Leer Las ruinas de Abades desde Tenerife no es lo mismo que hacerlo desde cualquier otro lugar. Cuando conoces el sur, cuando has caminado entre esas ruinas, cuando tu memoria familiar está ligada al municipio de Arico, la novela deja de ser solo una historia de intriga para convertirse en una experiencia íntima, porque reconoces Abades. He estado allí muchas veces. He visto la leprosería recortarse contra el cielo, he sentido ese silencio extraño que no es calma, sino espera. Por eso, desde el principio, supe que esta novela estaba escrita desde un vínculo real, desde un afecto que no se improvisa. Ana Santana describe el lugar desde sus propios recuerdos, y eso se percibe en cada escena, en cada atmósfera cargada de sombra y memoria. La historia avanza de la mano de Carla, una protagonista herida por una infancia borrada y acosada por pesadillas que regresan con insistencia. La narración en primera persona me invita a caminar a su lado, a descubrir el pasado al mismo tiempo que ella, sin ventajas ni atajos. Esa cercanía funciona porque no me deja al margen. La intriga se construye poco a poco, con un ritmo ágil que no concede tregua y con una carga emocional que va creciendo casi sin que me dé cuenta, hasta que ya es imposible soltarla. Abades y su leprosería son un escenario y una presencia constante, un espacio cargado de historia, rumores y sombras. Quien ha estado allí sabe que el lugar se presta a la inquietud, a la imaginación, al desasosiego. La novela recoge esa atmósfera y la traslada con honestidad, sin excesos, confiando más en la sugestión que en el artificio. Se nota que la autora escribe sobre un sitio que ha investigado, pero que, sobre todo, ha vivido. El elenco de personajes es más amplio y profundo de lo que inicialmente podría parecer. Cada uno aporta su propio conflicto, su parte de luz y de sombra, componiendo una galería humana reconocible y cercana. Hay lealtades que reconfortan, ambigüedades que inquietan y silencios que pesan más que las palabras. Me fue imposible no reaccionar emocionalmente porque los personajes se sienten y no se pueden contemplar desde lejos. Y es aquí donde aparece una mirada crítica, necesaria y honesta. La novela deja entrever que estamos ante una autora en los inicios de su trayectoria narrativa. La prosa es sencilla, directa, a veces excesivamente contenida. No busca riesgos estilísticos ni complejidades formales, y eso me deja con la sensación de que ciertos momentos, emocionalmente muy potentes, podrían haberse explorado con mayor profundidad literaria. No lo vivo como una carencia, sino como un punto de crecimiento, la historia sostiene el peso del relato incluso cuando el lenguaje opta por el camino más recto. Esa misma simplicidad, sin embargo, tiene una virtud indiscutible. La novela se lee con fluidez, sin obstáculos, con una clara vocación de atrapar y emocionar, y lo consigue. Las ruinas de Abades sabe a primera piedra, a cimiento, a una voz que aún se está formando, pero que ya posee algo muy valioso, una historia que merece ser contada y un lugar desde el que contarla. El final, abierto y sugerente, confirma que esta novela es solo el comienzo de algo mayor. Terminé la lectura con la sensación de que aún quedan muchas verdades por desenterrar, muchos recuerdos por despertar. Y yo, que conozco esas ruinas, solo puedo desear volver. Porque hay historias que, como los lugares, no se agotan en una sola visita.
"Las ruinas de Abades" o "Cómo se nota cuando hay cariño detrás de una historia". Ana Santana ha perfilado con esta novela una trama llena de intriga, misterio y varios asesinatos relacionados entre sí. Con mucho dinamismo y escenas dialogadas, te atrapa desde el primer momento y te lleva a través de varios escenarios de Tenerife, la isla donde vive la autora, más allá del propio Abades, el pueblo a pie de playa que da nombre al título y que conserva los restos de una antigua leprosería que jamás llegó a usarse para tal fin.
La novela gira en torno a la profunda amnesia que sufre Carla, la protagonista, y su lucha por recuperar los "recuerdos dormidos" de los que tanto tiempo han estado protegiéndola sus padres y que están vinculados a varios sucesos terribles y a un psicópata que aún sigue suelto. No faltan los saltos temporales y los diferentes puntos de vista para ir completando las piezas de un puzzle complejo, pero que queda (casi) completo cuando llegamos a la última página.
Sinceramente, partía de que la novela tendría como mucho dos o tres personajes relevantes y el resto serían secundarios sin mayor importancia. Craso error y prejuicio porque la autora navega en la psique y los conflictos de muchos más personajes, con su pizca de amor, obsesión, traición y amenazas. Si te gusta ese toque humano mezclado con la intriga y la novela policíaca, ya tienes todos los ingredientes servidos en bandeja.
Espero con muchas ganas la segunda parte que promete ser la guinda de un pastel que ha venido gestándose y que es "mucho más grande de lo que podemos imaginar", tal y como nos adelanta Julián, uno de los personajes más ambiguos de la historia. Me quedo, no obstante, con Carlos, con su desparpajo, su empatía y su sentido de la lealtad.
Ana Santana nos presenta el primer libro de esta trepidante saga en la que Carla, una de sus principales protagonistas, no recuerda nada de su más tierna infancia salvo algunas pesadillas recurrentes que tiene que parecen revelarle un oscuro acontecimiento del que ella fue testigo de primera mano. Su afán por conocer la verdad le llevará a destapar un antiguo caso de asesinato y a la caza de un asesino que sigue suelto y amenaza con destruir todo su mundo.
Una trama de ritmo tan vertiginoso y con una carga emocional tan brutal que atrapa al lector desde sus primeras páginas.
Al contarse en primera persona, el lector va descubriendo junto a Carla todo lo que rodea a este turbio y mal cerrado caso de homicidio logrando que no seas un mero espectador, sino que te sientas parte de la historia y empatices al máximo con el personaje.
Una historia que no te da tregua porque va desvelando poco a poco los secretos del pasado encajándolos con el presente de manera tan magistral que le otorgan a la trama de mucha intriga y tensión.
El desarrollo de los personajes es tan profundo que a lo largo de la lectura los amas, los odias, los admiras, los detestas,... es un carrusel de emociones!
Y por último, con ese final... ya necesito saber qué sucede en el segundo libro. Deja al lector con una expectación máxima y con muchas ganas de seguir conociendo la historia.
Un libro que te atrapa desde la primera página y no te suelta hasta el final. El ritmo ágil, el ambiente oscuro y los giros de la trama están tan bien hilados que es imposible parar de leer. Las descripciones de los asesinatos y los planes previos, aunque inquietantes, logran justo lo que deben: mantenerte pegada al libro con el corazón acelerado.
El final me pilló completamente por sorpresa; estaba tan metida en la historia que creí que todo había terminado… y de pronto, ¡zas!, un cierre arrollador que deja con ganas de más.
Un thriller lleno de emoción, intriga e intensidad, de esos que se leen en un suspiro y dejan la adrenalina por las nubes. Ya estoy deseando tener la segunda parte en mis manos.