En este libro, los robots nos contarán historias alucinantes: episodios trágicos entre los robots y sus creadores, relatos que describen lo absurdo que puede ser el automatismo de un propósito, crónicas de una épica aventura por descubrir lo que se esconde debajo de sus capas de piel sintética y metal, narraciones siniestras sobre la desesperación de los días previos a una extinción inminente e historias que podrían representar la última esperanza de una humanidad que lleva milenios sin existir. Daniel Centeno, con una imaginación brillante, nos guía a través de un mundo donde la humanidad ha desaparecido y los robots deben enfrentarse a su propia decadencia. Cada uno de los cinco cuentos que conforman esta colección nos conduce, poco a poco, dentro de una realidad desolada que, desprovista de vida, paradójicamente nos presenta las preguntas más humanas.
En su cuento “Happy endings”, Margaret Atwood propone que todos los finales se parecen. Son los inicios los que resultan divertidos. Los finales implican la muerte a menos que sean falsos, dice la autora, y es ahí donde quisiera detenerme. De todas las formas de ficción, los cuentos son los que proveen con mayor riqueza, en el menor tiempo posible, la capacidad de enfrentarnos una y otra vez a un final. Y si Atwood tuviera razón y todos los finales acaban en la muerte, ¿no serían los cuentos las vías rápidas y seguras de aproximación? Bajo esta sospecha, diría que mi poética consiste en convertir la muerte en un punto de partida. Divertirme con eso que Atwood no encuentra divertido.
Daniel Centeno (Los Mochis, Sinaloa, 1991) escribe cuentos de death fiction. Autor de Extinguirnos fue tan fácil (UAEM, 2025), Los robots contarán nuestras historias (Ocelote, 2024), Rara vez elegimos morir (Trazos de Aves, 2024) No hablaremos de muerte a los fantasmas (Casa Futura, 2021) y Puerta Cerrada (Paraíso Perdido, 2017). Ganó el XXXV Premio Nacional de Cuento Fantástico y Ciencia Ficción y obtuvo mención honorífica en el XVI Concurso Juan José Arreola. Fue becario del FONCA (2017, 2022) y del PECDA (2020).
Una serie de cuentos, donde los robots son partícipes de las historia como secundarios o narradores, vemos las emociones y hazañas inentendibles de los robots, donde estos no son capaces de dar razón a las programaciones con la que fueron hechos.
La lectura es entendible y ligera, no maneja un lenguaje tan experto para aquellos que se les complican las palabras largas.
Un muy buen libro que te hace ver el mundo de las máquinas y lo que pasaría en este mundo postapocalíptico.
Leí los cuentos de este libro uno tras otro. Siempre que acababa uno me debatiá si derle tiempo para que se asentara su profundidad o si continuar con el siguiente por lo buenos que son.
Se exploran diversas facetas emocionales de los robots una vez que los humanos desaparecen, limitados por su programación y siempre llevandola más allá de para lo que estaban hechos. Un libro que se pregunta qué es lo que nos hace humanos.
Mis cuentos favoritos fueron "Los robots también lloran" y "Es fácil romper un corazón". Definitivamente voy a volver a leerlos.
¿Los robots pueden comprender el peso de nuestro desconsuelo? A través de estos cinco cuentos, Daniel ofrece distintas respuestas a esta pregunta. Además de esto, el autor hace aseveraciones de tal calibre que bastan para pausar la lectura y replantearse la vida misma:
"Hallar la vida no es suficiente. Es necesario cuidarla."
En ese sentido, crear la vida no es suficiente, para los humanos, es necesario darle un propósito. Las ocupaciones de los robots aquí van de lo clásico a lo asombroso: recolectores de basura, mecánicos, sex toys, asistentes del luto, cuidador de estatuas, devoto rezandero, cuentacuentos.
Este es un libro repleto de robots que dicen que no pueden herir su corazón, pero que, al reinventarse en nuestra ausencia y frente a nuestra extinción, logran rompernos el corazón una última vez antes del final.
"Uno nunca olvida dónde están los huesos de un amigo, o de algo más que un amigo. Uno puede olvidarse de la carne, pero nunca de los huesos."
Daniel indaga en la materialidad, en nuestra sustancia, pero más que eso, en nuestro espíritu. Y en como este inspira al de los robots, que se cansan de esperarnos hasta formularse un alma propia. Si no un reflejo, sí son un legado de la humanidad, del ingenio que los creó, y de la debilidad que les dio su propósito.
En un estilo altamente cerebral, pero que aun así logra unagran articulación emocional, el autor se aproxima a argumentos descabellados o de nostalgia extrema. Esto, a su vez, aligera el ritmo de lectura, e invita al lector a seguir vagando por parajes desolados de vida humana -- aunque todavía exista la vida artificial.
"Es el único sitio del mundo que se sentía como su corazón: un cementerio."
En este libro permea la soledad, el sentimiento de desolación que trae el apocalipsis, pero al fin y al cabo, los mismos robots representan la esperanza. Son la prolongación de nuestra intención e ingenio, el vano paliativo a nuestra destrucción. Eso no evita sentir que el amanecer está cerca al terminar de leer el último relato.
"Ser humano es fácil cuando cavas en el suelo. No hay dudas, solo certidumbre. Nadie te pregunta quién eres."
En este libro comprendí que el ansia auto-destructiva humana es nuestro legado, pero que aun así, la belleza familiar de este mundo permanece. Y perdurará.
Cinco cuentos sobre robots llenos de humanidad; robots cuestionando su propósito, navegando un mundo desolado donde sus creadores, los humanos, se han extinto. Robots que interactúan con magos, ángeles y fantasmas, consciencias artificiales que reflejan las dudas, sinsentidos, temores y esperanzas de nuestra propia consciencia.
Un libro que se atesora, cuya lectura deja más preguntas que respuestas.
¡Qué libro tan increíble! Una serie de cuentos post-apocalípticos donde no hay humanos, pero sí su legado: robots, de una tecnología tan avanzada (o no) que replican los miedos, sueños, anhelos y creencias de sus creadores. ¿Qué pasa cuando le heredas a un ser sin conciencia anhelos, sueños y cargas meramente humanas? ¿Será la tecnología lo que continúe nuestro legado? ¿Seguirá entonces siendo nuestro legado?