Mi primera historia de Luis Sepúlveda, y estoy más que satisfecho. Vaya, ya me muero por leer el resto de sus libros. Una pena que el COVID se lo llevara tan pronto...
El caso es que el libro me ha gustado más de lo que pensaba, y es que, si se me permite analizarlo desde mi ignorancia, al final del día es una gran oda a las historias de aventura PERO con algo distinto, un toque humano, pero no de supremacía y supervivencia ante el mundo como en muchas otras obras, sino que Sepúlveda nos apunta con el dedo para hincarlo en nuestro egoísmo, en cómo nos hemos olvidado de esa bastante naturaleza con la que hemos dejado de coexistir y conectar para arrasarla. No siento que nos obligue a tornar a nuestras partes más animales ni que sea una historia que te invite a irte a vivir a un islote, es más una alarma a lo que se está haciendo frente a nuestros ojos y que, sin embargo, ignoramos. Ciertamente no es el mejor alegato ecológico de la ficción, pero sí uno muy interesante y bien ejecutado.
Vaya, hasta tacha a Darwin de ignorante:
"Un inglés pasó por estos lugares y los miró sin entender nada. Escribió: «Tristes soledades donde la muerte más que la vida parece reinar soberanamente». No entendió nada y por eso mintió como buen inglés. Se llamaba Charles Darwin".
(obviemos los estereotipos xenófobos, ¿vale? XD)
Asimismo, he de decir que la escritura de Sepúlveda es muy bella, pero lo que más me ha fastidiado la lectura han sido esas interminables descripciones de los mares y lugares de Chile.
Por lo que me he informado, el escritor se sabía de punta a punta su país, y sin duda lo demuestra en esta novela, y es lo que más frena al principio, y lo que más fastidia al final. Una muestra:
"-Aquí estamos ahora, en Puerto Nuevo, y zarparemos con rumbo oeste hasta alcanzar Paso Boquerón. Por ahí entraremos al Estrecho de Magallanes y navegaremos con la proa al sur hasta las cercanías de Cabo Froward. Hasta ese punto hay unas ciento treinta millas tranquilas. Cuando avistemos Cabo Froward abandonaremos el estrecho que sigue en dirección oeste noroeste. Nosotros continuaremos con rumbo sur, y al llegar frente a las costas de las islas Dawson y Aracena tomaremos la boca norte del Canal Cockburn. Treinta millas más al sur, frente a la Península de Rolando, haremos una curva cuarenta millas con rumbo oeste noroeste para ganar la mar abierta frente a Isla Furia. Enseguida haremos otra curva rodeando Islas Camden con rumbo sureste hasta ganar Bahía Stewart de cara a Islas Gilbert. Son otras treinta millas y según la radio nos espera mar rizada. Veinte millas más al este empieza el Canal Ballenero. Ahí, en la costa norte de Isla Londonderry tenemos la factoría. Algunas millas más al este se abre el Canal Beagle, y en Bahía Cook nos estarán esperando las ballenas (...)".
(ajá, sí, lo que le comentaba a mi madre el otro día)
Para alguien que ama el país chileno hará sus delicias, pero para quienes somos externos y no conocemos más que el nombre supone un cierto suplicio, siendo claro (al menos a mi parecer, por supuesto).
Sin embargo, más allá de eso, la escritura es muy armónica. No es García Márquez, claro está, pero es muy buena y tiene muchas frases bellas. Seguro que en otras novelas con menos nombres de lugares resaltará todavía más XD
Los personajes, por otro parte, no son súper memorables, pero sí identificables, ya que aunque aparezcan por poco tiempo, Sepúlveda les dota de ciertos matices propios. De alguna forma me recordó a Patricia Cornwell en "El libro de los muertos".
En conclusión, es un libro tranquilo que te lleva suavemente por el mar de Chile, como la misma brisa oceánica. Se hace pesado en varias ocasiones, y no me parece mega indispensable, pero leer la obra de Sepúlveda sí me parece muy valioso a mi parecer, ya que, al menos para mí, creo que da para analizar ciertas cosas de cómo concibe el mundo y la naturaleza.
Al final del día, y con el mensaje que trasmite el libro, es que la propia naturaleza no se rendirá ante el avance humano y hasta nos ayudará cuando lo necesitemos. Al fin y al cabo, es nuestro hogar.
He aquí algunas frases y fragmentos que me han gustado y con los que me quedo:
"Una visión irracional de la ciencia y el progreso se encarga de legitimar los crímenes, y pareciera ser que la única herencia del género humano es la locura. Volvamos a las ballena. ¿Con qué fin se las mata? ¿Para saciar el tedio gastronómico de un puñado de ricos horteras? La importancia de las ballenas en la industria cosmética es asunto del pasado. Lo que se invierte en obtener un litro de grasa de ballena es la misma cantidad que, invertida en fomentar la producción de grasa vegetal en un país pobre, obtendría veinte litros de aceite similar. Y pensar que todavía hay voceros de un pretendido modernismo que encuentran tribuna en los periódicos europeos para descalificar las medidas de protección de la naturaleza tildándolas de «ecolatrías», e intentan elevar el discurso del necio que quema su casa para calentarse a la categoría de una nueva ética. «Desprecio lo que ignoro» es el lema de curiosos filósofos de la destrucción".
"-(...) Si no me equivoco, usted es chileno.
-Sí. Nací allá.
-No se preocupe. Pasan cosas peores en la vida (...)".
"(...) el exilio, transformado en una especie de beca de estudios, nos permitió entender que la lucha contra los enemigos de la humanidad se libra en todo el planeta, que no requiere ni héroes ni mesías, y que parte defendiendo el más fundamental de los derechos: el Derecho a la Vida".
"Una crecida cabellera canosa impedía calcular su edad, lo vi caminar los pocos metros que nos separaban con ese andar de pelícano característico de los marinos con muchas millas a la espalda, navegantes que todavía es posible ver en algunos puertos de Europa y que tripulan barcos de banderas pobres, Panamá o Liberia. No bajan a menudo a tierra y parecen llevar en sus cuerpos el vaivén de los barcos. Las tripulaciones actuales están compuestas por oficiales expertos en informática y por marinos jóvenes que no ven en la mar más que una situación transitoria. La paga no es de las mejores y la modernización de los puertos acabó con la esperanza de ver un poco del mundo. Los hombres han dado la espalda al embrujo de los océanos".
"Amor y odio. Vida y muerte. Secreto y revelación. Todo al mismo tiempo y sin edades. Eso es la mar...".
"-No sé qué decir. No sé por dónde empezar.
-Digamos buenas noches. Yo también estoy cansado.
-De acuerdo. Buenas noches, capitán Nilssen".
"(...) Es un monte nuevo y no nació de ninguna irrupción subterránea. Es un monte de astillas. Uno de los muchos montes de astillas que decoran desde hace cinco años el litoral del sur chileno. Así terminan los bosques, maderas nobles, arbustos, todo termina hecho astillas y se embarca para Japón. Materia prima para la industria del papel. Algunos dicen que es el precio que debemos pagar por el placer de leer, pero no es cierto. Saquear el bosque nativo es mucho más rentable que invertir en proyectos forestales".
"(...) un buen amigo mío, un navegante chilote que se merece el título de lobo de mar, trabajó durante muchos años como práctico en el Estrecho de Magallanes. El hombre tomaba el timón de cualquier barco y lo conducía sin problemas hacia el Pacífico o hacia el Atlántico. Pero mi amigo tenía el pecado de no haber estudiado jamás en una escuela naval y para colmo de sus males era socialista. Cuando vino el golpe militar del 73 y los milicos se adueñaron de todo, la gobernación marítima de Punta Arena lo citó a rendir un examen para renovarle la licencia de práctico. Pues bien, mi amigo César Acosta y sus cuarenta años de experiencia se sentaron frente a un imbécil con grado de teniente de marina. El oficialito extendió una carta marítima del estrecho y le dijo: «Indíqueme dónde están los bancos de arena más peligrosos». Mi amigo se rascó la barba y le respondió: «Si usted sabe dónde están, lo felicito. Para navegar a mí me basta con saber dónde no están».
"(...) Por fin sentía que yo también era de alguna parte. Por fin sentía la llamada más poderosa que la invitación de la tribu, ésa que uno escucha o cree escuchar, o se la inventa como un paliativo de la soledad. Allí, en aquella mar serena pero jamás en calma, sobre aquella silenciosa bestia que tensaba los músculos preparándose para el abrazo polar, bajo los miles de estrellas que testimoniaban la frágil y efímera existencia humana, supe por fin que era de allí, que, aunque faltara, llevaría siempre conmigo los elementos de aquella paz terrible y violenta, precursora de todos los milagros y de todas las catástrofes.
Aquella noche, sentado en la cubierta del Finisterre, lloré sin darme cuenta. Y no era por las ballenas.
Lloré porque estaba de nuevo en casa".