Comenzaré por lo positivo que es la existencia misma del libro y el trabajo de traducción realizado que permite tener por fin en español parte de la obra de Enheduanna (que con anterioridad estaba disponible en inglés). Destaco especialmente que hay un buen desarrollo del contexto histórico para así entender los poemas de Enheduanna. Además, es muy agradable que las notas vayan a pie de página y no en una sección aparte al final, para así facilitar la lectura.
Y por supuesto que, desde un punto de vista del feminismo, este libro es un trabajo valiosísimo, porque ayuda a deconstruir la falsa narrativa de que las mujeres en la Antigüedad no tenían participación o relevancia en la sociedad, así como el gran "mito" de que las mujeres "no inventaban". Comprendo que precisamente la Editorial Espinas se dedica a recuperar legados que han sido invisibilizados, lo cual es muy importante.
Independientemente de las críticas que haré a continuación, sí recomiendo encarecidamente este libro para conocer el contexto, historia y obra de la maravillosa Enheduanna. Es un libro detrás del cual hay mucho trabajo e investigación, y recomiendo ver la presentación que hay en YouTube donde conversan Ana Valtierra, Paco Moreno, Laura Rochera y Alicia de la Fuente.
Espero que siga teniendo difusión y más personas puedan conocer el precioso legado de Enheduanna y la figura de la diosa Inanna.
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Lo que podría haberse mejorado:
1) Utilización de lenguaje “inclusivo” confuso: En la Introducción de Ana Valtierra, comprendo que deliberadamente se utiliza “los” y “las” para hacer un énfasis en la existencia y participación de las mujeres. Por ejemplo, si se dice “los escribas”, aunque “escriba” es neutro, podría no entenderse como gramatical neutro y por eso se añade “los y las” para reforzar la idea de que tanto hombres como mujeres* podían ser varones. El problema es que a la larga este recurso genera confusión y distrae del texto. Por ejemplo, en la página 23 se dice: “para todos y todas las escritoras”. ¿Está diciendo que las escritoras pueden ser “los” y “las” a la vez? ¿Por qué no decir “para todos los escritores y todas las escritoras” o elegir una fórmula más coherente? De nuevo, entiendo el propósito detrás, pero siento que podría haberse estructurado de otra manera.
(* no es mi tema de experticia, pero entiendo que en las culturas mesopotámicas existía un género neutro, así que tal vez podía ser que existiera una igualdad de acceso a ciertos cargos, más allá de cómo se identificara la persona; obviamente dependiendo de otros factores).
2) Falta de respaldo académico en temas de interés: En algunas ocasiones se echa de menos el uso de citas para el respaldo de la información que se afirma. En las páginas 38 y 39 se hacen ciertas afirmaciones respecto a la hierogamia o la asociación de impureza con el ciclo menstrual, pero no hay ninguna referencia al respecto. Y precisamente, como estos son temas que históricamente han sido malinterpretados desde posturas anacrónicas de autores tardíos, es que considero importante que exista un respaldo para esas afirmaciones. Un ejemplo es lo que ocurrió con la interpretación de los misterios eleusinos griegos por Clemente de Alejandría al afirmar erróneamente que en los misterios se practicaban relaciones sexuales por una falsa asociación de lo “pagano con lo obsceno”. Otro ejemplo es lo que ha ocurrido, y sigue ocurriendo, respecto de los misterios dionisíacos que erróneamente se reducen a “sexo y vino”, distorsionando su historia y vaor religioso. Para los lectores que no poseen mayor conocimiento histórico de las culturas mesopotámicas, habría sido bueno respaldar esas afirmaciones para no generar dudas.
3) Anacronismos ideológicos en el análisis histórico: Otra crítica es que, lamentablemente, en su objetivo de enaltecer a Enheduanna como la primera autora (conocida) de la historia, el libro incurre en el mismo error que critica Ana Valtierra en su introducción: el uso de sesgos anacrónicos al analizar culturas antiguas.
En la página 132 se afirma lo siguiente: “Con el ascenso de los pueblos griegos y su relegación de la mujer a nivel político y social, unido a su escasa empatía con todo lo que no fuera griego, con todo lo bárbaro, se perdió toda esta herencia cultural, hasta que la arqueología la ha redescubierto”.
Si el propósito del libro era rescatar legados del pasado (la figura y obra de Enheduanna) es una terrible ironía que se caiga en esta caricatura de la Antigua Grecia, en un extraño afán de posicionar a dicha cultura como una especie de “enemigo heteropatriarcal” a quien culpar de un fenómeno que le es absolutamente ajeno. ¿Qué culpa o responsabilidad tienen los antiguos griegos respecto al legado de una civilización ajena? ¿Cómo se podría responsabilizar a una civilización antigua por la forma en que en nuestra época se interpretan o valoran los legados de otra civilización (en este caso, la sumeria)?
Aunque como helenista podría explayarme largamente en esto, resumiré mi crítica a este párrafo en 3 grandes argumentos:
A) El primero es la inexistencia de relación de causalidad entre la “pérdida” de la cultura mesopotámica/sumeria con la civilización griega. En la época del “esplendor” de la Antigua Grecia (siglos V a IV a.C.), Sumeria ya había desaparecido como cultura autónoma y no por causa de los antiguos griegos. Además, los antiguos griegos no eran descendientes de los sumerios y no tenían ninguna “responsabilidad cultural” de mantener o preservar su legado, pues no les pertenecía. Por lo tanto, los antiguos griegos no son los “destructores de la cultura sumeria” ni tampoco los responsables de que hoy, en el siglo XXI, el personaje de Enheduanna no sea una figura popular, ni mucho menos de los prejuicios o sesgos que se han generado en la historiografía de los últimos siglos.
B) Por otro lado, el párrafo citado incurre en una relectura anacrónica del papel de la mujer, borrando la importancia y participación que sí tuvieron las mujeres en la Antigua Grecia. Como mencionó Ana Valtierra en la Introducción, pese a los errores y sesgos de algunos historiadores a lo largo de los últimos siglos, en las últimas décadas, gracias al trabajo de arqueólogos, clasisicistas y otros profesionales (en buena parte, mujeres) se han ido desmitifcando varias construcciones erróneas respecto a las mujeres en la Antigua Grecia como, por ejemplo, la falsa idea de la “reclusión femenina en el gineceo”. Resulta triste entonces, que siendo este un libro sobre Enheduanna, una sacerdotisa, este comentario invisibilice y omita la existencia y contribución de las antiguas sacerdotisas griegas que jugaron un rol importante en la antigüedad. Precisamente porque la antigua Grecia, al igual que Sumeria y otras ciudades-estado, tenía un panteón politeísta con presencia femenina y masculina, en la Antigua Grecia existieron sacerdotes y sacerdotisas, y estas últimas no se diferenciaban de sus pares asiáticas, pues también eran intermediarias entre las divinidades y la humanidad y tenían responsabilidades y privilegios (sabían leer y escribir, eran dueñas de tierras, eran respetadas y valoradas por la comunidad, tenían infuencia política, etc).
C) Y, por último, el párrafo distorsiona la rica relación entre los antiguos griegos y otras culturas. Más allá de los ideales y del uso del modelo de la alteridad de “griego vs bárbaro” que utilizaron los griegos para construir su identidad, en la Antigua Grecia igualmente existía una admiración e interés por otras culturas, e incluso hubo sincretismos religiosos producto de los intercambios culturales.
Entonces, en conclusión, el párrafo citado es una generalización anacrónica que borra la evolución cultural griega, con sus desafíos, matices y contradicciones propios de cualquier civilización. Es una reducción innecesaria y que cae en el mismo error que se critica, estigmatizando a una civilización por ensalzar a otra.
4) Problemas de diseño editorial: Por último, supongo que, por un afán artístico de darle a los himnos una sensación de “antigüedad”, la Editorial hizo que las páginas de los poemas no vengan en papel claro, sino en un papel más oscuro, con una especie de patrón que simula un pergamino. Artísticamente puede parecer algo novedoso o entretenido, pero, en términos de accesibilidad, es un despropósito. Al no haber una relación de contraste entre el texto y el color del papel la lecutura se dificulta innecesariamente. En lo personal se me hizo muy agotadora y complicada la lectura por este “efecto”.
Reitero, independientemente de las críticas, recomiendo el libro.