Me conmocionó el libro Nostalgia del Desastre de Constanza Michelson. El libro no es un libro, es una tormenta, un genuino reseteo. No deja títere con cabeza, padres, hijos, parejas, gobernantes, casi todos, revolucionarios, conservadores, dictadores. A veces obliga a mirar de reojo, con vergüenza propia o ajena, cringe como prefieren decir los jóvenes. Es lírica, intensa, escribe casi con aforismos, nietzscheana, con frases como disparos, como latigazos. La imagino escribiendo de madrugada en el delirio, sobre la soledad, la muerte, la falta de sentido, ascuas. Su erudición y profundidad podrían fácil venir de una anciana sabia, salvo por la intensidad y el vértigo en que escribe.
Tiene mucho de un psicoanálisis al Chile actual, a la generación de 40, 50 o más años. Si se arman de valor, está perfecto para personas que viven presas de la obligación por no pagar la cuenta de la libertad, de eso que nos pasa tanto de vivir en el ocultamiento, las apariencias. Cuánta gente que no se separa, no cambia de trabajo, no deja la carrera, por comodidad, por miedo, por falta de autoconfianza, por deudas imaginarias, y prefiere seguir, no pensar, sólo hacer lo que se puede, porque podría ser peor. Hacerse problema tiene consecuencias, evitar los problemas también. Vivir en lo aparente, en la simplicidad, a algunos les funciona. Mirar de frente a unos les funciona, a otros justificar la resignación, nunca se tiene todo.
Es la mejor crítica al estallido, porque no es política, es espiritual. El estallido no era una guerra ni una revolución, era nihilismo. Nadie podía detenerlo, porque nadie entendía, nadie comprendía, nadie sabía lo que estaba sucediendo. Muchos quisieron ver historia, revolución, victoria, donde solo había desenfreno y nihilismo. Había desatado resentimiento y victimismo, que son casi lo mismo.
Desde el fanatismo al nihilismo, aunque el fanatismo es un modo de nihilismo. Desde el fanatismo a la frivolidad, aunque ambos son nihilismo.
Las culpas y los “esos” son familiares, pero también colectivos. Mejor no hablar de ciertas cosas, como esa burguesía bien pensante, feminista, ecologista, igualitarista, pero para los otros. Vaya directo a las páginas 152, 153, 159, 198.
Por fuera parece un libro, pero es una terapia, un exorcismo febril, para releerlo muchas veces, para gente con mal sueño o insomnio. Se lee con vértigo, pero ahoga y exige descanso.
Va de la cultura a la filosofía, sin embargo, es solo un diagnóstico, nada de prédica, mucha pregunta y poca o ninguna respuesta.
En síntesis, me representa esa irrenunciable rebeldía no solo a la autoridad, sino a la masa, esa que puede ser de los poderes más autoritarios y arbitrarios.
Subrayé muchas frases en cada página, a veces solo porque suenan muy bellas.
Queda mucho por escarbar, por encontrar y comprender.
Es adictiva.