Muchos historietistas, y muy buenos, han plasmado en viñetas las obras del maestro del horror cósmico, Howard Philips Lovecraft: Esteban Maroto, Richard Corben, Alberto Breccia, el mismísimo Alan Moore... la lista sería larga, pero solo un puñado de ellos podrían comparar su maestría a la de Gou Tanabe, genio japonés que no solo ha sabido estar a la altura de los relatos originales, sino que los ha adaptado en el más amplio sentido de la palabra, creando pasajes enteros de simples alusiones, expandiendo la narrativa original de una manera absolutamente respetuosa a la misma, y trazando sobre el papel las pesadillas concebidas por Lovecraft con pasmosa fidelidad.
En esta nueva obra, Tanabe retrata unos personajes fascinantes, novedosos a la par que perfectamente reconocibles: Lavinia (mi personaje favorito de la novela original) resulta a la vez inquietante y patéticamente desvalida ante los tejemanejes de su padre y de su hijo, un Wilbur Whateley fascinante y aterrador que yo diría incluso sobrepasa a su encarnación original en misteriosa y radical extrañeza. El propio pueblo de Dunwich aparece ante los ojos del lector tal y como siempre imaginó que fuera, con sus casas decadentes, sus habitantes degradados y la mole de Sentinel Hill dominando la villa con su ominosa sombra.
La única pega es que la obra salga al mercado en dos volúmenes. Tendremos que esperar hasta el segundo para asistir a las escenas más inolvidables y escalofriantes de esta tremenda adaptación que honra de manera inigualable el universo concebido por el solitario de Providence.