Vaya pique con esta novela, sin poder parar de leer, una vez que se pasa la parte introductoria y de presentación del escenario y los personajes principales.
¡Magnífica e impresionante! Ficción histórica de la buena.
La autora escribe de lujo. No había leído nada de ella y me ha gustado descubrirla.
Voy a dar un resumen general del contexto histórico y de los personajes, pero sin entrar en la trama.
Las Hijas de María era una comunidad de mujeres devotas de la Virgen en la iglesia de la Compañía de Jesús, en Santiago de Chile. El 8 de diciembre de 1863 murieron miles de mujeres en una misa de celebración de la Inmaculada Concepción, debido a un incendio monstruoso. Fue una tragedia pavorosa. No sólo murieron mujeres, que fueron el mayor número, sino también niños y algunos hombres.
Las celebraciones de esta festividad comenzaban un mes antes y ahí es donde empieza la novela.
El título de la novela se refiere al mote que daba la prensa al buzón de la Virgen que había en la iglesia y tiene mucho peso en la novela.
La autora nos sumerge en la estricta alta burguesía santiaguina de finales del S.XIX, con sus privilegios de clase, sus postureos, sus exclusivas normas sociales, la superioridad de los hombres frente a las mujeres, los matrimonios de conveniencia, la maledicencia, el poderío de la Iglesia y las fuertes y rígidas convicciones religiosas.
Muchos personajes entran y salen, con menor o mayor peso en la novela, pero el foco principal está en la adinerada familia Aguirre Vanderbilt. Fátima, Beltrán y Helena son un soplo de aire fresco frente a la rectitud y conservadurismo de sus padres, Segismundo y Cornelia. Aunque la auténtica protagonista es Fátima, la mayor de los hermanos, infelizmente atada a un matrimonio de conveniencia, pero, según el baremo de la época, con un espíritu rebelde.
El párroco Ugarte, quien dirige espiritualmente a las hijas de Maria es un hombre perverso, apocalíptico y temible, que inculca a las mujeres la pureza, la humildad, la obediencia al marido, las donaciones constantes a la parroquia, etc e impone penitencias humillantes y durisimas a las siervas, y las previene contra cometer los pecados capitales. Desafortunadamente, la más devota y servil al párroco es Cornelia, con una religiosidad extrema y morbosa. Por supuesto, Cornelia va con sus hijas todos los días a la iglesia durante todo el mes previo a la celebración. Cuando piensa que sus hijas han pecado, se dirige a ellas como Helena de los Ángeles y Fátima Evangelina. La señora es bastante insoportable.
Segismundo, el patriarca de la familia, no pisa la iglesia, pero su férreo conservadurismo hace que choque continuamente con su hijo Beltrán, el liberal de la familia. Fátima está más cerca de Beltrán que de las ideas del padre y alejada del fervor religioso de la madre. Helena es la pequeña, con un carácter amable e ingenuo.
El padre Ugarte le dice a su devota Cornelia: "un hijo pecador es, indefectiblemente, carga moral de la mujer que lo trajo al mundo..." y bastantes más barbaridades..
Los miembros de la embajada estadounidense y el seguimiento de la guerra de secesión son también parte de la novela. El misterioso Sr. Bonecraft, recién llegado a la embajada, da mucho juego a la trama. Pero mucho.
Los capítulos están fechados con los días del mes anterior a la fecha de la desgracia. Y vamos disfrutando de la trama, pero sin querer acercarnos a la fecha fatidica.
En la familia hay todo tipo de situaciones, pero el día a día de Fátima es un no parar y hay de todo. Me encanta la valentía de este personaje.
Llegando la fecha del incendio, el ritmo de la narración es frenético, con varias subtramas que explotan y se superponen casi al mismo tiempo. Hay detalles que la autora incluye inteligentemente en su ficción, que encajan muy bien en el horrible hecho histórico final.
Pero se hace doloroso llegar ese final. El relato de ese día es estremecedor. El suceso fue una horrenda hoguera humana. La iglesia con las puertas cerradas, llena de guirnaldas de papel y miles de lámparas de aceite dentro de una estructura antigua con partes de madera, aparatosos vestidos de las mujeres con estructuras rígidas y pesadas telas que impedían su movilidad...
Las personas supervivientes "tenían sus cuerpos a salvo, pero sus corazones seguían corriendo entre las llamas". Los familiares y amigos quedaron destrozados. Toda la sociedad quedó abrumada.
La parte de ficción que añade la autora después del suceso me ha parecido muy buena y emotiva.
Imprescindible leer las palabras finales de la autora y darnos cuenta de su labor de investigación y sus motivaciones para escribir esta novela.
En fin, no puedo recomendar más esta lectura. Un diez. 👏