Fascinante y muy bien documentada por parte de su autor, que ya conocía de cuando leí hace años su autobiografía de "Blankets". Aquí vuelve a contarnos anécdotas de su infancia y un poco de su adolescencia vivida en Marathon, Wisconsin, pero ampliando lo ya visto en la citada y multipremiada "Blankets", pues también incluye a otros personajes no presentes en la anterior, como son su hermana Sarah, el niño Hmong (una etnia perseguida y reprimida por los chinos, que les obligó a refugiarse en las montañas de Laos hasta la llegada de la guerra de Vietnam. Su ayuda a los norteamericanos durante dicho conflicto durante una década provocó que fueran de nuevo perseguidos, esta vez como represalia por parte de los norcoreanos -Vietcong- tras el abandono de las tropas estadounidenses), etc.
Craig Thompson no pensaba precisamente en reavivar sus raíces y una infancia con padres autoritarios e imbuidos por la religión fundamentalista cristiana. De hecho comentó que quería solo hablar del ginseng a raíz de la lectura de un ensayo de Michael Polland que hablaba de cómo se forjó la civilización humana a través de la manipulación que llevó a cabo de la patata, la manzana, el cannabis (marihuana) y el tulipán. Pero no a todo el mundo de su entorno le fascinaba por igual los orígenes de dicha planta medicinal -o debería decir más bien raíz-, y la relación comercial entre China y EE.UU gracias a ella, que sufragó incluso su independencia de Inglaterra.
Sin embargo, en cuanto comentó el autor sobre su infancia cultivando y recolectando durante una década el ginseng americano -que dicen de sabor más fuerte que la variedad canadiense-, vio que crecía el interés de la gente volviendo a centrar parte de la historia en lo personal y, como ya sucedía en “Blankets”, puso el punto de mira en donde se crió: esa América profunda, esa localidad de Marathon, en el medio oeste americano, llena de granjeros del ginseng, más conocido ahí como shang, que exportaban a China.
Eso sí, sin dejar de lado la parte de medicina holística y curativa -él mismo relata como toma infusiones con distintas mezclas herbales, entre las que se encuentra el ginseng, para tratar su enfermedad autoinmune en las manos: la fibromatosis-, aparte de la mitología oriental, entre otras historias sobre el ginseng, gracias a entrevistas no solo en Wisconsin, con el pasado de su cultivo en granjas particulares y el de seguir cultivándolo actualmente en dicho estado, al entrevistar a los líderes de las dos mayores corporaciones que quedan (familias Hsu y Baumann), sino también en Corea del Sur (Geunsam, Seúl), China y Taiwán (Taipéi).
Sinceramente y bajo mi punto de vista es una novela gráfica superior a la de “Blankets” porque aúna a la perfección las crisis existenciales y el modo de narrar tipo confesionario de Craig Thompson que ya teníamos en aquella con otro tono más formal tipo docu-entrevistas y de ensayo. Además, ya no tenemos solo el arte en blanco y negro tan realista y a la vez sencillo de Thompson, sino que también añade tonalidades en gris a modo de las fotografías antiguas en sepia, y el rojizo del libro de Mao, sobre todo en las tipografías y caracteres chinos y coreanos que recrean a la perfección el origen oriental del ginseng, sin por ello denostar y minusvalorar su variedad americana.
En conclusión, sin ser una secuela de “Blankets”, sino más bien su anexo, es el complemento perfecto a aquella, y si no la leíste tampoco pasa nada si quieres adentrarte a esta última novela gráfica de este autor completo cuyo reconocimiento debería ser mayor del que actualmente tiene ya que, aunque le haya costado 8 años y 12 mudanzas terminar “Raíces de Ginseng”, y no sea el autor más prolífico del mundo, cada vez emociona y asombra más, a la vez que instruye, lo que no todos consiguen por igual.
Valoración final: 4’75 de 5⭐”ginsenósidas”.