Jump to ratings and reviews
Rate this book

La vida espectral

Rate this book
Un fantasma recorre el globo. Ese fantasma, proyectado por la técnica, se asemeja a nuestro doble espectral. Pero no al doble espectral de nosotros mismos, sino de la vida que llevamos. Aparece en nuestros perfiles diseñados, en nuestras formas de trabajo mediante plataformas extractivas. Se manifiesta en nuestros modos diarios de consumo. Nos espanta en nuestra delegación de toda decisión a sistemas de inteligencia artificial. El fantasma es, en definitiva, nuestra propia vida técnica, y se expresa en la cantidad de ondas invisibles que circunvalan permanentemente el planeta, al que finalmente no duplican, sino que liman y adelgazan hasta volverlo del grosor de una pantalla.

En La vida espectral, el desafiante filósofo francés Éric Sadin da un paso más en su análisis de la relación entre técnica y capital. Si desde la modernidad las formas de existencia humana se habían separado paulatinamente de la vida biológica y natural por el empuje del capital, esa disociación hoy adquiere dimensiones extremas. La vida, insumo y savia del capitalismo, es vampirizada de modo cognitivo. Los datos brotan de nuestro cuerpo para ser recogidos y procesados por inteligencias artificiales generativas. Para Sadin, esto convierte al capitalismo en “hematológico” y a nuestros cuerpos en algo fijo y exangüe ante la pantalla. Relegados a un lugar marginal, se dibuja para los humanos una nueva condición de espectros.

Sadin llega así al hueso mismo del “fantasma que recorre el globo”: bajo la fábula de la complementariedad humano-máquina, lo que sucede es la transferencia de nuestra capacidad de enunciar verdades y vivir a los sistemas técnicos. Un problema que compete no solo a los expertos, sino a la comunidad toda. Reaccionar ante el hecho de convertirnos en los espectros imprecisos que no saben o pueden capturar los contornos de este mundo exige una responsabilidad política. ¿Es posible impedir un proceso que desmonta las variables humanas del trabajo y de la vida?

236 pages, Paperback

Published January 1, 2024

8 people are currently reading
121 people want to read

About the author

Éric Sadin

29 books65 followers

Ratings & Reviews

What do you think?
Rate this book

Friends & Following

Create a free account to discover what your friends think of this book!

Community Reviews

5 stars
6 (20%)
4 stars
13 (43%)
3 stars
8 (26%)
2 stars
2 (6%)
1 star
1 (3%)
Displaying 1 - 3 of 3 reviews
Profile Image for Espacios Riemannianos.
24 reviews2 followers
January 3, 2026
Todo en la historia sucede dos veces, primero como tragedia y luego como farsa. En nuestro caso, la tragedia es la sociología francesa de la segunda mitad del siglo XX, y la farsa es el libro que paso a reseñar.

Éric Sadin nos presenta con un ensayo que perfectamente podría suscribir un estudiante de instituto o, en el mejor de los casos, de primer año de carrera de filosofía que, armado con una verborrea desmesurada, tiene un trabajo que entregar al día siguiente y nada que decir. Es especialmente notorio el hecho de que, aunque el catálogo completo del autor está relacionado con la crítica social a la tecnología, Sadin demuestra un completo desconocimiento de la materia desde el punto de vista técnico y físico. No contento con ello, su perspectiva histórica y social cojea de una especie de idealismo –del tipo que suele venir financiado por ciertas instituciones americanas- que presenta ciertos eventos sociales e históricos simplemente como “cosas que pasan” sin motivo alguno o agencia social detrás. La guinda en el pastel es una redacción que, además de verborreica y enrevesada, esconde una completa falta de contenido original. Sadin cita constantemente a autores como Aristóteles, Arendt, Gramsci, Pasolini e incluso Rimbaud, haciendo siempre que dichas citas caigan en saco roto, pues ni se desarrollan ni se reflexiona sobre ellas. En el caso de que sí se reflexione, es para hacerlo con alguna pedantez absurda, que ni aporta originalidad ni lleva al mejor entendimiento del tema. Las citas son para Sadin, en resumen, una serie de hitos que anclan mediante apelaciones al poder un texto que, de otro modo, se caería por su propio peso.

En cuanto al libro, he tenido que parar de leerlo en la página 68 (de unas 230 que tiene la edición de Caja Negra), debido a un pasaje que cito más abajo y que ha servido como gota que colma el vaso. La reseña a partir de este punto consistirá en citas de estas primeras 68 páginas, que extraigo para ahorrarle al lector indeciso la tarea herculánea de leer este libro y, espero, ahorrarle también los 22€ que cuesta la presente edición, que puede gastarse en cosas más productivas, como un bote de pintura para pintar una pared y contemplar cómo se seca. En lo siguiente, recopilaré una muestra de las sandeces que se suscriben en el texto y aportaré, en la medida de lo posible, una explicación precisa de por qué son sandeces.



- Página 23: Aquí, el autor habla de una realidad progresivamente virtualizada, que contrapone con la presentada en la película Matrix, puesto que en esta última los humanos son controlados por la máquina, mientras que en la primera –es decir, nuestra realidad- somos nosotros los que hedonísticamente controlamos las máquinas. Este es el “proceso” al que hace referencia más abajo.

“La computadora cuántica […] no hará sino acentuar este proceso, para liberarnos de las coacciones físicas euclidianas y sumergirnos en una atmósfera que termine por hacernos confundir a cada instante deseo y realidad.”

Esta cita ha de tomarse como un insulto a cualquier persona con un grado en física o en matemáticas. Por supuesto, una computadora cuántica no tiene nada de “no euclidiano”, al igual que no lo tiene ningún fenómeno cuántico de los que hasta hoy hemos observado. Por dar contexto, el adjetivo “euclidiano” en el ámbito de la física matemática se refiere a todo aquello que rompe con el quinto postulado de la geometría de Euclides, que en esencia postula que dos rectas paralelas nunca pueden llegar a encontrarse. En contraste, lo “no euclidiano” o la falta de una “coacción euclidiana”, haría referencia a configuraciones con curvatura (una esfera, por ejemplo), en las que dos rectas que en un punto son paralelas sí pueden llegar a juntarse. En física, después de Einstein, la curvatura se vuelve sinónima de la gravedad y, por lo tanto, un sistema cuántico “que nos libere de las coacciones físicas euclidianas” sería un sistema de gravedad cuántica. Ni los ordenadores cuánticos presentan tal sistema (a no ser que Sadin haga una referencia informada a la correspondencia AdS/CFT, lo cual dudo), ni se espera que lo presenten. La cita de más arriba sólo puede haber sido escrita por alguien que obtiene todo su conocimiento técnico de artículos sensacionalistas de física pop y pretende hacerse el entendido ante lectores que también desconocen el tema.


- Página 37: La sección “La era de la fijación de los cuerpos”, en la cual el autor pretende hacer una crítica simple del estilo “ahora la gente usa maquinitas y no se mueve”, comienza con la siguiente aserción:

“Ante todo, está nuestra relación con el espacio, que depende de la gravedad [sic.] y se enfrenta con la separación inherente de cada partícula respecto de las demás; y que nos muestra a todas las sustancias orgánicas animadas por la movilidad y dotadas de atributos a tal fin.”

La primera queja es gramatical. “Nuestra relación con el espacio” nos ha de mostrar algo, pero, ¿el qué? El verbo mostrar es transitivo, necesita de un complemento directo para completar su significado. Es cierto que puede tratarse de una errata y, efectivamente, un “se” haría al verbo reflexivo, siendo el objeto mostrado “la relación con el espacio”. Vamos a darle un pase.

Lo que no pasaremos es que la frase más arriba citada, aún teniendo de sentido gramatical, carece de contenido original. Nuestra relación con el espacio depende de la gravedad de la misma manera que la lluvia depende de la temperatura. Es un factor, sí, pero ni es el único ni aporta información el mencionarlo. Más aún, decir que “se enfrenta con la separación inherente de cada partícula respecto de las demás” viene a ser como decir que nos movemos en un medio, lo cual, de nuevo, es algo de Perogrullo, pero que tal vez el autor necesita para dotar al texto de una profundidad inexistente. Es una pedantería innecesaria.

Más adelante, en la misma página, Sadin afirma lo siguiente:

“Los desplazamientos que tienen lugar dentro de un hábitat […], los descubrimientos de territorios y las invasiones, el transporte de personas o de mercancías forman –a escalas variables, parabien o para mal-- el motor de la actividad humana y de la sociedad.”

¡Toma ya! “El movimiento mueve” dice Sadin, y se queda más ancho que un ocho. Y no solo eso: el movimiento es el motor de la sociedad. Todo el Marxismo clásico por la ventana, porque Sadin opina que es realmente el movimiento lo que mueve a la sociedad. Terminaré la crítica de este pasaje aquí, diciendo que esta frase resultó ser un preludio del rechazo categórico de Sadin hacia los principios básicos del marxismo, que hoy se toman (hasta por quien no comulga con la ideología homónima) como evidentes. Es decir, el rechazo al hecho de que la sociedad y su “movimiento” están principalmente determinados, por un lado, por las condiciones materiales de la época y, por otro, por la lucha entre dos clases por el poder, con todos los detalles adicionales que pudiesen entrar en juego.


-Página 44: Hablando del uso de la tecnología y la capacidad de computación para hacer predicciones sobre el futuro, y por qué dichas predicciones están abocadas al fracaso, Sadin dice:

“Por un lado, [fracasan por una voluntad de] establecer proyecciones a largo (y muy largo) término, que son incapaces de considerar todos los azares y la potencia de lo inesperado que tiene lo real.”

Primero, entiendo que Sadin hace aquí una alusión al Real Lacaniano, de nuevo para intentar sonar profundo cuando no lo es. En realidad, aquí “lo real” hace literalmente referencia a “lo no digital”, sin poder atribuírsele significado ulterior alguno.

Segundo, parece que Sadin desconoce la existencia de una rama de las matemáticas que, para alguien que escribe semejante basura de libro, puede resultar algo nicho: la estadística. Como alguien que sí la conoce, y muy bien, informaré a Sadin de que ninguna predicción estadística pretende “considerar todos los azares y la potencia de lo inesperado que tiene lo real”, sino hacer predicciones lo suficientemente buenas. Concluyo de la cita de más arriba que el autor saldrá a la calle armado con paraguas y gabardina incluso en los días azules de verano, no vaya a ser que se ponga a llover de repente.


- Página 52: Aquí Sadin atribuye la mecanización del ser humano en el contexto de la fábrica moderna a la simple existencia de la máquina de vapor. Es decir, de no existir dicha máquina (o sus iteraciones futuras), el obrero no se vería y se sentiría como un engranaje más de una maquinaria que lo supera. Tal argumento, de corte ludita, sólo lo podría suscribir alguien que, como hemos visto más arriba, reniega del marxismo hasta en su forma más básica.

Se podría decir, de forma más acertada, que el advenimiento del hombre-máquina y el fin del hombre-artesano (que ejerce una labor completa y creativa, poniendo su experiencia en práctica, etc.) viene en efecto anunciado por la máquina de vapor, pero sólo porque esta permite a la emergente clase capitalista a juntar a toda una masa de obreros bajo un mismo techo y ponerlos a realizar tareas repetitivas. Más aún, la alienación del obrero respecto a su trabajo y su progresiva mecanización en la fábrica viene dada porque este modelo productivo permite al capitalista tratar a dichos obreros como una mercancía más, que se puede comprar y vender. Esto sitúa a los obreros en el mismo plano que las máquinas que controlan, en vez de ser ellos los dueños de su trabajo.

Algo que se vuelve adicionalmente claro al leer argumentos como al que nos referimos, es que el autor escribe desde un punto de vista puramente urbanita, reduccionista y de miras muy cortas. Escribe como si los trabajos artesanales hubiesen desaparecido por completo y como si la máquina de vapor y sus versiones posteriores (motores de combustión interna, eléctricos, etc.) sólo se usasen en el contexto de la manufactura, y no en una miríada de otros contextos, en los cuales el obrero o el campesino sigue sintiéndose alienado respecto a su trabajo. Obviamente, estos últimos casos se escapan a las cortas miras del autor y de su razonamiento forzado y, por lo tanto, quedan excluidas del texto.


Página 55: El autor discute una supuesta “dimensión fractal que se expresa entre tecnología, cuerpo y sociedad”, que ni desarrolla en detalle ni explica, sino que menciona en otros puntos del texto, únicamente cuando le conviene. En esta discusión, Sadin incluye lo siguiente, que cito textualmente y en su completitud:

“El carbón sólido se usa para generar la ebullición: dos sustancias, fuego y agua, entran en una polaridad entre sí y, en razón de esta tensión –y según un proceso dialéctico, para retomar una noción hegeliano-marxista-, generan un tercer término, el vapor y la energía producida”

Creo que tal frase no se merece comentario alguno. Espero que sirva para mostrar cómo el autor lanza reiteradamente términos académicos que no vienen al cuento y que pretenden dotar al texto de una profundidad que, de nuevo, no es real.


Página 57: Aquí el autor habla de unas tensiones entre la clase obrera y la burguesa, las cuales simplemente “aparecen”, a razón de dinámicas que, para Sadin, son de lo más insondables e incomprensibles. Sadin pasa a decir que el aumento de estas tensiones llevó a “la necesidad de una especie de reforma”, y dice:

“Para lograrlo, se impuso gradualmente una solución: tratar de evitar la fricción […]. Una mutación tecnológica permitió sostener este objetivo: la progresiva sustitución del vapor por la electricidad”.

La “solución” a las tensiones de clase “se impone”, así porque sí. ¿Por qué? ¿Gracias a quién? ¿Qué eventos, tal vez alrededor de 1871, podrían haber propiciado tal “imposición”? El uso del reflexivo “se impuso” por parte de Sadin nos impide llegar a comprender este fenómeno de compromiso por parte de la burguesía.


-Página 68: Como la reseña se me está yendo un poco ya de las manos, pasaré por alto otras citas dignas de burla para llegar por fin al pasaje que hizo que finalmente decidiese dejar de leer el libro:

“Lo que distingue a lal pantalla cinematográfica de la televisiva es que la primera apela a la proyección, mientras que la segunda funciona haciendo una retroproyección de fotones eléctricos mediante señales que se le envían. Esto depende de un canal de difusión que vincula los aparatos a cadenas televisivas. De modo tal que uno está encadenado, pues esas cadenas son las únicas fuentes de los programas.”

Pasemos por alto el baratísimo juego de palabras que perfectamente podría haber salido de uno de esos lyrical miracle rappers que tanto florecieron en las décadas pasadas. En su momento tuve que releer el pasaje arriba citado unas cuatro o cinco veces, atónito por el hecho no ya de que alguien pudiese escribir tamaña gilipollez, sino de que hubiese editoriales dispuestas a publicarla. Debemos nuevamente apreciar las sutilezas físicas del discurso de Sadin, que nos especifica que los fotones televisivos son eléctricos, y no magnéticos, leptónicos o fermiónicos. Por supuesto, todos estos tipos de fotones que referencio son el mismo: No hay distintos tipos de fotones, el fotón es una partícula elemental. Decir “fotones eléctricos” es como decir “peces acuáticos” o “árboles invertebrados”.


Concluyo la reseña agradeciendo a Éric Sadin y a la editorial Caja Negra la oportunidad que me han brindado de haber parado de leer semejante mierda en la página 68, y de haber pasado una entretenida mañana escribiendo la presente reseña. Quiero además usar la misma para animar a cualquier usuario de Goodreads que quiera dedicarse a la escritura a que lo intente. Si hay editoriales dispuestas a publicar y cobrar la suma de 22€ por una hilera de gilipolleces producidas por un señor insufrible, seguro que también las hay dispuestas a publicar cualquier otra cosa. Ya se sabe que en el mundo moderno da todo igual.
Profile Image for Silvia Zuleta Romano.
Author 12 books53 followers
October 7, 2024
Esperaba más de este libro. Tiene metáforas interesantes pero es bastante incendiario y antitecnológico. Diría a Sadin que se calme un poco.
5 reviews
January 28, 2025
Visión algo derrotista sobre el futuro de las tecnologías. Termina con una apología a la eliminación de las IA uniendo su progreso al fin de la humanidad
This entire review has been hidden because of spoilers.
Displaying 1 - 3 of 3 reviews

Can't find what you're looking for?

Get help and learn more about the design.