«Luis HumbertoCrosthwaite haceen cada relato una reflexión sobreel cuento como la más exigentede las artes marciales.»
-Martín Solares
El último show del Elegante Joanda título a una colección de cuentos donde el hilo conductor es la poesía, la música y la literatura. Un ejercicio de metapoesía, metaficción que aborda, desde el humor, la autorreferencia y los mecanismos propios de la escritura. Inicia con una carta de protesta, en donde los personajes del libro se quejan por haber sido maltratados por el escritor. En sus páginas desfilan poetas shaolines dispuestos a batirse a duelo; una editora panameña decidida a publicar la novela que revolucionará la literatura mundial; un joven montacarguista que por un día se transforma en compositor de corridos; el mejor y más amoroso imitador de Joan Sebastian; personajes literarios que son reclutados por una agencia de colocación para participar en una novela. Al final, un personaje se revela y reta al autor a terminar el libro sin él.
Con fino humor y desparpajo, Luis Humberto Crosthwaite nos presenta su trabajo más maduro e introspectivo. A la vez, nos recuerda, en cada relato, que la literatura, como oficio y como arte, no tiene que ser ni solemne ni aburrida.
Es una gran obra y compila relatos donde reí e imaginé como pocas veces. En lo personal, el único que no amé con toda mi alma fue el de la niña baterista, pero de todas maneras, me pareció bueno.
Este es un libro de cuentos que giran en torno a la metaficción, la escritura, pero combinándolo con referencias pop o mejor dicho, referencias rancheras. En un primer momento suena maravilloso porque hay desenvoltura y falta de seriedad a algo tan manoseado como escribir sobre la escritura, pero me parece que el resultado es apenas chabacano, no se dice mucho de lo que ya se ha dicho.
Conste que me gusta el humor aquí vertido, pero es que a veces parece que solo eso sostiene a las historias. El lenguaje es sencillo pero no plano, y sin embargo, se desperdicia para contar cosas que no llegan a nada. Creo que si la apuesta era a contar cosas disparatadas le hizo falta subirle al volumen de lo disparatado, o encontrar otras cosas que pudieran dejarnos con extrañeza o fijarnos en una ambientación particular o un lenguaje propio. Nada de eso hay.
Y los juegos que hace me parecen de principiante. Escritores como gente de artes marciales con todo y dojo, ok, pero parece premisa de ejercicio de escritura nivel 1. Quizá el que sobresale es cuando el autor aparece como personaje. Lo demás, la declaración/manifiesto de los personajes al inicio y las notas fassimilares del final los siento hasta como relleno. No sé, no le creí nada a este libro.
Más que cuentos, varios de los textos parecen ejercicios sobre la forma del cuento. Ser ejercicio no es malo en sí: lo malo es lo que los evidencia como tal. Los dos primeros cuentos son los mejores pues se leen como ideas bien cosechadas y autosustentadas. El resto son tallos que apenas se asoman por la tierra. El cuento epílogo es por naturaleza una escritura gutural (un ranteo ardido escrito en papel de baño) con una muy bella última linea romántica a la Crosthwaite. Quizás si lo bruto de los demás textos tirase a la emoción de ese último y no a la intelectualidad narrativa que exige por naturaleza estar más pensada, los textos se sentirían más como el brote que el tallo estático.
Poesía shaolín: 5 de 5 (pishi cuentazo) Opus magnúm: 4 de 5 Juro no volver a recordarte: 3.5 de 5 Estás mojado, ya no te quiero: 3.5 de 5 Puerta abierta: 3 La niña que quería ser baterista: 4 de 5 Corrido: 3.5 de 5 Video: 3.5 de 5 El último show del elegante Joan: 5 de 5 Novela: 4.5 de 5 Manuscrito hallado en un rollo de papel: 3.5 de 5
Poesía shaolín sin pex es uno de los mejores cuentos que he leído en los últimos años.
Humor, referencias a la cultura pop, torcer clásicos, retar reglas, metaficción... Estas son algunas de las cosas que se pueden encontrar en este cuentario y que son marca registrada Crosthwaitiana. Lo disfruté bastante, pero tampoco fue algo extraordinario ni supera mi libro favorito del autor: "Idos de la mente". Algunos de sus cuentos, como "Poesía Shaolin" se me antojan hasta didácticos y es probable que lo lea con algunos de mis grupos en el trabajo.
Qué cuentos tan simples pero buenos. El tipo de libro sobre escritura que se excusa de cultura norteña y pop para comentar no sólo, creo yo, el proceso de escritura creativa sino también aspectos de la masculinidad que van en vaivén de lo violento y macho a la ternura más dulce, con un montón de carcajadas de por medio. Esta metaficción sí me gusta. Se nota la onda que pasa por la narrativa de Crosthwaite y es bello.
Crosthwaite tiene una forma divertida de escribir. Me advirtió que después de Misa Fronteriza aquí iba a encontrar algo de mi agrado. No se equivocó.
Aunque los cuentos se relacionan poco entre sí después de cómo arranca el libro y sus personajes firmando una carta abierta como sindicato la metaficción que hallamos como lectores, este libro es de lo mejor que he leído en el año.