“Si los detuvieron, por algo será. Vos qué sabés. Que los conocieras de chica no tiene nada que ver. Pueden haber cambiado. A lo mejor eran chicos bien, pero les lavaron el cerebro los comunistas y se metieron en la guerrilla. La madre debe ser una de esas que ni miran lo que hacen los hijos, no tiene ni idea, y ahora llora, demasiado tarde. Haberlos controlado un poco antes.”
¿Saben qué es lo que más me gusta de la literatura argentina? Ese no-sé-qué, que la define. Ese arrabal que muestra, sobre todo si relata lo sucedido en los años '70 u '80… y esta novela tiene ese toque arrabalero, ese lunfardo que te hace amar la lengua argentina (porque no es castellano, es argentino).
Este libro se divide en Tres partes más prólogo y epílogo:
La primera parte cuenta el nacimiento de Luz y abarca los capítulos 1 a 6.
La segunda parte cuenta la infancia de Luz y abarca los capítulos 7 a 12.
La tercera parte cuenta el final de la historia y abarca los capítulos 13 a 17.
El prólogo es una introducción a la historia de como Luz conoce a su padre en España, y el resto de la novela va intercalando la conversación que tienen ellos dos en el prólogo (los detalles de esa conversación que no cuenta el prólogo), con la historia in situ. Va intercalando los puntos de vista de cada uno de los adultos involucrados en el nacimiento de Luz en la clandestinidad, cómo ella llega a vivir en la familia que la apropia, su infancia, y como ella va descubriendo su verdadera identidad, con la conversación que tiene ella con su padre contándole esta misma historia siendo esta conversación la que interrumpe por momentos el tronco de la historia contando las impresiones del padre de Luz y del punto de vista de ella.
En la primera parte aparecen los personajes de El bestia, Miriam, Eduardo, Mariana el teniente coronel (luego general) y su esposa.
El Bestia y Miriam son una pareja que quería apropiarse de Luz, y la historia lo muestra de una manera que te hace creer que Miriam no sabía a lo que se dedicaba su pareja, y al inicio yo no podía empatizar con ella, porque intentaba ser cómplice igual de un secuestro de menores, y robarle la identidad a una bebé.
Pero después ella va entendiendo.
Aviso que lo voy a decir bien argento: El hijo de puta es él.
Eduardo y Mariana son una pareja que habían estado buscando un hijo y cuando ella entra en trabajo, se complica el parto y el bebé muere. Ahí es donde entran en acción el coronel y su esposa que son los padres de Mariana, y son ellos los que egoístamente coaccionan a Eduardo a decirle a su esposa que había tenido una beba que estaba saludable que… bla, bla, bla… me pasa lo mismo que con Miriam, con respecto a Eduardo. No puedo justificar su complicidad en el hecho de apropiarse de un bebé y robarle su identidad, sin embargo el libro en esta parte te dice que Eduardo sabía que lo que estaba haciendo estaba mal pero que le tenía miedo a su suegro y que por eso se involucró en esa red de mentiras.
“No puede juzgar todo en extremo, hay matices. Que no tenga conciencia quizás no sea culpa suya. Tampoco debe considerar que quienes no piensan exactamente igual que ella son todos iguales a esos hijos de puta. Sus padres, por ejemplo, cuánto les costó entender: No, no los van a matar. Mirta está embarazada, el Ejército de San Martín no va a maltratar a una mujer embarazada, decía su padre con una convicción asentada en él desde una tradición tan diferente a la de esos tiempos salvajes, y de verdad no podía entenderlo. Cuántas horas tuvo que soportar esperando en los vestíbulos de sus antes queridos amigos para recibir un rechazo, una negativa, respuestas difusas en la mentira y la impunidad, cuántos hábeas corpus, trámites inútiles, cuánto dolor, pobres, cuánto dolor, cuánta impotencia tuvieron que pasar para poder decir lo que esa tarde misma le ha dicho su madre, en un susurro enardecido: Esos hijos de puta, asesinos, deben haber regalado al bebé.”
En la segunda parte, la Argentina estaba en plena transición democrática . Aparecen Dolores, Eduardo, Mariana, Luz, Miriam.
Dolores es la representación de todos aquellos sobrevivientes y exiliados. No tengo manera de explicarlo con palabras, porque tienen que saber el dolor que uno como lector siente al leer la historia de ella y de cómo tuvo que escuchar los gritos de su propio hermano mientras lo torturaban. Lloré mucho en las partes donde se cuenta su historia.
Ella es la que hace que Eduardo empiece a entender, hasta qué punto había sido cómplice de la desaparición de Luz.
Mariana, por otro lado, es la representación de aquellas apropiadoras e hijas de milicos, que se creían a pies juntillas eso de que los hijos de su p#*a madre peleaban una guerra contra los subversivos, y que todo aquel que no pensara como ellos, era un “tira bombas comunista”.
Luz, la gran víctima en esta historia, en esta parte es todos esos niños que crecieron llamando “papá y mamá” a los asesinos de sus verdaderos padres.
Miriam, aun corriendo peligro, sigue buscando a Luz. Ella quiere que la hija de su amiga averigüe la verdad, aunque sea una nena de siete años.
En la tercera parte, ya pasaron las leyes de Obediencia Debida, punto final y los indultos a los militares juzgados en el "juicio a las juntas militares".
Luz conoce al que luego será el padre de su hijo, que es hijo de desaparecidos y es él quien le quita la venda de los ojos, haciendo que busque su propia historia.
Aquí es donde todo lo desarrollado anteriormente se empieza a resolver, siempre de una manera que logra conmover al lector hasta las lágrimas.
La nota es 8,5/10 (4,25/5 ✨) porque, si bien amé la historia y disfruté la lectura, me quedaron en el aire muchas interrogantes sin resolver. ¿Qué pasó con la búsqueda del sobrino de Dolores? ¿Se le iniciaría juicio a los apropiadores de Luz? ¿Qué hará Carlos, el padre de Luz, ahora que sabe la verdad de lo que pasó con Liliana? ¿Se busca el cuerpo de Liliana? ¿se le hará juicio al Bestia? ¿Qué pasa con la enfermedad de Miriam?