Del cuento 'Sin luna':
" 'Me arrancó el nombre', dice mi madre, y yo imagino esas ceremonias militares en las que alguien es degradado y le arrancan las insignias o algo del pecho. Dónde lleva uno el nombre sino es en el pecho."
'Me sentía sola', dice mi madre, y me da ganas de abrazarla, pero no puedo.
Entre el cuerpo de mi madre y el mío ha habido siempre una distancia que casi nunca rompimos. No es una distancia fría porque tenemos otras formas de contacto. La mirada, por ejemplo. La mirada firme con la que siempre me sostuvo. 'Vos andá que yo te miro', me decía cuando yo era niña, y yo ya no tenía miedo, podía atravesar lo que fuera. Algo así se sentiría ella en la casa de esa abuela siempre vestida de negro y tan mala. Vos andá que yo te miro.
Del cuento 'Elefantes':
"Había una pequeña caja de plata, un elefante de piedra, dos copas de cognac, libretas a medio escribir. Me di cuenta de que los recuerdos son el alma de las cosas. Sin mi padre todo aquello no era más que basura."
Esta es la segunda colección de cuentos que leo de Kamiya, y sigo descubriendo cosas nuevas. La primer colección la encontré más tajante, dulce, pero también cruel por momentos. Esta segunda la leí después de haberla escuchado hablar y recitar en vivo, por lo que siento que la leí con otra voz interior, una más dulce, más pausada y similar a la suya, como si fuera un audiolibro dentro de mi cabeza.
Me gusta mucho la manera que tiene Alejandra de ver las cosas, de posar el ojo en una situación y ver las cosas con más amor, con más dulzura. El lenguaje que usa es super simple, pero esto no lo hace menos poético.
Las colecciones de cuentos me suelen costar un poco, pero las de Kamiya no son el caso. Súper recomendada.