Inspirada por una propuesta informal de su editor, que pretendía publicar un libro de viajes, la autora de esta sinopsis en tercera persona decide hacer de su capa un sayo y embarcarse en la escritura de un texto sobre ideas periféricas al acto y al concepto de viajar: la noción de ser de un lugar determinado y no de otro, la consciencia de que existe un mundo fuera de lo que una conoce, la proyección de futuro que se tiene en la infancia, los trayectos, el equipaje, la compañía, los recuerdos físicos e intangibles que traemos de los viajes y el privilegio (o tal vez la quimera) de viajar por placer. Entre reflexiones más o menos concretas y universales, se intercalan anécdotas, sueños, recuerdos y observaciones sobre territorios reales e imaginarios.
La memoria y la imaginación, dos informantes de las que no conviene fiarse demasiado y que, sin embargo, resultan fundamentales para construir aquellos mundos en los que nos gustaría vivir, son las protagonistas de este libro por el que desfilan paisajes, canciones, viandas, amigos y personas con las que una vez coincidimos y a quienes nunca hemos vuelto a ver.
Termino esta lectura fascinada. Me ha encantado la frescura, el juego y el disfrute con las palabras, el viaje (que no periplo) al que nos invita. Lo he sentido como un paseo de esos tan disfrutables, largo y sin pretensiones, cuando por la noche se levanta brisa fresca que alivia el calor del día. Qué naturalidad al escribir, cómo parece hacerlo tan fácil mientras consigue (¡tan difícil!) un libro que fluye solo y que mientras lo lees te da muchas ganas de ser amiga de la autora, incluso parece que ya lo hayáis sido en algún sueño de los que recuerdas vívido al despertar y se coloca en algún lugar entre la imaginación y el recuerdo. Buah. Qué estupendo ha sido leerlo.
(De la misma autora disfruté un montón también su Piso compartido, así que todo indica que tendré que ir a por sus Dos novelitas nórdicas, que me faltan).
Siento que el libro estaba dentro de uno de esos visores de diapositivas con forma de televisión de culo gordo y con cada clic me adentraba cada vez más en un mundo maravilloso.
Siento que podría escuchar a Ana Flecha conversar con otra persona durante muchas horas. Me gusta la perspectiva, me gusta la estructura, me gusta el contenido, me gusta la aparente simpleza que a mí me hace sentir muchísimas cosas y me gusta ver los trenes de pensamiento. De niña provinciana de interior a niña provinciana de costa, este es el mejor libro de viajes, aunque no compartamos historia, para la niña que fui y no viajó y viaja ahora muy de vez en cuando. Me puso tristísima y contentísima en diferentes momentos siendo un libro pequeñito.
Leí la primera sentada mientras Xia leía otra cosa al otro lado de la pantalla y este último mientras David leía otra cosa al otro lado de la pared. Después de un tiempo de saberme muy acompañada pero sentirme muy solitaria, mi par de ratitos a solas con este libro me hicieron hacer las paces no sé muy bien con qué.
Qué frescura en plan en el sentido sensorial de la palabra no en el pedante y qué divertido a ratos
qué maravilla de libro. me ha acompañado en mi viaje a japón, una de mis dos lecturas elegidas (que es un enorme elogio, ser elegido uno de los libros que atraviesen los recuerdos de lo desconocido, yo iba en bus recorriendo la isla y planeta solitario conmigo) y la única lectura final después de que el único libro japonés de mi estantería resultara ser un auténtico rollo (intentaré acabar before the coffee gets cold, pero por ahora está siendo duro).
adèle me lo regaló justamente para que me acompañase en mi viaje, así que realmente lo eligió ella. gracias, amor, este libro es perfecto justamente para viajar. capítulos cortitos pero profundos, que te dejan con ganas de observar y recordar todo. pensaba que tenía mala memoria, pero leer a la autora narrar sus historias me he acordado de las mías. un viaje por la vida de una, y por lo que queda.
la memoria conserva cómo sentimos que han ocurrido las cosas y eso para mí tiene más valor que saber cómo ocurrireron de verdad.
además, no hay nada que me guste más que un libro que es otra cosa. una propuesta de guía de viajes que acaba en ensayos - memorias que hablan de todo menos recomendaciones para guiris. qué ganas de leer más cosas de ana flecha, lo acabo con el corazón expandido y con ganas de apuntarme a francés de una vez.
los viajes, al igual que los libros, nos sacan de la rutina y nos recuerdan que existen otro mundos, otras maneras de hacer las cosas.
Este libro ha conseguido que eche de menos traducir💔 me han gustado mucho las reflexiones sobre los idiomas y aprenderlas, sobre todo el capítulo de Idiomas,querida me ha encantado
Planeta solitario toma el nombre, según cuenta la autora, de una colección de guías de viaje. Lo que pretendía ser un libro de viajes quizá no responda al constructo como tal, pero indudable Ana Flecha nos lleva de la mano por un camino que la circunda. Desde lo que ella entiende como el afuera, El Extranjero, a un paseo por su conocimiento del mundo, del lenguaje, de la lengua y del juego de palabras. Su ironía, la frescura de su narrativa, su aura de anécdotas y la precisión de la palabra te engancha y no te suelta. El formato recuerda a la newsletter, al menos así lo he ido leyendo yo. Una suerte de cartas frescas en cada capítulo que, en definiva, la emparientan con otros títulos de Mr Griffit.
En las casi cuarenta y ocho horas que ha durado mi recorrido por este libro, me ha acompañado en la cama, en el sofá, tomando el desayuno, en un viaje en metro, en descansos de estudio... si Ana Flecha se entera estará contenta, casi como lo estoy yo tras haber leído Planeta solitario, entrando así 😃 en cada capítulo y disfrutando de la forma que tiene la autora de contar las cosas. Se me complica dejar de ser un bot de Ana Flecha Marco y pedirle a todo el mundo que la lea. (Leedla, porfi).
Me gustó mucho. Me encanta ver cómo se divierte Ana Flecha con las palabras. Es todo muy natural, muy cercano, como conversar con ella en alguna cafetería. Me interesa mucho su manera de contar las cosas, una vez más esa la mezcla de lo personal con lo universal y ese punto de humor en el que me reconozco.
Ana es mi todo yo la amo, me ha gustado explorar su significado de los viajes y todo lo que engloba. A uno le dan ganas de aprender quechua y viajar a Zamora
Después de dos libros leídos solo por terminarlos porque no me gustaban, qué gusto leer algo enteramente bueno. Me gustan la edición, el lenguaje de la autora, sus opiniones sobre los viajes, su humor y las anécdotas que cuenta.
Todas estas pequeñas píldoras viajeras se saborean, se sienten y te llevan a muchas emociones comunes de las que no quieres salir. Qué gran concepto de libro.
"La memoria conserva cómo sentimos que han ocurrido las cosas y eso para mí tiene más valor que saber cómo ocurrieron de verdad"
Muchas veces, los libros que no habías planeado comprar son los que más agradablemente te sorprenden. Una firma de última hora en la Feria del Libro de Madrid, una edición discreta en una caseta desconocida para mí... Y sin expectativas y desconociendo totalmente a la autora, me he encontrado leyendo frases en las que me he visto perfectamente retratada, comprendida, y casi diría abrazada. Por una compañera que lo comprende todo. Dos ejemplos: "La primera vez que fui a casa de los padres de una amiga extranjera, la madre me preguntó muy amable qué comida echaba de menos. Creyendo que sería por curiosidad antropológica, le dije que los huevos fritos con patatas. A lo que me refería, claro, era a los huevos con puntilla de mi abuela Isabel. Esa noche, en mi plato, apareció un huevo a la plancha, con la yema recocida. Nunca un gesto de amor me ha dado tanta tristeza." "[...] España es machista, prepotente, caciquista, ignorante, reaccionaria, meapilas, saqueadora, envidiosa, irresponsable, clasista, cegata, inmovilista, cateta, resignada, necia, conservadora, nacionalista, tonta. Pero yo soy de aquí». Ese aquí que demuestra que tanto Dora como yo vivimos en ese país que a veces nos entristece tanto, pero del que resulta que somos nosotras, me parece especialmente revelador. Yo creo que nunca podré estar del todo a gusto en España, pero, aunque lo he intentado y lo intento cada día, la realidad es que tampoco sé ser de otro sitio."
A una le gustaría que la vida fuera como este libro: ingenioso, divertido, amable y acogedor. Y como no suele serlo, pues qué mejor que refugiarse en esta compañía de confort extremo. Lo he regalado tropemil siempre con resultados inmejorables.
No puedo ser parcial con Ana, lo siento. Me cae demasiado bien, todo lo que escribe me pone de buen humor y me parece una persona de una inteligencia y un sentido del humor envidiables. Y bueno, es que el libro es tan ella...Es un libro para viajar sin moverte del sitio y con el que seguro que pasaréis un buen rato.
Conocer la escritura de Ana gracias a conocerla en persona ha sido uno de los momentos top del año. He sonreído en cada recuerdo desbloqueado de mi infancia, he subrayado, me he emocionado y he pensado en las personas con las que compartirlo. Muy entrañable
Qué maravilla leer a Ana Flecha y qué generosidad la suya al compartir estos pensamientos tan claros, tan puros, tan sencillos (y no por ello menos brillantes). Lo releeré mil veces y lo regalaré otras tantas.
«Lo primero que aprendí cuando yo misma me fui a vivir al Extranjero es que la mayor parte de la gente vive feliz en la ignorancia de lo que a mí me resulta cotidiano y que, a cambio, yo también desconozco lo que le resulta de lo más común al resto, mira tú que obviedad y sin embargo» 🛫🌍🌟
Lo ha vuelto a hacer. La capacidad de Ana de adueñarse de los pensamientos más improbables de uno es increíble. Y en esta entrega sobre viajes es reconfortante, cuanto menos.
Un viaje de regreso al futuro (o a El Extranjero), una conversación con una amiga, una tarde de paseo en solitario con la cabeza sin dejar de funcionar. Un tesorete.
¡Ojalá me hubiera gustado más! Quizá lo que más me ha costado ha sido empatizar con la propia autora. El tono era demasiado resabido para mí. Aun así, me ha entretenido y está muy bien editado.
Pequeño y calentito, con unos cuantos lugares comunes y una visión enriquecida por la experiencia de para quien la maleta es un apéndice inseparable por placer y obligación.