4,5. Haesu Im fue una terapeuta de éxito, la gente confiaba en ella para ayudarla a mejorar su vida, sus compañeros valoraban su experiencia y su talento, la empresa donde ejercía su profesión no había parado de crecer desde que ella empezó a trabajar. Sin embargo, un comentario desafortunado en un programa de televisión al que acude como experta tiene terribles consecuencias y vuelve su vida del revés. La gente que la admiraba, comienza a renegar de ella, los que que la querían, se alejan. Haesu se encuentra expuesta al odio de las redes y los seres allegados a los que se supone debería aferrarse, la rehuyen. En este desalentador momento de su vida, Haesu conoce a un gato callejero herido, Sunmu, y a una niña solitaria, Sei.
Después de leer “Sobre mi hija” quedé cautivado con Kim Hye-jin, deseaba el momento en que pudiera conseguir otra obra suya. Leer “Soy toda oídos” ha sido la confirmación de que, no solo la autora se está convirtiendo en una de mis imprescindibles, sino que además tiene una fórmula particular, pero única que, en lo personal, creo que siempre me funcionará. Lo primero que descubres en las primeras páginas de esta novela, es que la autora nuevamente nos presenta personajes complejos, que a veces fallan y otras aciertan, que son justos un momento y al siguiente no lo son, personajes que, en definitiva, son reales.
Como ya pasó con su otra obra, la autora es capaz de someter al lector a un gran dilema, abrumando a este en cada página con sentimientos contradictorios. Haesu Im es una mujer que comete muchos errores, que falla constantemente, que tiene pensamientos que chocan al lector, pero también es un mujer que trata de ser justa, que desea aprender de lo sucedido, que quiere ser mejor persona. Me alucina esa capacidad que tiene la autora de hacerme sentir descontento con los pensamientos, opiniones o actitudes de sus protagonistas en una página y, a la siguiente, hacerme sentir una empatía increíble hacia ella. Esta es la creación de personajes que toda historia merece, personajes grises, llenos de matices, incorrectos, creíbles.
Como si el mundo interior de su protagonista no fuese ya bastante interesante por sí solo, la autora acompaña a esta de Sei, una chica que está sufriendo acoso en el colegio y encuentra en Haesu una amiga, una confidente, otra alma triste que sufre como ella y que busca desesperadamente recuperarse. Las dos crean un vínculo y se convierten en una pieza clave para la recuperación de la otra. A veces, ni siquiera necesitan hablar mucho para que la mutua compañía que se hacen derribe las barreras entre ambas y para con los demás.
Pero la chispa que provoca este encuentro, que motiva esta unión, es Sunmu, un gato rubio y herido de menos de un año que vive en la calle cerca de la casa de Haesu. Pese a que Haesu nunca había reparado en los animales callejeros y no había experimentado esa clase de empatía por los anímales en general, de pronto se siente reflejada en la vulnerabilidad de esta animal y, desesperada, decide que tiene que ayudarle, o ayudarse así misma ayudándolo, no está segura pero sabe que tiene que hacer algo para no dejarlo morir. Me ha encantado ver esos personajes que aparecen que cuidan de los animales callejeros, las horas de su vida que dedican a ellos, tratando de hacerles más fácil y justa la existencia, incluso teniendo que soportar como respuesta las críticas y el desprecio de otros seres humanos (por llamarlos algo). Todo el que ha vivido esto de primera mano, sabe a que me refiero. Y claro, es imposible no adorar este detalle y el cariño con el que la autora sabe tratarlo. Muy bonito.
Una cosa que me gusta mucho de esta autora es que pese a lo deprimente que suelen ser los sentimientos por los que atraviesan sus personajes, con esa mezcla de emociones, malas y buenas, producto de como se relacionan con otros y la dificultad que experimentan tratando entenderse así mismos y a otros, siempre consigue arrojar luz, entre tanta oscuridad. El mensaje que me llega es claro, en la vida la empatía es la cualidad más bella e importante de cualquier ser, la pena es que rara vez la usemos o, incluso, la tengamos. En este libro vemos como la ausencia de esta puede hasta matar, pero solo un poco de ella sirve para salvar a alguien.
En definitiva, Kim Hye-jin es una autora que necesita ser leída, sus obras son breves en tamaño, pero enormes en profundidad y en mensaje. Es de esas autoras que pone en un aprieto al lector, porque presenta personajes que a ratos amas y a ratos quisieras abofetear, viviendo situaciones complicadas que manejan como pueden, fallando una y otra vez. Son historias de aprendizaje, de evolución, que muestran lo vulnerable que puede ser el ser humano, pero también la capacidad que tiene para reponerse, para aprender. A estas alturas, está de más decirlo, pero necesito leer muchas más cosas de esta señora.