor cruzarlo que intentar volver.”
“Porque en el campamento nadie habla del miedo pero es lo que todos nos llevamos, todos, a la boca.”
“¿Y quién dirá qué fuimos / antes de la guerra, qué fuimos antes de Troya, / qué fuimos antes de poner un pie / en la arenosa orilla de la Historia? / Nadie / ¡Quién dirá que hubo una estación sin sangre, b un verano para Aquiles y Patroclo?; ¿quién dirá / que fuimos alguna vez felices / antes del canto I de la Ilíada? / Nadie.”
“La primera vez que te vi entraste en mi pecho como una lanza,”
“quiero que se enmudezcan todas las bocas que cantan las gestas y que se oxiden las espadas, que se arruinen los trofeos y caigan las estatuas; quiero que la faz de la tierra se quede limpia de templos, de epopeyas; quiero, oh, soberbia del enamorado, una gran hecatombe en la que se queme el recuerdo de todos los héroes. Y entonces, Aquiles, mira qué ridículo, nos desposaríamos, con mil ángeles extraviados; centauros y amazonas, ménades, gigantes y gorgonas y todas las estirpes de los raros tendrían un sitio de honor en nuestro banquete. Y nuestras bodas durarían doce días y doce noches. ¿Te imaginas? No tengo envidia de los inmortales. Porque sé que todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa. Por eso desde que te conocí, Aquiles, intento llenar de eternidad lo que es efimero.”
“no puedes estar enamorado / y tener miedo al ridículo / No puedes estar enamorado / y temer la humillación.”
“si alguien en el tiempo futuro encuentra mi tumba y la abre, que vea cómo todavía humea mi sudario.”
“ya no teníamos palabras en las bocas sino sonidos, y yo pensaba que así debían hablar los dioses, con un jadeo o un rumor, y a veces ponías tu boca en mi boca y respirabas como quien quiere apagar un inmenso incendio, y luego movías la lengua como se mueven las constelaciones en el cielo; y frente al fuego nuestros cuerpos arrojaban sombras por todas las paredes de la cueva, como pinturas fugaces, aquí, y allí, y allí, y yo no quería que se deshiciera nunca ese nudo vivo, y metía los dedos dentro de tu boca como quien hurga en un panal de miel, y los sacaba oliendo a tu aliento, mitad hombre y mitad dios, como es siempre un amante; y al terminar nos quedábamos tumbados el uno sobre el otro, algo más vivos y algo más muertos. Éramos en ese monte los primeros y los últimos habitantes del mundo, y éramos lobo y cordero, carne y lanza, Urano y Afrodita, destructores de ejércitos, e imaginábamos que el futuro sería de otro modo, que habría patrias en las que los héroes nacionales serían maricas y llorarían abrazados a los caballos caídos, o matrias gobernadas por amazonas, sin himnos, sin escudos, sin lanzas, sin guerras.”
“te pido que aparezcas y que celebremos con los muchachos que se visten de novia en la oscuridad del ropero y con la camarada de Safo en los disturbios, esposada y sangrando en el vagón de la policía;”
“«Un troyano nos roba lo que nos pertenece» / «Un troyano se lleva a Helena de Esparta» / «Ese príncipe, Paris, traiciona a Menelao, / seduce a su mujer, huésped en su casa. / Botín de Afrodita, la esconde en el barco / cruzan el mar vinoso y hacia Troya se escapan / ¿Por la fuerza la toma? No, pero qué importa / Ella es de su esposo, su esposo es griego y basta» / Exigen «honor», «patria», exigen la «venganza», / y a cada grito, otro, y otro, y ya sólo fuimos... grito. / Troya, de anchas murallas, Troya, con sus riquezas, / qué bien nos diste, Helena, excusa para arrasarla.”
“El recuerdo de un cuerpo / es siempre la ausencia de ese cuerpo.”
“¿Qué sentiste, tú, Aquiles, cuando no fuiste tú / sino una muchacha con mejillas rosadas?; / ¿qué sentiste vestido con suaves adornos / girando con dulzura, tan lejos de la espada? / ¿Sentiste felicidad, sentiste vergüenza? / ¿Era más arrojado ser guerrero o muchacha? / Los griegos te descubren. Te arrancan los vestidos / Te cortan los cabellos. Te ponen la coraza / En el puerto de Esciros, la muchacha que fuiste, / convertida en fantasma, te despide entre lagrimas / En las oscuras grutas del mar tu madre llora / porque la profecía va siguiendo su marcha / Y tú, Aquiles, sonríes, porque estoy a tu lado, / me prometes que juntos volveremos a casa...”
“Como la madre que espera al hijo en la madrugada / porque ya tenía que haber regresado / y suena el teléfono de repente; / como el esposo que aguarda en un pasillo de hospital / y en los ojos del cirujano comprende la desgracia; / como el padre que busca entre las olas / un milagro pero recibe un cuerpo, así tú, Aquiles, / viste aparecer al mensajero”
“al amanecer cuando estamos de risas alguien cuenta otra vez ese chiste que ya nadie entiende, el de «están fusilando soldados para subirles la moral a sus compañeros» y reímos hasta llorar y brindamos con los 23 000 soldados de la Wehrmacht asesinados por no asesinar; con la muchacha de rosados dedos que se cortó las manos para no fabricar más obuses; con el muchacho que gritó «paz» ante el batallón de fusilamiento; con los que contravinieron las órdenes y salvaron los cuadros y los retablos; con los soldados italianos que se inyectaron gasolina por no ir al frente; con el divino Siegfried Lenz, que desertó del frente oriental antes que fusilar a un compañero; con la anciana que escondió en su desván al enemigo y le llamaba «hijo»; con el comandante de ojos vivos que se adentró en el bosque para no lanzar napalm; con los franceses ajusticiados por no pisar senderos de gloria y que cantan la canción de Craonne eternamente; con Claude Eatherly, que suplicó la muerte por sobrevolar Hiroshima; con Petya, que murió en una cárcel de Moscú sin haber pegado un solo tiro; con Albert Ingham y Alfred Longshaw, parecidos a los dioses, que antes de la guerra trabajaban juntos en los raíles, y alli se enamoraron. juntos vieron el horror en el frente de Somme, y juntos desertaron y juntos fueron fusilados en el amanecer del 1 de diciembre de 1916. ¡Por todos, salud!”
“No te quedan gritos, no te quedan lágrimas, / no te quedan maldiciones ni súplicas, / no te quedan palabras, / no te queda nada excepto mi muerte.”
“mientras yo viva tu tumba estará dentro de mí.”
“Quizá alguno de vosotros / conoce parte de esta historia / porque hace muchos siglos que empezó / y todavía no ha acabado.”
“Lo único que deseo, Aquiles, es que nos dejen a solas.”
“Cuando el poeta dice «no habrá segunda Troya» es porque la primera sigue ardiendo. Da igual con qué nombre. Nunca se ha apagado ese fuego porque siempre hay alguien que reclama «gloria», «honor» o «patria», o aparece un iluminado que promete la vida eterna después del sacrificio, pero al final, al final, siempre hay una barca que se lleva un cuerpo frío lejos de la madre, o que aparta al amigo del amigo, o que separa para siempre a los amantes... y al final, al final, siempre está el principio, la carne que estuvo viva y amó y ahora es un cadáver repitiendo esta vieja historia, la que cantaron los cuervos y las moscas, la que luego cantaron muchos soldados heridos, desesperados, antes de ser ahorcados, fusilados y enterrados por los siglos de los siglos, y luego ese viejo ciego, Homero, abrió la boca y dijo: «Canta, oh, diosa, la cólera de / canta, oh, diosa la cólera de».”
Alberto Conejero: si estás leyendo esto, no dejes de escribir nunca, eres absolutamente perfecto. Vaya obra maestra! Que bien traído a nuestra realidad y nuestro tiempo, no reseño porque realmente no tengo palabras.
"El arte como memoria y advertencia. La contradicción de rescatar la belleza, nuestra humanidad, en mitad de tanto horror" (Alberto Conejero)
"Siempre he pensado que acudimos al teatro para ver aquello que la realidad no nos permite ver, que vamos al teatro a escuchar palabras que han renovado su compromiso con la verdad forzando todos los márgenes de la realidad" (Xavier Albertí)
Ésta es la historia de mi carne, allí donde coincidieron la muerte y el amor. — — — — — Porque yo no estoy aquí para hablar del «compañero devoto», ni «del más querido entre los soldados», yo estoy aquí para reventar los eufemismos, para hablar del amante insaciable. — — — — — ¿Quién dirá que hubo una estación sin sangre, un verano para Aquiles y Patroclo?; ¿quién dirá que fuimos alguna vez felices antes del canto I de la Ilíada? Nadie. — — — — — Te daré el honor. Te daré la inmortalidad para tu nombre y, entonces, quizá puedas volver conmigo, con nuestras obras humanas que no duran y por eso son valiosas, con este afán de llenar la eternidad de lo que es efímero y llamamos «amor». — — — — — Me dices: «Has muerto, Patroclo... mientras yo viva tu tumba estará dentro de mí»…
«Nos daba tanto miedo seguir como volver a casa porque: Regresas… y tus padres han muerto. Regresas… y no reconoces a tu mujer ni a tus hijos. Regresas… ¿y qué haces después de tanta muerte? ¿Cómo bajas a comprar el pan, o saludas al vecino, o paseas al perro con todos los muertos dentro, con todos los buitres dentro?»
Preciosa y melancólica obra de arte, sobrecogedora en su prosa, visual e íntima al tiempo que evoca la épica clásica de la historia que todos conocemos. Un pequeño tesoro de lectura en apariencia sencilla, aunque oculte capas y capas de sentimientos. Me ha encandilado.
Amo amo AMO los relatos tan bien cuidados sobre cómo pudo haber sido la relación entre Patroclo y Aquiles.
Inevitablemente, eso siempre me lleva a recordar la película "Troya" en la que les hicieron primos... efectivamente, muy de primos lo de agonizar por la muerte del otro de manera similar a la de una viuda por su marido, o pedir que mezclen vuestras cenizas. Bros.