¿Es normal plantearte estudiar un idioma solo para poder leer un libro y no tener que esperar un año a que salga traducido? Porque eso es lo que me pasa con Cristina Cassar Scalia y su serie de la Subcomisaria Vanina Garrasi. Con solo tres entregas publicadas hasta la fecha (en castellano), se ha convertido en una de mis series de novela negra favoritas, y espero con ansias la publicación de cada nuevo caso (aunque luego la lectura me dure un suspiro 😅). ¡Volver a Catania siempre es un placer!
Esteban Torres, un hombre nacido en Cuba, residente en Suiza, y con doble nacionalidad estadounidense e italiana, aparece muerto dentro de su coche en el aeropuerto de Catania con un disparo a bocajarro. Los rumores dicen que tenía relaciones con la mafia y estaba implicado en actividades un tanto turbias. La investigación no avanza hasta que en el pozo del jardín de un hotel de Taormina aparece el cadáver de una mujer con la que Esteban tenía relación. Vanina y su equipo, con la ayuda del comisario jubilado Biagio Patanè, sacarán a la luz secretos largo tiempo enterrados, al tiempo que se enfrenta a ciertos asuntos de su propio pasado.
Si por algo me gusta especialmente esta serie es por ese regusto que tiene a las novelas policiacas clásicas. Se aleja de tiros, persecuciones y, en definitiva, todos esos fuegos de artificio que emplean en la actualidad muchas de las novelas del género para atrapar al lector, para centrarse exclusivamente en el misterio y los personajes que orbitan a su alrededor, ya sean policías o sospechosos.
Llegué a la serie por el intrigante misterio que planteaba en su primera entrega, pero si me he quedado ha sido definitivamente por sus personajes. Del primero al último, sin excepción, tienen un ‘algo’ que hace que volver a ellos sea como un reencuentro con un grupo de viejos amigos. Mientras que en las primeras entregas podía resultar un poco confuso distinguir a algunos de los miembros del equipo de Vanina, ahora están todos perfectamente perfilados y cada vez van ganando más relevancia en las tramas.
Vanina no puede dejar atrás su pasado por más que lo intenta. Toda la determinación y fortaleza que demuestra en el terreno profesional se transforma en dudas e inseguridades en lo personal. El desenlace nos deja con un cliffhanger que guarda relación con ese pasado y que ha multiplicado por mil mis ganas de leer la cuarta entrega de la serie.
Una vez más sigo sintiendo debilidad por Patanè. No puedo evitar una sonrisa cada vez que aparece en escena. Lo entrañable de su relación con Vanina y el resto del equipo y ese rifirrafe con su mujer respecto a su colaboración con la policía son de mis partes favoritas de la historia.
El estilo resulta de lo más asequible e invita a pasar páginas sin parar. Vanina tiene ese punto de ironía y mala leche que hace que los diálogos resulten una auténtica delicia. La ambientación en tierras sicilianas y, sobre todo, las descripciones de parte de su gastronomía, han colocado a Sicilia en mi lista de destinos pendientes. ¿Quién no querría a una vecina como Bettina? 😅
El misterio en esta ocasión no me resultó tan interesante como en las dos entregas anteriores, pero ¡es que el listón estaba muy alto! Esta vez también es prácticamente imposible para el lector averiguar quién es el culpable, ya que no dispone de la información clave que permitiría descubrirlo hasta el mismo momento en que lo descubre la policía. Pero se le puede perdonar por esos dos giros finales (uno un poco telenovelesco, pero bueno) que nos dejan con ganas de más Vanina Garrisi.
Lectura ideal para fans de la novela negra italiana, y, si aún no lo sois, estoy convencido que una vez que conozcáis a Vanina & cía, os convertiréis sin remedio. ¡Larga vida a Vanina Garrisi!