El autor sale en defensa de esa forma de vivir elegante, honesta, virtuosa... que encarna "la hidalguía".
A veces cita a demasiados autores en cuestión de pocas líneas, pero es fácil perdonárselo al ver el resultado final, pues consigue mostrar, incluso con sentido del humor, la belleza de una vida virtuosa.
Autores como Cervantes, Simone Weil o Juan Ramón Jiménez (entre muchos otros) son citados con frecuencia. Las referencias a numerosos clásicos de la literatura y a pensadores de distintos momentos históricos sirven al autor de vehículo de sus ideas.
Un ensayo brillante sobre la hidalguía de espíritu, un concepto esencial para nuestra sociedad actual. Enrique García-Máiquez recupera los valores clásicos de la caballería —como la gratitud, el honor, la lealtad y la responsabilidad personal— con un estilo elegante, agudo y profundo. La hidalguía, más que un linaje, es una actitud ante la vida.
Una reflexión necesaria para formarnos como mejores personas y que invita a vivir con mayor nobleza personal.
“Hidalguía, que viene de hidalgo, hijodalgo, pone el acento en la transmisión familiar, en la deuda con los mayores y en el agradecimiento”.
Libro vibrante, escrito con ímpetu y gracia, para llamar a la hidalguía de espíritu, para querer realizar en la propia vida el ideal de nobleza al alcance de todos, hacerse mejor a uno mismo con virtudes nobiliarias, caballerescas, de hidalgo.