No quisiera ser tan injusto con el trabajo de la autora de este libro. Cumple con todo lo requerido por el trabajo académico. Plante un problema de investigación interesante y escasamente explorado: el rol de la cultura material en la literatura chilena. Selecciona un corpus representativo que recorre tres siglos. Trata los materiales seleccionados con cierta profundidad y contrasta sus hipótesis con las publicaciones académicas más pertinentes y recientes. Incluso realiza esfuerzos por mantener un estilo amigable y hasta atractivo.
Sin embargo, me resulta completamente insoportable esa mala costumbre universitaria de tener que transformar cualquier lectura de una obra en la ilustración de un concepto de algún filósofo á la mode. Derrida, Nancy, Rancière, Butler, Ahmed, Chul-Han, Fisher son algunos de los nombres de los autores cuyos conceptos manidos (hospitalidad, singular-plural, reparto de lo sensible, desposesión, sociedad del cansancio, hauntología, etc.) terminan por coronar cada uno de los capítulos de la autora luego de una exposición rumiante sobre tales o cuales aspectos de los textos. Y, a la larga, esto lleva a que se le quite atención a lo que, en mi opinión, debió haber sido el centro de la investigación: las olvidadas cosas que plagan la literatura chilena y, sobre todo, la historia material que se acumula en ellas y que en este libro queda sepultada bajo los kilos de bibliografía super-actualizada.
Es un excelente ejemplo de un trabajo académico de calidad, aunque precisamente por ello se vuelve un poco intragable fuera de la academia.