Un libro muy único, que ofrece una perspectiva muy personal sobre la pérdida de un ser querido. Carmen Romero se abre en canal para contarnos sus momentos más bajos y sus sufrimientos más profundos. Cuesta ponerle una nota a este libro, porque da la sensación de que le estás poniendo nota a una persona y su forma de vivir un duelo. Sería un poco de mal gusto, porque a Carmen como persona, le pondría más de tres estrellas.
Así que esta reseña es una opinión personal sobre mi experiencia leyendo el libro, no sobre si el libro es bueno o no. La verdad es que, a pesar de ser corto y estar escrito de forma muy amena, estuve a punto de abandonarlo. Me ponía un poco triste cada vez que lo abría, y eso que yo ni siquiera (por suerte) he tenido que vivir la muerte de un ser querido, o algo con lo que me pudiera sentir identificada. Pero la verdad es que Carmen transmite muy bien esa angustia que ella sentía. No lo recomendaría a alguien que esté pasando por un mal momento, sinceramente.
Y eso que está narrando con todo el sentido del humor que permite un suceso tan trágico. Se nota que la autora es humorista, y se agradece. Es verdad que la estructura de los párrafos es bastante predecible: drama, desarrollo, frase final chistosa. No es algo necesariamente malo, pero cuando ves el patrón desde el principio, es difícil luego ignorarlo. Cuando me empecé a fijar en esta fórmula, también pensé que algunos chistes probablemente envejezcan regular, por hacer referencia a memes o cosas populares en 2024, que igual te descolocan un poco si lo lees en 20 años. No sé si la autora pensó en esto. Siendo un libro sobre algo tan universal sobre el duelo, podría perfectamente ser un libro atemporal, pero creo estas referencias podrían jugar en su contra para eso.
Independientemente de eso, escribir un libro como este tiene mucho mérito, porque te explica cosas que no has sentido (y que sentirás) de una forma muy honesta. Es muy personal también, es autobiográfico y acabas conociendo muchas partes de la vida de Carmen. Esa conjunción entre lo universal de los sentimientos, con lo único de las experiencias propias, a mí me ha gustado.