Esta novela trata sobre el destino de muchos militares japoneses al final de la segunda guerra mundial, cuando EEUU invadió el país y ejecutaba a muchos oficiales acusándolos de crímenes de guerra. Además de la situación económica, social y anímica del pueblo japonés después de la rendición.
La novela se centra en Takuya Kiyohara, un ex-oficial que recién había pasado al retiro por haber terminado la guerra que es contactado por un compañero de armas que aún trabajaba para el gobierno pero sirviendo a los estadounidenses dados sus conocimientos de inglés. Este compañero le dice que Takuya podría ser acusado por crímenes de guerra así que le dice que se esconda y le entrega un arma.
Luego de ese encuentro Takuya va recordando cosas de su vida en el ejército y describiendo la situación de pobreza, camino a casa, donde le dice a su familia que tiene que esconderse, quema todos sus documentos y se despide de su familia diciéndoles que tal vez no los vea en muchos años.
En el tercer capítulo Takuya rememora los últimos días de la guerra, cuando aún era oficial en una base militar en el sur del Japón y describe de forma detallada los sentimientos de furia e indignación que sentía por los constantes bombardeos que hacían los estadounidenses sobre ciudades y pueblos japoneses matando miles de civiles y destruyendo todas las propiedades de más gente inocente.
Relata la batalla de Okinawa y lo que esperaban los oficiales japoneses sobre como podría ser una invasión a las islas mayores de Japón. Y lo más importante describe como fue el episodio en que derribaron un avión bombardero estadounidense y capturaron vivos a varios militares de EEUU, como estuvieron presos, su indignación porque estos prisioneros se les alimentaba bien mientras familias japonesas inocentes no tenían nada que comer. También Takuya relata como es que se vivió los bombardeos nucleares en Hiroshima y Nagasaki, además de la posterior rendición de Japón.
En los últimos días de la guerra los altos oficiales deciden pena de muerte para los estadounidenses capturados, algunos son llevados al hospital donde son usados para experimentos y otros se quedan en sus celdas para ser ejecutados. Llegado el momento Takuya se ve involucrado teniendo que elegir soldados para la ejecución, llama a algunos pero otro se ofrece porque días antes su madre había muerto por los bombardeos estadounidenses y quería desahogar su dolor en esos militares, Takuya vió razonable aceptarlo dentro de los soldados que iban a ejecutar a los estadounidenses. Y así con espadas decapitaron a algunos de los militares capturados, otros fueron fusilados o decapitados por otras unidades.
En el capítulo cuatro, se vuelve al presente, donde Takuya viaja a la casa de su tío, ex alto oficial del ejército japonés, ya que creyó que lo podría esconder un tiempo o ayudarlo, pero su tío ya no era el militar enérgico de antes, sino era un anciano temeroso y derrotado, que le dice que se entregue. Takuya se desilusiona de su tío al que antes respetaba, pero la derrota de la guerra también lo transtornó. En la ciudad Takuya se encuentra con su hermano que le dice que la policía lo está buscando y le entrega un saco de arroz, cosa muy valiosa en tiempos de hambre como en ese entonces. Takuya va donde otro amigo involucrado en las ejecuciones a advertirle que se esconda porque los estadounidenses que ocupaban el país estaban vengándose usando a la policía japonesa para capturar y ejecutar a los militares japoneses que estuvieran involucrados con la captura y ejecución de prisioneros estadounidenses durante la guerra.
En el capítulo cinco, Takuya va a un pequeño pueblo pesquero donde se queda varios días con un antiguo amigo del ejército pero se va para no generar sospechas en ese pequeño pueblo, luego va a la ciudad de Kobe donde un viejo amigo de la universidad lo acoge por unas semanas trabajando en el taller de la casa, pero decide irse a otra ciudad porque sentía que incomodaba a la familia de la casa, además que no soportaba ver japonesas del brazo con soldados estadounidenses en la ciudad y por tener un encuentro con la policía que lo puso muy nervioso.
En el capítulo seis, siete y ocho, se relatan los meses en que Takuya trabaja con el amigo del papá de su amigo, en una fábrica de cajas en otra ciudad. Allí vive oculto, con lentes, con el rostro cambiado, recibiendo un sueldo, alojamiento y comida en la fábrica. Un día atrapa a un ladrón dando su declaración a la policía pero no lo reconocen. Por este episodio describe una angustia terrible al tener que hablar con la policía temiendo que lo reconozcan y lo arresten por su juicio pendiente, ya que leía en las noticias que los generales que dieron las órdenes de ejecutar prisioneros ahora lo negaban y le echaban la culpa a los oficiales de bajo rango como él era. Y los estadunidenses resolvían por dar pena de muerte a todos los japoneses involucrados, incluso a soldados rasos que solo habían golpeado prisioneros estadounidenses en tiempos de guerra.
También lee sobre la hambruna en Japón y que se esperaba que se agudizara más y eso traiga millones de japoneses muertos por hambre.
Como obrero que transportaba carga es acusado de un robo, y se siente cambiado, humillado, por pasar de ser un graduado universitario y oficial del ejército imperial del Japón a un fugitivo que tenía que pasar sus días como un sucio obrero ocultando su identidad y ocultando sus estudios para evitar que la policía lo atrape.
Un día encuentra un muerto en la calle, y no hace nada para no verse involucrado con la policía. Otro día llevando sus cargas se cruza con un vehículo militar de EEUU y desde él, unos soldados lo insultan y uno le lanza un casco en el rostro que lo hace caer en una acequia con toda su carga, donde queda inconsciente. Sabía que no podía hacer nada ante la humillación porque había escuchado que otros que osaron defenderse fueron asesinados en la calle por los soldados estadounidenses sin que nadie haga nada.
Después de ese episodio evitaba salir, y su jefe le dio un trabajo de de puro trabajo físico dentro de la fábrica.
Pasaron más meses y su jefe le ofreció un trabajo como ayudante contable, Takuya como graduado de la facultad de Economía estaba más que preparado para el trabajo, pero como ocultaba su identidad fingía saber poco del asunto y se limitaba. Luego su jefe le dijo que su sobrina se había fijado en él y como también le había agarrado afecto, que le agradaría que se case con ella. Takuya lo piensa pero decide declinar porque un matrimonio significaba revelar su identidad y pasado, por el trámite documentario. Ahí le cuenta a su jefe su verdad, y este le promete no decir nada.
Al finalizar el capítulo ocho, Takuya es informado que la policía lo ha localizado, su jefe le dice que escape antes que lo atrapen, pero Takuya se siente cansado de huir tanto tiempo y se entrega a la policía. Ya en prisión le informan que su padre fue quien lo delató a la policía después de interrogatorios en que le dijeron que era mejor delatar la dirección donde se ocultaba su hijo. Con la misma técnica atraparon a varios de los compañeros de Takuya.
Así Takuya es encarcelado meses hasta que se fija el día en que le dan su veredicto, que es el de cadena perpetua. Esperaba la pena de muerte, ya que antes por menos los estadounidenses habían dado pena de muerte a otros soldados japoneses.
En el capítulo nueve, se ve sus días en prisión y como este régimen va cambiando conforme pasa el tiempo. La situación de las relaciones de Japón con EEUU varían, y por la guerra fría, EEUU se pone más indulgente con Japón, lo que hace que le perdonen la vida a muchos oficiales japoneses que estaban esperando su ejecución, se reduzcan penas y los de penas corta sean liberados, al final la pena de cadena perpetua de Takuya es reducida a unos pocos años. Cuando sale en libertad casi una década después su padre había muerto arrepentido de haberlo delatado, pero Takuya no quiere ir a su casa, va a la vieja fábrica de Terasawa donde antes se había ocultado pero cuando estaba cerca se arrepiente y cree que es mejor no volver al pasado.
En esta novela se respira la angustia de un fugitivo, el sentimiento de pérdida de su propia vida y sentido del mundo, la rendición de una sociedad, además de las ansías de venganza primero de los japoneses cuando ejecutaron a los prisioneros estadounidenses y luego de los estadounidenses disfrazando de juicios las ejecuciones sumarias a oficiales y soldados japoneses por cualquier mínima acusación.
Como la derrota cambia a los militares, ya sea de bajo o alto rango. Muchos generales negándolo todo con cobardía echándole la culpa a sus subordinados para salvar la vida, otros suicidándose antes de ser atrapados, otros suicidándose en su propia celda.
El autor Akira Yoshimura nació en 1927, así que tendría 18 años el año de la rendición por lo que vivió de primera mano esa época. Una gran novela para entender al Japón de la postguerra.