EL TRONO DE LA LUZ, Era Indomitus vol.4, por Guy Haley. Cuarta entrega de esta increíble saga de Warhammer 40.000. La Cruzada Indomitus, liderada por el Primarca Roboute Guilliman, sigue adelante y en esta nueva parte nos adentramos en el encuentro de la Cruzada con los Templarios Negros. Esta es, de momento, la parte de la saga menos cañera en cuanto a batallas y combates se refiere. Los hay, pero muy al final de la novela. Sin embargo, no resta un ápice de interés su lectura porque nos encontramos con personajes que ya han ido saliendo en las anteriores entregas y les vemos ir avanzando en sus historias que convergen hacia la trama principal. Tanto por la parte de las fuerzas imperiales como la de las traidoras, asistimos a sus planes y conspiraciones que, en ocasiones, no salen como los personajes quisieran. De todas formas, ya se van perfilando las ideas y los cimientos de lo que Games Workshop pretende hacer con el universo de W40K, hacia donde quiere conducir el trasfondo y dar por terminada la época de W40K y pasar a otra nueva fase de la historia. Lo único que me cansa un poco es que siempre es el Caos el antagonista del Imperio. Ya termina por aburrir un tanto y sería bueno que comenzaran a meter al resto de las razas xenos en el conjunto del trasfondo.
Kor Phaeron, el autodenominado Cardenal Oscuro, amenaza los núcleos estables del Imperio mediante rebeliones y sublevaciones. Además, las Naves Negras son atacadas por las flotas del Caos haciendo que el suministro de psíquicos a Terra peligre. Por su parte, el Inquisidor Rostov sigue adelante en sus pesquisas y poco a poco comienza a tener información para dar con la mano de Abaddon y acabar con la amenaza al Imperio. Sin embargo, unos y otros verán sus planes frustrados porque una serie de visiones que azotan a millones de personas por todo el Imperio, e incluso en el Caos, predicen la llegada de la esperanza al Imperio. Un ser de luz, un niño que renace, un anatema que los agentes del Caos deben encontrar antes de que se vean consumidos por su poder.