A través de una historia conmovedora, vas absorbiendo la sabiduría de un profesor que, al enfrentarse a la muerte, pone sobre la mesa lo que verdaderamente importa: el amor, la familia, el tiempo y la forma en que elegimos vivir.
Mientras el libro, poco a poco, te acerca a esta pregunta, también te enfrenta con otra: ¿estoy viviendo como realmente quiero?
Por último, me quedo con que no estamos por encima de la naturaleza, somos parte de ella. Entender esto nos permite aceptar el envejecimiento y la muerte como una parte innata de la vida porque “cuando aprendes a morir, aprendes a vivir”.
Más que una reseña es una reflexión sobre lo que me ha hecho sentir y pensar esta lectura. No es que sea una historia impactante aunque si te hace pensar. La “tensión de los opuestos” no es algo que haya que resolver… sino algo que hay que sostener. Morrie viene a decir que la vida está llena de fuerzas contrarias: querer seguridad pero también libertad, apegarse a las personas pero saber que todo es pasajero, vivir… sabiendo que vas a morir ¿Qué cambiaría en mi forma de vivir si acepto que el tiempo es limitado? ¿Como se aprende a morir para aprender a vivir? Aunque no descubre nada nuevo es una lectura que merece la pena.
Una historia de superación muy norteamericana. Me pareció un tanto predecible y muchas de las “lecciones” creo que son reflexiones simples. Sin embargo también puedo rescatar algunas que me dejan reflexionando, en especial las que tienen que ver con los vínculos.