Rosa y Zacarías son una pareja de esposos que migra desde su natal Apurímac a Montreal con su pequeño hijo, Luis, huyendo de un escenario convulso político y socialmente en la década de 1980. Esta novela se aproxima a la nostalgia de lo que ya no está y a lo que se construye en un espacio que no es propio, en un proceso de resistencia por mantener sus tradiciones. Compuesta según la noción del tiempo cíclico andino y desde múltiples voces, seguimos el pasado previo a la diáspora, el presente que dispara los hechos de la narración y un nuevo comienzo. Con una riqueza en imágenes y simbologías propias de la cosmovisión andina, y un dominio de la oralidad y del narrador en primera persona, Todos los Santos nos ofrece una mirada sobre la memoria, el espacio de enunciación, y la discusión por ser portador de la identidad familiar y el honor colectivo en contraposición con la occidentalización y la negación de las raíces.
Qué disfrute especial hay en las lecturas que son una hermosa sorpresa en varios sentidos: una autora que no conocía y que ahora me gusta, una trama sobre la migración desde una perspectiva que me ha parecido original, crítica e inteligente, y un estilo narrativo sensible, delicado, con el que me he conectado desde la primera página. Todo esto y más es Todos los santos de Marcela Cossíos.
Esta es la historia de Rosa y Zacarías, una pareja de Apurímac que migra a Canadá a inicios de los noventa, periodo de violencia e inseguridad en nuestro país. En el primer capítulo de la novela, ocurrirá una desgracia que nos llevará a conocer más de cerca cómo era la relación entre ambos y qué pensaba cada uno de la vida que estaban llevando juntos.
Alegrías, amor, inseguridades, silencios, todo lo que caracteriza a las relaciones humanas, todo eso hay, pero, sobre todo, una narración honesta, que no busca que nos pongamos del lado de nadie, sino que recordemos que siempre hay diferentes voces que pueden contar una misma historia.
No puedo terminar sin confesar que Rosa se ha ganado mi corazón de inicio a fin en la novela. Qué mujer tan lúcida, íntegra, tan conectada con la vida. Esta doña se manda unos factos que no hay que perder de vista.
Qué grata sorpresa es este libro. En una historia sencilla convergen millones de momentos significativos sobre la tierra que nos ve nacer, las costumbres, el amor, el duelo, el retorno y el fluir.
"... Algunos muertos no se quieren ir, así que hay que ayudarlos. Les lavamos sus ropas, les damos ofrendas, les cantamos. A veces, nosotros somos los que no queremos que se vayan y nos demoramos en limpiar la casa, en lavar su ropa, en llorarlos. Todos tienen que seguir su camino, cruzar el Yawarmayu y llegar al otro mundo. Pero bien sabemos, nosotros sabemos, que, por más que ya no estén, siempre te escuchan los muertos. Sienten. Es como si no se fueran nunca. Te cuidan. Entonces no incomoda la muerte..."
Lo que más me ha gustado es la precisión de la escritura y la emoción. Algo interesante es la manera en que Marcela Cossíos utiliza la lingüística para enriquecer la narrativa. Funciona muy bien para hacer vivir a los personajes. Y ahora, cuándo llega el próximo?
Refleja la complejidad de un proceso migratorio. Con las diferentes voces te permite entrar en la realidad de los diferentes protagonistas. Me ha gustado y me ha permitido conocer parte de las raíces de la cultura y tradiciones peruanas. Gracias Marcela