Desde la perspectiva propuesta en El Mito de Sísifo, en estas 4 obras hay guiños sutiles y a veces directos a los "saltos" (escapes) que condenó el filósofo en su ensayo. (Yo, al día que escribo esto, ausente de la lectura de El Hombre Rebelde, regresaré luego a complementar esta bitácora sobre El estado de sitio y Los Justos).
•Calígula:
Aquí la obra más joven de Camus, ejemplifica brillantemente la dirección de la agitación existencial desbocada. Aquí, Camus aprovechó genialmente las condiciones materiales que hicieron tan especial y único al personaje histórico de Calígula. Tantas son las respuestas y modos de enfrentar y valerse ante el sin sentido como personalidades, condiciones sociales y culturales hay. Calígula, desencantado por la muerte de su amante y hermana, objeta contra el mundo sensible y finito, hallando y subsanando con la hipotesis idealista de lo imposible. Calígula pondrá todo su empeño en alcanzar lo inalcanzable, en, si es posible, desgarrar el mundo sensible para abrirse paso hasta uno extrasensible y místico donde pueda hacer el amor con la luna misma. El escéptico ilustrado de Calígula, sin embargo, muy cuerdo y consciente a la vez de la imposibilidad práctica de su apuesta mística, sopesa batallando contra todas las estructuras plausibles del mundo en busca de una libertad ideal (por antonomasia absoluta por su delirio nihilista), así, aprovecha su condición de Cesar, y engendra la tiranía mas brutal, cínica, sadista, absurda y sofista. Calígula arrasa con el mundo en busqueda de una libertad que solo se halla por fuera de los límites del mundo y del lenguaje, escala por las libertades internas del mundo hasta chocar con los límites del mismo (allí agoniza y se retuerce apasionadamente), somete los contratos de los hombre al juicio de un dios hombre, porque solo el hombre con el poder para la tiranía absoluta que él pudo, es más real (y por tanto grande) que los mismos dioses que su imperio brindaba culto, dado que son hechos visibles, violaciones que se hacían sentir en carne, y no solo extorsiones supersticiosas a entidades etéreas. A diferencia de la creencia común o quizás hasta de la histórica, el Calígula de Camus no estaba loco, todo lo contrario, quizás de los hombres mas conscientes de su época, así, este Calígula era malo, solo eso, maldad hecha voluntad, hecha y echadada al hecho por una voluntad empujada por una clarividencia absorta. Calígula decide ser tirano porque desea a como de lugar, acceder a la mística como facto.
La respuesta existencial de Calígula, como aclara Camus, es el peor de los saltos, total antítesis del Espíritu Absurdo (tesis del Mito de Sísifo), la cual es darle la espalda al hombre; una fe, otra esperanza puesta en el anhelo, patético por frenético, miserable por autodestructivo y flagelador, patético por hambriento, triste por no indiferente. ¿Cómo diverge la actitud de Calígula con la respuesta de Sade? Calígula en su nihilismo, desencanta lo material y lo moral, repartiendolo todo en partes iguales al sin sentido. Así, "abusa" moviéndose en esas estructuras con total libertad individual; para ello pone la herramienta exclusiva de los seres racionales en función de la destrucción y ridiculización de la misma, atrayendo, trayendo y sublimando como muestra de libertad al alma Aristotélica de lo animal lo sensible irracional, lo pulsional. En resumen, por parte de Calígula: por la negación del mundo, desemboca la razón guiando todo artificio material (animal) y racional (contrato humano social) a los límites de la misma, acabando siempre en el absurdo por la pretensión de exceder lo posible. Y en este choque lógico, en este total absurdo, la exigencia por ser libre de los límites del mundo, siempre crece, y siempre acaba en el estalle visceral de lógica y sangre que (repito); pretende desgarrar el cielo de lo plausible para abrazar a la luna.
El Marqués de Sade en cambio, si bien puede discutirse que le da la espalda a los hombres, los iguala y crea propone una ética absoluta (para todo individuo sin distinción) de la sumisión y el placer siempre incipiente. Sade, no pone su espera en una mística ideal, si no en la tierra misma, y no desgarra a los hombres para libertar o ridiculizar el mundo por absurdo, si no para satisfacer la lascivia y ridiculizar y librarse de la mística (pretendiendo ahogar por falaz a las instituciones que lo ameritan). Es decir, si Calígula empuja la razón del nihilismo hacia arriba, Sade empuja la razón del nihilismo hacia abajo.
•El Malentendido:
La obra mas directa de las cuatro, les digo de una vez, es la historia que aprece en el trozo del diario que encuentra Meursault en la carcel. Así que, ¡qué emoción! Camus tiene su universo. Aquí toca el tema de la justicia y la muerte como también lo hace en Los Justos. Solo que aquí de la forma irónica y fatal, mejor dicho, inminente; la decepción por la hipocresía de una madre ciega y de una hija virgen que se siente traicionada por su madre. Ambas tremendamente orgullosas, una acabada por el honor al decepcionar su vocación existencial (admitida en la historia por su personaje) de ser madre, y la otra por el desvío y por tanto abandono de su madre, de su proyecto conjunto, una real menor de edad.
•El Estado de Sitio:
Efectivamente como lo declara el mismo Camus, su obra más compacta y llena de tópicos recuerrentes en el resto de su obra, el absurdo, la justicia, el amor, el miedo, la rebelión, la soledad. Aquí esta está encantada por la personificación de ideas (sustantivos) encarnadas en individuos, la Nada y La Peste, la melancólica Victoria, son personajes en esta obra; aprovecha encantando así la prosa, con un uso incisivo y sin tapujos de la ironía acusatoria. La valentía junto con darle la cara al mundo (al igual como lo haría el Espíritu Absurdo) son la clave para ser libres de La Peste que administra La Muerte (La secretaria).
Gran obra para leer en estas épocas (ya post) pandemia. Camus recrimina brillantemente al orden social por sus cabezas, que el espíritu industrializado que invadió sus estructuras, deshumaniza a través del miedo. Esta obra es especial por poética y fantástica a la vez que sumamente real y áspera. Los recursos visuales de la escenografía que propone Camus le hacen justicia a su prosa.
•Los Justos:
La obra más trágica y moralmente pesada por titubeante entre las cuatro. Aquí de nuevo, como suele hacer Camus, somete entre una linea de matices un maniqueísmo sobre la justicia; solo aquellos que matan han de aceptar su muerte premeditadamente. De nuevo aquí, Camus da diversos ejemplos de saltos (Mito de Sísifo) las pugnas sobre la discusión del deber frente a lo justo y lo necesario. El que lleva acabo una revolución debe aceptar cargar el peso de la muerte pagándola con la misma suya, siendo mártir únicamente sobre su apuesta en la esperanza de su fin filantrópico; siendo así, todos los personajes en esta obra le fallaron al espíritu absurdo, unos escaloraron más allá que otros sobre la jerarquía de la cobardía (recordemos que el espíritu absurdo es tan temerario que no lo es: es indiferente y le da la cara a todo; lo enfrenta todo de frente), y a su vez, todos siempre tuvieron la esperanza puesta sobre alguna escapatoria, y aquí el lío, escapar; distinto a no tener una esperanza que da la cara a los hombres como podría suponer un espíritu que lucha indiferente por el mundo (por la humanidad) pero que al final lucha por él. En resumen, los que lucharon por los hombres siempre tenían aparte del consuelo altruista, el consuelo en alguna escapatoria, como la muerte, la absolución de la muerte en el cadalso, irse a un puesto de ejecución militante distinto, y los enemigos: Dios y el perdón, o su avaricia penitenciaria. Pero quizás hablar de esto sea distraer del tópico de la obra, la Justicia (aunque con su evidente intersección). El protagonista, un filántropo socialista, en la revolución al cual pertenece, acepta su muerte inminente al él matar (exclusivamente a lo injusto), y el único consuelo y pago que ve viable, es su muerte (¿por parte del mismo sistema que pretendió asesinar? No, solo su muerte). El que ama a la vida, ama a lo vivos, naturalmente con el deber de acompañarlos en la vida que merece o en la muerte que debe. Pregunta exquisita que hace Camus aquí, ¿el amor está por encima de la justicia? Dora nos responde.