Norogachi, Chihuahua. Unas furiosas garras de fuego iluminan el cielo nocturno y abrasan la iglesia de Nuestra Señora del Pilar. Mientras el pueblo trajina inútilmente cubetas de agua para intentar apagar el incendio y todos se preguntan qué sucedió, en la montaña sólo se escuchan los aullidos del Lobo Montejo, un exsacerdote que colgó los hábitos para formar una familia y vivir en comunidad. El incendio ha socavado el último reducto de paz y es la señal definitiva de que el mal pretende asentarse en todas partes. El embate del narcotráfico ha trastocado el orden natural en la sierra, pero cuando el Lobo decida ponerle remedio, desatará una furia insaciable… ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por restaurar el bien?
Situada en el corazón de la sierra tarahumara, Lo demás es silencio es una novela sobre las decisiones erradas que tomamos como individuos y colectividad. Camila Villegas expone en esta sorprendente ópera prima el impacto del crimen y la desigualdad en el seno de una comunidad rarámuri, una vorágine de violencia que ha alcanzado a todo un país.
Muy buen libro, frases y párrafos con ritmo, una historia y personajes inolvidables. La fortaleza de vivir en comunidad, usos y costumbres de loa raramuris, vale la pena leerlo.
La historia encerrada en estas páginas está tejida con fuerza y suavidad al mismo tiempo. El estilo narrativo de su autora es original y único y se agradece la poesía con la que urde un relato tan impregnado de color, de belleza y también de dolor. En la Sierra tarahumara, una comunidad Rarámuri se apeñusca para contenerse, para resistir y para preservar su raíz, su montaña y su gente. Personajes entrañables, memorables, profundamente humanos enmarcados en un escenario único. Preciosa lectura. No le doy más estrellas porque no hay.
“Lo demás es silencio” es una novela, tremendamente, sensorial que debemos recorrer despacio, dejándonos llevar por la belleza de las palabras hasta decantar el mensaje que la autora desea transmitir. . En el corazón de la sierra tarahumara, el lector quedará inmerso en una comunidad que canta, que baila, que sufre, que reza. Una comunidad cuyos habitantes saben, sobre todo, amar.
Qué belleza de libro. Evoca la naturaleza de nuestra sierra tarahumara y de las luchas de las comunidades que ahí residen por preservar su identidad y su cultura, en medio de una atmósfera donde el capitalismo, el narcotráfico y una colonización religiosa ha invadido sus espacios. Me gustó mucho la construcción de la novela, con una estructura circular muy bien diseñada. Además, tiene frases bellísimas que encantan y envuelven en la lectura.
Camila Villegas, en su ópera prima Lo demás es silencio, nos entrega un relato que es a la vez un canto, un grito y un susurro. Ambientada en el corazón de la Sierra Tarahumara, esta novela es mucho más que una historia sobre Montejo Lobo, un exsacerdote que busca restaurar el bien en una comunidad fracturada por la violencia y el narcotráfico. Es una exploración profunda de las conexiones humanas, de los sueños compartidos y de los mundos que resisten en las sombras de la llamada modernidad. La novela está dividida en tres partes, cada una aludiendo a elementos esenciales en la cosmovisión y la vida cotidiana rarámuri: el fuego, la tierra y el agua. Estos elementos, más que simples referencias simbólicas, son los hilos que tejen la narrativa, dotándola de una profundidad que se siente tanto en el texto como en el espíritu del lector. Cada uno de los 79 capítulos, por sí solo, podría ser una pieza literaria independiente, un pasaje lleno de poesía y cadencia que refleja el ritmo sereno pero incesante de la Sierra, su entorno y su gente. Camila Villegas vivió durante dos años con las comunidades rarámuris. Desde esa experiencia nace esta obra, que no solo es un homenaje a ese mundo mágico, sino también una oda al descubrimiento del otro y de uno mismo. Uno de los momentos más conmovedores del texto lo describe ella misma: “Quien llega a un campo de faldas sembrado en el patio, cientos de flores de colores hablantes en la parroquia, pañuelos en las cabezas, criaturas en las espaldas... quien tiene esa primera impresión nunca se repone.” Camila tradujo una vivencia transformadora para ella en un relato que desdibuja los límites entre lo propio y lo ajeno, entre lo universal y lo profundamente personal. La prosa de Camila en cada página es un manjar poético. Cada frase está impregnada de un ritmo único que evoca el lenguaje y la cadencia de las comunidades rarámuris, donde las palabras son lentas, contemplativas y profundamente significativas. Hablar conlleva una responsabilidad tremenda en esas comunidades. Porque la palabra lo vale todo. Las palabras en la Sierra no se las lleva el viento, sino que el viento lleva a la gente de la Sierra a mencionar y repetir la palabra con toda la responsabilidad que eso significa. Los pies ligeros son el vehículo de los mensajes, y son el lazo más sólido de las comunidades. (Por eso cuando Reyes “se pierde”, se intuye de inmediato que algo pasó, algo cambió) Los sueños, por su parte, no son meros fragmentos del subconsciente, sino el tejido de la vida verdadera: “En los sueños es donde está la vida verdadera, la que uno quiere, la que uno anhela. Sueños de niños y caricias. Sueños de amaneceres y trinos. Todos juntos el mismo sueño. Eso quisiera Eulogio que pasara.” Es este énfasis en lo colectivo lo que eleva a la novela, recordándonos la importancia de compartir sueños en un mundo que, como los chabochis, tiende a soñar en solitario. Y por supuesto el silencio, que atraviesa toda la novela como una constante poderosa y ambigua. Montejo Lobo y los demás personajes enfrentan no solo la violencia del narcotráfico, sino también el peso de los silencios no dichos, las palabras que se arremolinan en las lenguas y no llegan a salir. Como bien ilustra Villegas: “No es la distancia la que separa a la gente, es el silencio.” El fuego y el silencio, presentes a lo largo de toda la obra, son símbolos de destrucción y regeneración, de vacío y de resistencia, de muerte y resurrección. Leer Lo demás es silencio es enfrentarnos a la fragilidad de nuestras certezas. Nacer y crecer en una ciudad nos da la ilusión de que conocemos el mundo, de que entendemos lo importante y lo correcto. Pero Camila , con esta novela, nos invita a derrumbar ese castillo de naipes y a descubrir que hay otros mundos, otros universos que viven y resisten. Mundos que alguien como ella nos ayuda a ver, con honestidad y con amor. Esos mundos olvidados por la historia “universal”, pero que se niegan a desaparecer. Esta novela es, en última instancia, un homenaje al ser y al dejar ser. A través de las palabras, nos sumerge en un mundo mágico y humano, lleno de contradicciones y belleza, de pérdidas y redenciones. Es un libro que, como la Sierra misma, no se olvida, se nos queda dentro, a veces en silencio. Al cerrar sus páginas, queda la sensación de haber descubierto algo inmenso, algo que trasciende el papel y se queda en el corazón. Lo demás es silencio no solo se lee, perdura. Esta frase de Sándor Márai que está en algunos de los separadores “Solo obtienes algo de los libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo” al menos para mi, fue inevitable al leer Lo demás es silencio. Gracias Camila.
Esta novela nos permite evocar el silencio, pero no un silencio vacío; uno que expresa lo que las palabras no pueden, revelando la naturaleza profundamente onírica y ambigua de la vida. Las palabras han aprisionado en conceptos todo lo que nos rodea. Esta obra desdibuja esos límites, permitiendo que la experiencia pura fluya en todos sus matices. Las sensaciones, desnudas de sus definiciones, se rozan, se acarician y se enredan para regalarnos una experiencia sensual de la vida.
La novela no narra; evoca y nos sumerge en una especie de rezo, creando un trance en el lector que facilita experimentar lo que viven los personajes, logrando un lenguaje poético y, a la vez, auténtico del habla del pueblo.
Esta voz narrativa evita que la historia se quede en lo folclórico; no nos muestra tradiciones, sino sentimientos. Nos adentra en las entrañas , no solo de la sierra, sino de la comunidad tarahumara, percibida como un único personaje. En esta comunidad, todos comparten los sueños y perciben la sierra no como un paisaje, sino como un cosmos completo en donde aprenden a sentir y a expresar sus emociones en fusión con su entorno y entre ellos.
Les aseguro que saldrán de esta novela cuestionándose sobre sus propias vidas y conexiones.
Es una historia que se desarrolla en Norogachi, municipio de Guachochi, en el corazón de la Sierra Tarahumara. Contiene una serie de reflexiones interesantes sobre la vida de los rarámuris, lo considero un libro que todo chihuahuense debe leer.
No sé si porque la familia de mi papá es parte tarahumara, pero este libro me transportó al mundo rarámuri y a sus costumbres. fue como mirar adentro de una comunidad que es parte de México y debería de ser cercana, pero no lo es tanto. La idiosincracia, las costumbres, el uso de lenguaje y su forma de vida , todos me encantaron. Muy recomendable
Una historia muy bien escrita, se intuye que la autora investigó las costumbres y vida de los raramuris. Algunas partes son verdaderamente poéticas. Lo único que me resultó chocante fueron tantas alusiones a las frases de la liturgia.
El fuego como lenguaje, todo “Lo demás es silencio”
Camila Villegas me apareció en un vídeo de TikTok recomendando tres libros y mencionando el suyo: “Lo demás es silencio” (primera novela editada por Tusquest). Primero, no es una novela sobre el narcotráfico, aunque el narco está ahí. No es una novela sobre los rarámuris, aunque son el alma del relato. Es, ante todo, una novela sobre el lenguaje, la comunidad y la resistencia.
"El fuego canta de forma extraña cuando es verano. Y sí, escupe quejidos guturales del mero centro de las entrañas que nada tienen que ver con los arrullos que tarareaba en medio de la nieve para calentar a todos."
La novela se abre con un incendio: la iglesia de Norogachi arde mientras el pueblo intenta apagarlo con cubetas. En la montaña, aúlla Lobo Montejo, exsacerdote que ha colgado los hábitos para formar una familia. A partir de ese momento, la historia se despliega como un mosaico de voces: Montejo, Matiana, Reyes, Necha, Rosa… Cada personaje tiene su universo, su ritmo, su herida y es por eso que aquí, el lenguaje es el verdadero protagonista: una prosa poética, áspera, que convierte lo cotidiano en materia literaria. Es una historia situada en el corazón de la sierra tarahumara, en ella, explora las decisiones erradas que toman los individuos y en colectividad exponiendo en su historia el crimen y la desigualdad en el seno de una comunidad rarámuri, una vorágine de violencia que ha alcanzado a todo México.
“El fuego no solo devora. También reúne. También nombra.”
La trama que desarrolla Camila tiene mucho que ver con su experiencia (vivió dos años en la sierra tarahumara) y esa es quizá su mayor fuerza literaria y su gran virtud como escritora, hay una experiencia vivencial, eso le añade muchísima veracidad, es una novela que explora realidades que a los citadinos nos parecen sumamente ajenas, pero son realidades de mi país; “Lobo Montejo”, personaje de la novela, llega a una comunidad pensando que es él a quien le toca enseñar, pero se da cuenta de todo lo contrario, toda esa ideología que trae a cuestas le estorba, en la novela misma, este personaje es sobre el que orbitan los sucesos, pero no por eso es el principal, está presente, pero lo que alrededor sucede es lo que le da muchísimo sentido.
La novela plantea una crítica al individualismo capitalista, en la cosmovisión rarámuri, no somos dueños de la naturaleza, somos parte de ella. El sentido de lo comunitario atraviesa toda la obra porque nadie se salva solo, y cada personaje es una pieza del mosaico colectivo. El silencio, lejos de ser vacío, es una forma de resistencia, de escucha, de respeto.
Me topé con una novela muy contrastante, diferente y revulsiva, en la que el fuego es símbolo central: abre la novela, marca los capítulos, representa tanto la destrucción como la posibilidad de renacer. La autora evita la mirada indigenista condescendiente: no idealiza ni romantiza a los rarámuris, los muestra como seres humanos complejos, contradictorios, vivos. Villegas construye una ficción coral donde el silencio no es ausencia, sino forma de decir lo indecible.
Nota al calce: Fue hasta que terminé la novela que supe que Camila Villegas es narradora, dramaturga, investigadora teatral y productora, primera torpeza, la segunda fue no haberla relacionado con la obra teatral “Jacinto y Nicolasa” obra que vi en Teatro La Capilla con Teté Espinoza / Sonia Cuouh y Luis Eduardo Yee y de la que es autor.
Esto no es una reseña porque no fui capaz de terminar el libro. Me resisto a abandonar una lectura. Hace mucho que no lo hago, pero al sopesar la enorme lista de libros pendientes, creo que es inútil quedarse estancado como lector en una historia a la que no entraste nunca. Me perdí desde la primera página y no entendí de qué va la historia realmente. Como siempre digo, la lectura es subjetiva y quizá otro lector me demuestre lo contrario. Ahora empecé un libro con baja calificación, pero si vuelvo a pasar por lo mismo, al menos es corto... veremos qué me depara esta nueva aventura literaria!
Una novela que respira como la sierra: honda, quieta y llena de ecos.
Lo demás es silencio son 200 hojas de poesía pura. Camila Villegas nos abre la puerta a la sierra tarahumara y a su gente con una delicadeza que desarma: no describe, convoca. Y en ese llamado, uno termina sintiendo que la historia de Montejo también le pertenece, que su familia y su mundo se nos pegan a la piel de un modo tan íntimo que duele volver a la vida chabochi cuando el libro se cierra.
Villegas escribe con esa ligereza rarámuri que no es liviandad, sino clarividencia: imágenes limpias, frases que parecen deslizarse sin esfuerzo y, sin embargo, dejan un peso emocional que llega de golpe. Su prosa acompaña como un sendero bien trazado; mientras avanza la historia, también avanzamos nosotros por la sierra, sus rituales, su fauna, sus silencios cargados de significado.
Hay una tensión preciosa entre callar y decir. La autora entiende que en la cultura rarámuri la palabra es apenas una parte del mensaje, que lo esencial se muestra, no se explica. Ese “show, don’t tell” atraviesa toda la novela. Las escenas más potentes son justamente aquellas donde lo no dicho retumba más que cualquier declaración. Lo importante se comprende sin anunciarse.
El libro sostiene además una yuxtaposición que duele: el México antiguo, mágico, arraigado a la tierra, frente al México contemporáneo, herido, endurecido, teñido de violencia. Dos realidades que conviven, se enfrentan y se miran a los ojos.
Lo demás es silencio es una novela hermosa en su tristeza y feroz en su ternura. Una obra que se desliza suave, pero deja huella.
La comunidad raramuri de México, específicamente de Chihuahua, es una población que siempre ha tenido mi respeto y mi admiración, en primer lugar por su gente que corre grandes distancias para desplazarse y ahora al conocer un poco más del sentido de comunidad, el amor a la naturaleza, a la familia, a sus costumbres y a sus antepasados creo que los admiro aún más. Esta historia de una comunidad que entreteje sus destinos desde el nacimiento hasta la muerte y demuestra el amor que siente por cada integrante de la misma es enternecedor, entrañable e inolvidable. Sin lugar a dudas de mis lecturas favoritas de este año! Que gran descubrimiento y que delicia leer a Camila Villegas
Es un libro hermoso. Te transporta. El estilo narrativo de Camila Villegas es descriptivo y parecería que que nosotros también estuvimos ahí. Es un libro que describe la realidad de la Sierra, la realidad de la común rarámuri. Es una joya y debería ser lectura obligada para los mexicanos, para conocer que hay muchos mexicos, algunos que provocan que se nos estruja el corazón.
Escrito con un lenguaje poético, y frases y descripciones acertadas, la autora nos lleva y nos immerse en las alegrías, las tristezas, la música los bailes y la idiosincrasia de un pueblo representado por dos familias de mestizos y raramuris. Una lectura honesta, importante y llena de cariño por una comunidad que intenta conservar sus tradiciones al margen de la religión y el crimen organizado.
Camila Villegas escribe tan bonito que por segundos olvidas que estás leyendo una historia sobre los horrores que ha dejado el narcotráfico en México en sus pueblos y en su gente. Leerla removiò muchas cosas y describiò muchas más de lo que siento y vivo en un pueblo màs tomado por este mal donde persiste este MAL SUEÑO QUE SOÑAMOS TODOS.
Una gran obre de arte, un poema para la bella Sierra Tarahumara. Bendita la escritura que le da forma a la tragedia acompañado de la gran belleza que conforma la dualidad humana.
Una poesía en novela; para el corazón de la Sierra, los guardianes que protegen el secreto de la montaña, pueblo Rarámuri. Los benditos pies ligeros.
Delicado. Respetuoso de la magia del pueblo rarámuri. La presencia narcotrafico es tocada con sutil encanto.Estremece y duele un contenido. Toma hechos reales y los coloca al lector para no olvidar lo sucedido. Estructura redonda en su narración. Cierre abierto para que lector lo medite
Un bella narrativa que te deja aullando literalmente, una historia de una familia, de un pueblo nativo del norte, de la influencia religiosa, de las tradiciones, de las costumbres y hasta de la modernidad. Un libro muy lindo y emotivo.
Leer este libro en un viaje lejos de México, ha sido toda una experiencia. Cada página me ha llevado a la Sierra Tarahumara y de regreso. Muy bien documentado y con gran conocimiento de costumbres y formas de hablar de la Sierra. Felicidades a la autora!!!
El dolor en comunidad se siente menos pesado, quiero ser como la sierra y sentir mis costillas en sus ríos y praderas. Cualquier sueño es importante, lo importante es soñar.
Excelente relato de la Sierra del norte de México. Nos trasladamos a ese mundo de maravillas y conexiones con la naturaleza. Otro México que vive según su cultura.
No tiene trama así que no puedo decir que me gustó. Pero me parece muy bien la manera cruda de mostrar la comunidad raramuri y la vida en comunidad con todas sus dificultades y desgracias.