«Baluchistán», «Beluchistán», «el Beluchistán», elijan ustedes, no había sido más que un eco lejano del Gran Juego entre rusos y británicos, poco más que una ilusión óptica en uno de esos mapas militares del siglo xix pegados en tela. Es un topónimo rotundo, sonoro y, sobre todo, evocador, aunque el procesador de textos insiste en subrayarlo siempre en rojo.
Un proverbio pastún dice que Dios no encontró páramo más inhóspito ni periferia más remota para arrojar los escombros de la creación. En cuanto a la ciencia, geólogos norteamericanos lo catalogaron como «lo más parecido a Marte sobre la Tierra»; de hecho, uno busca «Baluchistán» en Ebay y casi todo son axinitas, brucitas, tremolitas, fluoritas… Pero también es oro, uranio, petróleo y gas, mucho gas, lo que se esconde bajo las sandalias de este pueblo (más de quince millones de personas) atrapado justo donde chocan las fronteras de Irán, Pakistán y Afganistán.
Hay que hacer un pequeño esfuerzo para entender todo uno ha de dirigir su mente hacia Oriente y pensar en aquello como un naufragio del que nadie informó. Sobrevivieron camelleros y taxistas, estudiantes, profesoras y peluqueros, escritoras, guerrilleros, refugiados, nómadas e incluso aristócratas. Sus historias coinciden en que empiezan, o acaban, en uno de los lugares más desconocidos del planeta.
SOBRE EL AUTOR
A Karlos Zurutuza (Donostia, 1971) le habría gustado embarcarse en Nantucket, pero sus pies le llevaban siempre hacia el este, generalmente por los lodazales y polvazales más periféricos. Los kurdos o los baluches, el colectivo LGTBI iraquí, los mandeos en Irán, los mingrelios atrapados en la gran zanja del Cáucaso… Son ya dos décadas contando historias por las que nadie apuesta pero que, contra todo pronóstico, ha conseguido publicar en las cabeceras más grandes (The Guardian, The Independent, Al Jazeera, Politico…). No es tanto el ir como el poder volver al lugar donde se escribe la cara B de la historia. Eso dice siempre.
Es autor de "Tierra adentro. Vida y muerte en la ruta libia hacia Europa" (Libros del K.O., 2018) y, junto a David Meseguer, de Respirando fuego. En las entrañas de la lucha kurda por la supervivencia (Península, 2019).
Interesantísima crónica periodística sobre una de las naciones sin estado más desconocidas y oprimidas: Beluchistán. Repartido entre un estado fallido (Afganistán), otro camino de serlo (Pakistán) y una teocracia opresora (Irán), Beluchistán constituye un territorio poblado por un grupo étnico, tan lleno de facciones como consciente de su identidad propia, que es víctima del juego geoestratégico de la región. El libro está estupendamente escrito y documentado y es un ejemplo de buen periodismo. Se disfruta muchísimo. Me lo he bebido.
Muy del estilo de Mikel Ayestaran. Te traslada a los valles remotos donde vive el pueblo Baluche entre los paises de Iran, Paquistan y Afganistan. Relata como se formaron en el pasado, y de como los intereses de las potencias mundiales siguen dejando de lado a todas las etnias que engloban a los "arabes". Recomendable para saber mas sobre las penurias que sufren estas personas en su viaje a Europa. Y hacerse una idea de su sufrimiento.
Libro de lectura necesaria para todos aquellos que deseen conocer los horrores de nuestro mundo actual, todos esos pueblos olvidados, masacrados, que perdieron el derecho a su existencia ante la indiferencia del resto del mundo: saharauis, palestinos, baluches, kurdos, rohingyas, etc.
Libro que cuenta la diáspora de un pueblo nómada y muy desconocido llamado Baluchistán. El autor cuenta el sufrimiento y la represión ejercida sobre este pueblo sin patria y que actualmente está dividido entre tres estados. Muy interesante.
En mi opinión, el principal valor de este titulo es poner un enorme foco sobre la cuestión baluche: más que sobre el terreno del Baluchistán, sobre la gente que lo conforma. Se puede echar un poco de menos una visión geográfica dentro del libro y un poco más de ensayo desde el punto de vista analítico. Ahora bien, está repleto de testimonios personales, de entrevistas, vivencias y crudos retratos del sufrimiento de un pueblo que no tiene que lidiar solo con la represión de tres Estados diferentes sino con el silencio respecto a su situación. La principal dificultad de su lectura estriba en los nombres de personas y organizaciones que se entretejen a lo largo del relato de las vivencias de los baluches, pero no es nada que no se pueda solucionar teniendo lápiz y papel al lado. Muy recomendado aunque la dureza de algunos pasajes pueda ser, como mínimo, descorazonadora.